Francia procesó por asesinato de españoles a dos etarras
Asier Bengoa López de Armentia, de 31 años, y Saioa Sánchez Iturregi, de 26, que según la fiscalía de París admitieron su militancia en ETA, están acusados de una decena de cargos, entre ellos «asesinato de personas depositarias de la autoridad pública», «asociación de malhechores», «tentativa de robo a mano armada», «secuestro inferior a siete días» y posesión de armas y documentos falsos, todo ello en relación con actividades terroristas, según esta fuente.
Si son declarados culpables de esos cargos, se enfrentan a la condena de «cadena perpetua» con una reclusión efectiva de al menos 30 años.
Los dos etarras fueron presentados a mediodía a la fiscalía antiterrorista de París y se decidió ponerlos en prisión provisional.
El ministerio público ordenó la apertura de una instrucción judicial contra ellos y el tercer etarra sospechoso del asesinato, que no ha sido detenido aún, por el asesinato de los guardias civiles Raúl Centeno, de 24 años, y Fernando Trapero, de 23, que participaban en una misión de vigilancia en Francia.
El caso será instruido por las juezas Laurence Le Vert y Marie-Antoinette Houyvet.
La pareja fue detenida el miércoles en Lozere, en el sur de Francia, y relacionada con un intento de robar un vehículo. Un testigo que logró ahuyentarles informó de que ambos sospechosos, que hablaban con acento español, habían huido en un coche modelo Renault Clio de color verde.
En este vehículo, localizado después, los investigadores descubrieron 142 casquillos que pertenecían a dos armas, una con la que se perpetró el asesinato de los guardias civiles y la otra que estaba en esos momentos en posesión de la pareja.Estos elementos permitieron relacionar a Bengoa y Sánchez Iturregi con los crímenes de Capbreton, según la fiscalía. Además, los investigadores habían establecido que el ADN de Asier Bengoa era similar al de un cepillo de dientes hallado en el primer vehículo que abandonó el comando.
En el caso de Saioa Sánchez, los investigadores se apoyaron en la descripción proporcionada por los testigos del asesinato, explicó el fiscal jefe de París, Jean-Claude Marin.
El delito de secuestro mencionado por el ministerio público tiene que ver con la breve retención de una mujer para robarle su coche poco después de matar a los guardias civiles.
Los dos agentes fueron ejecutados en su coche en el aparcamiento de una cafetería de Capbreton.
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