Teología de la Liberación. Carlos Sergio Méndez Arceo, un obispo mexicano comprometido con los pobres y excluidos

El profeta de los oprimidos del siglo XXI

Tal es, en síntesis, la evaluación que otros tres obispos, también militantes de la opción preferencial por los pobres ­Samuel Ruiz, Arturo Lona y Raúl Vera­ hacen de una de las principales figuras eclesiásticas que alentaron el movimiento de solidaridad en América Latina, Carlos Sergio Méndez Arceo, nacido el 28 de octubre de 1907 y muerto el 6 de febrero de 1992.

Fiel a su misión hasta los últimos días de su vida, Méndez Arceo trataba en dichas misivas una de sus máximas preocupaciones de entonces: la paz que el gobierno y la guerrilla de El Salvador habían firmado en México, en el Castillo de Chapultepec.

Y se dirigían, una, al presidente de El Salvador, Afredo Cristiani; otra al arzobispo de San Salvador, Arturo Rivera y Damas, y una más al comandante Shafik Handal, de la guerrilla salvadoreña. (Proceso 797, 10 de febrero de 1992).

El obispo emérito Samuel Ritz, el ex pastor de San Cristóbal de las Casas, precisa que el prelado que durante 30 años encabezó la diócesis de Cuernavaca se anticipó al menos una década al Concilio Vaticano II, como puede observarse en «la memorable renovación litúrgica» que emprendió en la capital del estado de Morelos.

Entrevistado en la ciudad de Monterrey con motivo del próximo centenario del nacimiento de Sergio Méndez Arceo, Samuel Ruiz afirma que ese documento y las homilías recopiladas son las herencia del sacerdote no sólo para dicha demarcación, sino para toda América Latina, y su espíritu quedó plasmado en la gran reforma de la Iglesia que emprendió el papa Juan XXIII en 1962 y culminó en 1995 bajo el papado de Paulo VI.

Durante una pausa que se produce en el Encuentro Mundial Interreligioso, convocado por el Parlamento Mundial de las Religiones, y en el cual el hoy obispo emérito cumplió una apretada agenda de cuatro días, Samuel Ruiz manifiesta que es optimista en torno a la continuación y desarrollo del pensamiento de Méndez Arceo sobre la opción preferencial por los pobres y la distancia de los poderes terrenales.

Como Méndez Arceo, Samuel Ruiz es considerado uno de los más representativos teólogos de la liberación que, no pocas veces perseguidos, torturados y proscritos, han basado su proceder en los documentos emanados de las conferencias episcopales de Puebla, Medellín y Santo Domingo, e inclusive de Aparecida, celebrada a principios del presente año.

Al respecto, dice Ruiz: «Cuando la acción pastoral y el pensamiento no son individuales, sino relacionados con el Concilio Vaticano II y los documentos que emanaron de él, forman parte de un movimiento de la Iglesia, no de un propósito personal, y trascienden las situaciones determinadas.

«La posición oficial no puede dejar a un lado ­lo vimos en Aparecida­ lo que es fundamental para Dios y la Iglesia: la opción por los pobres y el trabajo contra la pobreza. El pensamiento de don Sergio sigue ahí en las obras que se han recolectado, particularmente sus homilías, que son su pensamiento vivo.»

Ordenado sacerdote en 1939, Méndez Arceo obtuvo en Roma el grado de doctor en Historia, materia que impartió en el Centro Cultural Hidalgo ­convertido después en la Universidad Iberoamericana­ y que incorporó a la misión pastoral desarrollada desde la diócesis de Cuernavaca, a la cual llegó el 30 de abril de 1952.

Comenzaron allí las transformaciones litúrgicas ­como incorporar los mariachis a la misa­ y de los mensajes pastorales que habrían de distinguirlo el resto de su vida, como aquel sermón de 1968 en el que dijo:

«Me hace hervir la sangre la mentira, la deformación de la verdad, la ocultación de los hechos, la autocensura del cobarde, la venalidad, la miopía de casi todos los medios de comunicación. Me indigna el aferramiento a sus riquezas, el ansia de poder, la ceguera afectada, el olvido de la historia, los pretextos de la salvaguardia del orden, la pantalla del progreso y del auge económico…»

En un reciente artículo publicado en Proceso 1614 por Enrique Maza, quien tuvo una estrecha relación con Méndez Arceo, se dice que don Sergio «fue elegido miembro del Tribunal Permanente para los Pueblos por su sabiduría, por sus conocimientos de historia, por sus perspectivas éticas, por su autoridad religiosa y por su compromiso con las causas de los pobres».

Y respecto a las transformaciones en que Méndez Arceo siempre se empeñó, Enrique Maza recordó que él «sabía que nunca hay un cambio milagroso de los corazones y que cada generación puede dar solamente un paso».

 

Ratzinger debe aprender…

Raúl Vera López, quien fue coadjutor de Samuel Ruiz en la intensa labor eclesiástica y social que éste cumplió en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, reconoce en entrevista:

«Personas como don Sergio y don Samuel se han distinguido por una gran valentía y por un compromiso impresionante con su pueblo. Las grandes preocupaciones que don Sergio mantuvo en su vida situaron de manera espléndida a la Iglesia en el centro de la historia. Dejó una escuela que sigue viva, porque mantuvo un diálogo permanente con el mundo.»

El obispo de Saltillo rechaza así que haya desaparecido esa corriente teológica, a pesar de las tendencias conservadoras que se perciben en el alto clero. «Donde están los pobres, está la acción redentora de Cristo. Para realizar un mundo nuevo, la Iglesia tiene que evangelizar a los pobres. Si no lo hacemos, seremos juzgados de manera muy dura.

«Decía San Pablo: No todos los que dicen ser Iglesia son Iglesia. Después del Concilio Vaticano II, el día de hoy la decisión de entregar el Reino de Dios a los pobres no tiene discusión y ya no puede haber corrientes que quieran ocultar eso. Los poderosos que aplastan y los ricos que acumulan no tienen cabida, no pasan por el Evangelio… Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja…».

Al preguntarle si es posible darle continuidad a la Iglesia de los pobres bajo el papado de Joseph Ratzigner ­quien a partir de 1981 presidió la inquisitorial Congregación para la Doctrina de la Fe­, Raúl Vera señala que el pontífice ya no es más «el portero de la Iglesia» y que en su juventud inclusive aportó «grandes talentos a la reforma» del Concilio Vaticano II. Coincide con Raúl Vera el obispo emérito Samuel Ruiz, a quien se le cuestiona si podría conseguir la opción por los pobres bajo un papa como Ratzinger. «Sí, porque (la opción por los pobres) emana del Evangelio», responde.

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