Operativo humanitario de Cruz Roja. La liberación se realizó en la selva de Guaviare, en el sureste colombiano

Rehenes liberadas por las FARC se reencontraron con sus familias

Poco después, el presidente Hugo Chávez las recibió con honores militares debajo de dos grandes banderas de Colombia y Venezuela en el palacio presidencial de Miraflores, donde fueron entonados los himnos de los dos países.

Al bajar del avión en el que llegaron desde la frontera con Colombia, Consuelo González, de 57 años, fue abrazada entre lágrimas por sus hijas Patricia y María Fernanda Perdomo, quienes la esperaban junto a su nieta de dos años, que no conocía.

Rojas, de 44, besó una y otra vez a su madre, Clara González, de 76, una anciana elegante que se desplazó hasta la escalerilla del avión con un andador.

La ex parlamentaria Consuelo González tomó en brazos a su nieta y dijo: «esto es como volver a vivir. A veces pienso que es un sueño».

Luego, las dos familias se abrazaron y besaron mutuamente.

Los familiares de González llevaban camisetas blancas con la inscripción en letras negras «Libertad para todos ya».

Rojas, secuestrada en febrero de 2002 junto a su amiga y compañera de fórmula presidencial Ingrid Betancourt, debe buscar en Colombia a su hijo Emmanuel, de tres años y medio, del que fue separada cuando tenía 11 meses y que se encuentra en un albergue estatal en Bogotá.

Emmanuel, fruto de una relación consentida con un guerrillero, fue ubicado por las autoridades colombianas a fines de diciembre, cuando se postergaba la liberación de los rehenes. Las FARC habían anunciado también que liberarían al pequeño.

Pruebas de ADN indicaron una alta probabilidad de que fuera su hijo, lo que fue confirmado posteriormente por las FARC.

Las dos mujeres, que lucían radiantes y en buena forma física, fueron liberadas en la selva del Guaviare, sureste de Colombia, por una patrulla de la FARC integrada por media docena de guerrilleros con uniformes de camuflage, incluidas dos mujeres.

Rojas y González fueron entregadas al ministro del Interior venezolano, Ramón Rodríguez Chacín, a un representante de la Cruz Roja Internacional (CICR), a la senadora colombiana Piedad Córdoba y al embajador cubano en Caracas, Germán Sánchez Otero, que llegaron en dos helicópteros venezolanos.

Antes de subir a los helicópteros que las recogieron en la selva, las dos mujeres se despidieron de los guerilleros con besos a las mujeres y apretones de mano a los hombres, según las imágenes tomadas por el equipo de la televisora multiestatal venezolana Telesur que cubrió con exclusividad la liberación.

En el aeropuerto venezolano de Santo Domingo (650 km al suroeste de Caracas), la comitiva humanitaria con las dos liberadas cambiaron los helicópteros por aviones Falcon.

Las FARC anunciaron esta liberación como un gesto de «desagravio» a las familias, a Chávez y a Córdoba, luego de que éstos dos fueran cesados por el presidente colombiano, Alvaro Uribe, como mediadores de un canje de rehenes por guerrilleros presos al que aspiran desde hace cinco años las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Venezuela organizó una misión para buscar a las rehenes en Colombia, bajo la égida de la Cruz Roja y con apoyo de siete países, que comenzó el 27 de diciembre y fue suspendida el 31 de diciembre.

Chávez y Córdoba consideraron a esta liberación como un primer paso a otras liberaciones y un proceso de paz en Colombia.

 

CLARA ROJAS NO SABE NADA

Clara Rojas, una de las dos rehenes liberadas ayer jueves por la guerrilla de las FARC, dijo que desde hace tres años no sabe nada de la colombo-francesa Ingrid Betancourt, con la que había sido secuestrada en febrero de 2002.

«De Ingrid no tengo idea hace tres años», dijo Rojas en declaraciones telefónicas a la privada radio Caracol desde el aeropuerto Maiquetía de Caracas, adonde llegó junto con Consuelo González, la otra rehén liberada.

Rojas agregó que fue separada de Betancourt «por razones de seguridad».

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