Leni Riefenstahl, amiga de Hitler y fósil del nazismo alemán
Leni Riefenstahl se convirtió, con sus películas, en principal propagandista del nazismo que había llegado al poder en 1933, para llevar a la práctica mediante la dictadura más terrorista que conociera la historia moderna, la política de conquista de mercados para el gran capital financiero-industrial de Alemania.
¿Acaso no sabía Leni Riefenstahl, que sus filmes sobre la Olimpíada de 1936 y anteriormente, en 1934, el «Triunfo de la voluntad» –en el cual elevó los llamados Congresos de Nuremberg y la figura de Hitler a un nivel de apoteosis– se convirtieron en un apoyo a un criminal y demagogo, responsable directo del genocidio más grande de nuestra época? Toda esta mencionada y festejada grandiosidad de los nazis, que la Riefenstahl supo captar en sus filmes, eran parte del escenario de embaucamiento del sistema, cuyo fin era, por un lado, asignar a la raza aria un papel casi divino de dominio del mundo, y por otro el aniquilamiento despiadado del pensamiento humanista no sólo en Alemania sino en todo el mundo.
No otra cosa eran los Congresos de Nuremberg, donde predominaban los uniformes y las botas, y los discursos histéricos de Adolfo Hitler y nada más. De ahí a las cámaras de gas, a los llamados tribunales del pueblo que condenaron a muerte a miles de marxistas, católicos y socialdemócratas, distaban unos pocos metros. Nadie puede creer que la Riefenstahl no supiera que ya entonces existía la «solución final» para exterminar a los judíos en Alemania, que desconociera los planes de ocupación de Austria y parte de Checoslovaquia y más tarde la invasión de Polonia, como primer paso de la segunda guerra mundial, con consecuencias tan trágicas para la humanidad.
Leni Riefenstahl sirvió con su arte cinematográfico a estos fines genocidas, al punto tal que luego de la guerra fue condenada por un tribunal norteamericano-francés a tres años de prisión, que no cumplió plenamente, seguramente por contar ya entonces con influencias políticas, que hoy la promueven de nuevo. Cuando necesitó masas humanas para sus películas, no vaciló en usar gitanos perseguidos por los nazis, que luego fueron deportados y asesinados. ¿Qué duda puede caber, que puso su «arte» al servicio del partido nacional socialista alemán?
La anciana se ocupó últimamente de fotografiar negros africanos, ya que de algo tiene que vivir. Nuevamente estiliza, según calificados críticos, el cuerpo humano, como hizo en sus filmes de la época nazi, promoviendo ayer como hoy el racismo, que pretendió con los resultados conocidos, cultivar el físico uniéndolo disparatadamente al nacionalismo nazi.
Dos cosas finales: Leni Riefenstahl cuenta con admiradores entre cineastas en los EEUU, donde Jodie Foster quiere hacer una película sobre ella, que choca, por suerte, con una fuerte oposición. La sobreviviente del Holocausto, por ejemplo, Renée Firestone, protestó: «Será una fantástica directora, pero sus películas son criminales en la misma medida que los actos cometidos por los nazis».
En la nota de «El País», que mencionamos al principio, se compara el papel siniestro jugado por Riefenstahl con el de Sergio Eisenstein, productor del «Acorazado Potemkin», «Alejandro Nevski» y «Pedro el Grande». Nos parece realmente disparatado, más allá de la problemática soviética, esta comparación absolutamente fuera de lugar.
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