OPINION INTERNACIONAL

Dos patrias y un destino común

Eso originó réplicas y contrarréplicas entre los dos mandatarios, tensó la situación entre ambos países y emponzoñó el clima político por efecto del llamado «belicismo mediático» desde Colombia. No puede servir para justificar la medida extemporánea de Uribe una conversación telefónica de Chávez con el comandante del Ejército colombiano, general Mario Montoya, cuando ya se habían dado pasos significativos para avanzar hacia una solución positiva. Es más: «El pretexto alegado dejó en claro las presiones de los mandos militares y los cálculos del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos para interponerse al avance positivo de las gestiones mediadoras». Es lo que dice una declaración del día 26 del PC colombiano, integrante del Polo Democrático Alternativo (PDA) y cuyo secretario general, Jaime Caycedo, acaba de ser electo concejal de Bogotá en los comicios en los que el PDA volvió a conquistar la alcaldía de la capital. Precisamente Caycedo acaba de publicar (octubre de 2007) un valioso libro titulado «Colombia en la hora latinoamericana» que en su primera parte se refiere especialmente a «El Plan Colombia en la globalización imperial». A su juicio este instrumento, que es una ley estadounidense aprobada por el Congreso en junio de 2000 y aplicada desde entonces sin pausa, integra a la vez el sistema de dominación imperial del gobierno de Estados Unidos y los intereses del bloque de poder en Colombia. Y esto mal puede encubrirse en el pretexto de la lucha contra el narcotráfico. Como bien dice el autor, ésta » ha sido una excusa para interferir la vida colombiana y los procesos de cambio en curso en América Latina». Y más adelante: «La fracción mafiosa dominante de la burguesía colombiana decidió unir su destino a la alianza estratégica con el imperio. El Plan Colombia ha sido el instrumento político-militar del intervencionismo en el país y la región subcontinental andino-amazónica». Tal es el trasfondo del exabrupto de Uribe, que cortó las gestiones bien encaminadas por Chávez y Piedad Córdoba. Por otra parte, las invocaciones a la lucha contra el narcotráfico por parte de Uribe quedan desvirtuadas porque se han comprobado por múltiples vías, incluso las declaraciones ante la Fiscalía de los jefes paramilitares, los vínculos estrechos de su gobierno, de legisladores y gobernantes de su entorno, de los jefes de servicios de Inteligencia y de los mandos militares (un buen lote de los cuales está detrás de las rejas) con las bandas asesinas de los «paracos», que a su vez funcionaban en contubernio con los capos del narcotráfico, configurando lo que se ha denominado la narcoparapolítica. Son estas fuerzas, en particular su componente militar, las que hicieron presión para que se desbarataran las gestiones a favor del canje humanitario. Uribe cerró la puerta a ésta y a las siguientes mediaciones. La ríspida confrontación que mantienen él y Chávez tendrá repercusiones.

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