El día que asesinaron a JFK
Kennedy se encontraba aquel día de visita electoral en Dallas, con la mirada puesta en los comicios del año siguiente, en los que aspiraba a la reelección. Para atravesar la ciudad tejana, tomó una limusina descapotable junto a su esposa, Jacqueline.
Cuando a las 12h30 del mediodía pasaban por la calle Elm, en pleno centro el automóvil presidencial, un proyectil destroza la parte trasera del cráneo de Kennedy, que muere en el acto.
La noticia conmociona al mundo y los mil días de su presidencia se convierten de inmediato en unos de los mitos de la era contemporánea.
A primera vista, la trayectoria del presidente más joven de la historia de Estados Unidos lo tiene todo para seducir. Nacido en Boston el 29 de mayo de 1917, en una rica familia católica de origen irlandés, graduado en la elitista Universidad de Harvard, el joven John se distingue como oficial de la Marina en la Segunda Guerra Mundial, en la que es herido durante unos combates en el océano Pacífico.
Cuando el 8 de noviembre de 1960 gana la presidencia por 115.000 votos al entonces vicepresidente, el republicano Richard Nixon, Kennedy se rodea de un grupo de hombres jóvenes y dinámicos con quienes aplicar su programa de conquista de una «nueva frontera».
En la educación, la asistencia a los ancianos, la igualdad de derechos civiles para las personas de raza negra, la ayuda a los países subdesarrollados y la aventura del espacio.
A los ojos del mundo, es el dirigente que decidió enviar un hombre a la Luna (prometió que se llegaría a ella durante la década de los 60, como así ocurrió en 1969) y que plantó cara a la Unión Soviética durante la crisis de los misiles en Cuba, en 1962, cuando muchos temieron el estallido de la Tercera Guerra Mundial.
Con Jacqueline formó una pareja de ensueño que fascinó a las jóvenes occidentales. Hombre profundamente moral y honesto, entregado a su patria, buen hijo, mejor padre y amante esposo: así aparecía JFK en los homenajes que se le rindieron después de su asesinato. Casi 40 años después, el mito pervive y Kennedy continúa siendo uno de los presidentes norteamericanos más queridos.
La cara oculta del presidente
Pero la leyenda ha sufrido el embate de historiadores y periodistas que fueron más allá de la hagiografía habitual entre sus simpatizantes para indagar en la cara oculta de Kennedy.
El retrato que éstos esbozaron es el de un personaje sin escrúpulos, obseso sexual y cuyos vínculos con la mafia no ofrecen ninguna duda. Antiguos miembros de los servicios secretos o personas cercanas al presidente cuentan de sus aventuras extraconyugales con numerosas mujeres.
La más conocida de ellas, la actriz Marilyn Monroe. Entre las otras, Judith Campbell Exner, una amante que compartió nada menos que con el mafioso Sam Giancana. Este jefe del crimen organizado de Chicago afirmó en 1991 que sirvió de intermediario a Kennedy, entregando a la mafia maletines repletos de dinero o informaciones sobre Cuba.
Sin embargo, tales revelaciones no han mancillado en exceso la memoria del presidente entre la opinión pública, que parece albergar una cierta necesidad de creer en la leyenda de JFK.
Y es que las circunstancias misteriosas de su muerte han contribuido notablemente a cimentarla. En setiembre de 1964, la conclusión de la investigación oficial (el informe de la Comisión Warren) fue que al presidente lo asesinó Lee Harvey Oswald disparándole con un rifle desde el sexto piso del almacén de libros de la calle Elm aquella mañana de noviembre del ’63.
Este dictamen fue cuestionado por varios investigadores y por un comité del mismo Senado en 1976, y refutado por un informe de una comisión especial de la Cámara de Representantes, que admitió la existencia de un complot para matar al presidente y exigió al Departamento de Justicia una investigación, que éste abrió en enero de 1980. Nada se sabe aún qué ha ocurrido con ella.
¿Fue Kennedy víctima de una conspiración de la CIA y la industria del armamento por su propósito de reducir la tensión de la guerra fría y salir de Vietnam, como asegura el fiscal Jim Garrison en su libro «JFK. Tras la pista de los asesinos», en que el cineasta Oliver Stone basó su famosa película de 1991 «JFK»?
¿O lo mató la mafia, alarmada por los planes contra ella que supuestamente preparaba el gobierno? ¿O alguno de los dos colectivos anteriores ayudado por el exilio cubano radical, enojado por el frustrado intento de invasión de Cuba en Bahía de Cochinos (1961) y la creencia de que Kennedy no les ayudaría a terminar con Fidel Castro? ¿O acaso el servicio secreto soviético, el KGB?
El misterio ha suscitado cientos de polémicas. Y otros tantos libros, programas de televisión y películas han nutrido un mito que todavía escapa a un análisis histórico desapasionado.
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