Espían a Ibarra hasta cuando va al baño
Por Isidoro Gilbert
Un equipo técnico especializado en rastrear elementos de espionaje, detectó en el escritorio de Ibarra dos pequeños micrófonos –del tamaño de un botón– ocultos y activados a través de la corriente telefónica.
En los últimos años varios políticos denunciaron ser víctimas de escuchas telefónicas ilegales, pero hasta ahora nunca se habían detectado micrófonos activos, ni una instalación para cámaras ocultas dentro de un despacho oficial de peso. ¿Quién lo hizo?
El trabajo de la colocación de los micrófonos –en esto no habría dudas– fue a primera vista un trabajo profesional que sólo pudo haberse hecho con algún tipo de complicidad dentro del edificio. No se usaron micrófonos inalámbricos, lo que sería más sencillo, sino que se armó un circuito de cables que recorría todo el despacho del frepasista Ibarra, incluso a una sala contigua, y privada, donde hay una cama para su descanso y armarios. ¿Quién quiso filmarlo durmiendo? ¿O esperaban encartarlo con alguna damisela?.
El cableado, de unos veinte metros de largo, recorría el lugar por debajo de la alfombra gris, detrás de la «boisserie» del despacho o por entre los zócalos. Esto, eventualmente, les permitía a los espías cambiar los micrófonos de lugar a lo largo de toda la instalación.
Algo similar se hizo con el sistema para las cámaras ocultas. Los técnicos que hicieron la inspección, una agencia privada, dijeron que el transformador que encontraron en el zócalo de la puerta del despacho de Ibarra se conectaba a un circuito, también de cables, que iba hacia el lugar de trabajo de Ibarra y hacia el segundo piso, donde está la oficina de la vicejefa del Gobierno porteño, la radical Cecilia Felgueras.
¿Quiénes son los impunes?
En ningún momento Ibarra llamó a la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado), que se supone que hace este tipo de «barridos» contra micrófonos, ni tampoco le avisó al jefe de ese organismo, Carlos Becerra, una vez que supo que era espiado. ¿Desconfiado? Es posible, porque no hay muchas probabilidades para un grupo operativo: o responde a una intriga motorizada por sus enemigos políticos o corporativos o la faena está realizada por «services» expertos, en actividad o en la tanda de cesanteados por la actual administración que se han llevado tecnología sofisticada a su casa. O conoce como usarla, ya que en plena calle Florida, es posible comprar este tipo de escuchas y videos sofisticados. En todo caso, gozan de una impunidad llamativa. ¿Hay doble poder?
De acuerdo a los técnicos, la recepción de lo captado por los micrófonos podía hacerse desde adentro de la Municipalidad, pero también desde afuera. Ocurre que los micrófonos, ocultos detrás de la manija de dos cajones, estaban conectados a la red telefónica del edificio.
El presidente Fernando de la Rúa, cuando ocupaba el cargo de Ibarra –hasta mediados del 99– varias veces ordenó «barrer» ese mismo despacho en busca de elementos intrusos. Incluso llegó a denunciar que tenía sus teléfonos intervenidos y se hizo poner una «línea roja», supuestamente encriptada e invulnerable.
Ibarra ya había denunciado ser víctima de espionaje en 1998, cuando era diputado porteño, y se presentó ante la Justicia diciendo que alguien le tenía intervenido el teléfono celular. Pero aquello quedó en la nada. Ayer la reiteró por este nuevo episodio.
Tampoco es esta la primera vez para los hombres de la Alianza en el actual gobierno, ya que al menos dos altos funcionarios hicieron pública su convicción de que eran perseguidos.
Primero fue el ministro de Economía, José Luis Machinea, que en noviembre del 99 denunció escuchas sobre su celular y el teléfono de su despacho. Varios meses después, quien era vicepresidente, Carlos «Chacho» Alvarez, acusó a la SIDE de espiarlo y de divulgar información falsa sobre su vida privada. Las pruebas: nadie parece estar demasiado a salvo.
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