La tragedia rodea a rehenes
El cautiverio de Rojas y Betancourt comenzó el mismo día, el 23 de febrero de 2002, cuando realizaban una gira de la campaña por la presidencia de esta última, en una carretera del departamento del Caquetá. Aunque el comando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas) que las interceptó sólo pretendía secuestrar a Betancourt, Rojas -que era su jefe de debate- se ofreció para acompañarla. Betancourt, hija de una familia de políticos y educada en Francia, había sido parlamentaria por el partido Liberal antes de fundar su propio partido Oxígeno. Su secuestro generó una amplia campaña internacional liderada por su familia y por el gobierno francés, mientras que la suerte de otros rehenes obtuvo menos repercusión afuera de Colombia. Las FARC han propuesto intercambiar al menos a 45 rehenes por 500 rebeldes presos. Rojas fue madre en cautiverio de Emmanuel, a quien concibió con uno de sus captores, según se reveló en 2006. Hasta diciembre, las FARC habían anunciado que entregarían a ambos, pero el viernes reconocieron que Emmanuel era un niño al que el gobierno colombiano halló en un albergue para menores desprotegidos en Bogotá.
«Espero con emoción el momento en que Emmanuel y Clarita se puedan abrazar», dijo este jueves el hermano de esta última Iván Rojas. Por su parte, González y Polanco son ambas congresistas por el departamento colombiano de Huila, y sus plagios han dado lugar a sendas tragedias familiares. González, secuestrada el 10 setiembre de 2001, perdió a su esposo –quien murió de infarto en 2005– y se convirtió en abuela mientras estaba en cautiverio.
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