Uno de los hombres que hicieron la historia del siglo XX

Recuerdos de Vietnam y del "tío Ho"

Algunas de las referencias (artículos, fotos) se perdieron porque mi primera biblioteca fue requisada por la dictadura. Para otras habrá que volver a la colección de El Popular. Por suerte la Fundación Rodney Arismendi ha digitalizado la colección de la revista Estudios desde su inicio hasta el Nº 104, bajo la dirección de Arismendi hasta su muerte en diciembre de 1989.

 

De Moscú a Hanoi

Lo que me quedó grabado de la primera conversación con Ho Chi Minh en el Kremlin, durante un Congreso del PCUS, fue su sencillez y su trato fraternal, afectuoso. Vestía el atuendo blanco típico y calzaba sandalias. Montevideo fue una de las escalas de sus viajes en la marina mercante, y describió la forma en que el Cerro dominaba la amplia bahía. Había estado en el Congreso de Tours de fundación del Partido Comunista francés en 1920, y se había conmovido con el llamado de Lenin a los pueblos coloniales y dependientes para incorporarse a la lucha por la liberación de la humanidad, contra el imperialismo, el colonialismo y la guerra. Lo asumió como su misión. Fundó el PC de Indochina en 1930, que se ramificó luego para Vietnam, Laos y Camboya; y en 1941 el Viet Minh, Frente de la Patria, para liberar al país de la ocupación japonesa. Fue un preso del colonialismo francés, durante largos períodos arrastró sus grilletes en las cárceles y por los caminos, escribió poesía entre rejas, jugaba al ajedrez (varios parecidos con el Che), y en un poema dice que un peón puede ganar una batalla decisiva. Durante la segunda guerra mundial contribuyó decisivamente a unir y armar al pueblo para expulsar a los japoneses, llamó a la insurrección general en 1945, y a su culminación victoriosa fue proclamada la independencia en la Plaza Ba Dinh de Hanoi el 2 de setiembre, fecha nacional. Algo de todo eso me contó en el Kremlin. Con extrema modestia, atribuyendo los éxitos a su partido, esencialmente por haber sabido unir a todo el pueblo en la lucha por la independencia y el socialismo. Esa es la mayor enseñanza de su larga lucha, que debería enfrentar después más duras pruebas. Primero contra los colonialistas franceses, que vinieron por la vuelta. En la batalla de Dien Bien Phu (1954) fueron derrotados definitivamente. Años después tuve el privilegio de que el mítico general Vo Nguyen Giap (¿se habrá entrevistado con él Tabaré Vázquez?) me explicara ante una maquette gigante los pormenores de esta batalla, un prodigio acometido por un ejército de pueblo en armas. El general francés De Castries fue tapa de la revista Time cuando se entrega mientras sus oficiales huyen en helicóptero. Después los imperialistas norteamericanos procuraron sustituir a los franceses, ocuparon militarmente el sur, fraguaron la provocación del Golfo de Tonkin en 1965 y desataron una de las guerras más cruentas de la historia.

 

Vietnam bajo las bombas

Vietnam los enfrentó una vez más. Ese pueblo había vivido siempre con el arma al brazo. Sobre el país se arrojaron más bombas que durante toda la segunda guerra mundial, además de armas químicas y bacteriológicas. El gas naranja y los defoliantes causaron millones de víctimas. Tabaré Vázquez pudo comprobar sus efectos mortíferos en sus visitas a hospitales que aún hoy siguen atendiendo a esos pacientes. El arrasamiento de la aldea de My Lai fue un ejemplo de genocidio al estilo nazi. Cuando yo llegué a Hanoi en 1965, la guerra estaba en pleno furor.

Sin embargo, el presidente Ho Chi Minh y el gobierno no se habían movido de Hanoi, protegido por una red de antiaéreas. Ahí lo volví a ver. Sereno, me concedió la entrevista, que fue breve, recogió las preguntas y me hizo llegar las respuestas por escrito. Están publicadas en El Popular, junto a un conjunto de notas sobre mi visión de Vietnam en guerra.

Yo había llegado allí después de visitar Corea del Norte junto a compañeros de la Asociación de la Prensa Uruguaya, y sorteando enormes dificultades que derivaban de la guerra y de la posición asumida por China. Después de muchas idas y venidas, alcancé mi objetivo. Me alojé en Hanoi en la antigua residencia del gobernador francés. Después recorrimos el país. Viajábamos de noche, con los faros apagados, por la ruta Nº 1, que pasó a llamarse Ho Chi Minh, de norte a sur. De noche, desde los aviones a 10 mil metros se ve la luz de un fósforo al encender un cigarrillo. Por eso las precauciones eran extremas. Vi los efectos de los bombardeos sobre los campos, que abrían cráteres del tamaño de una cancha de fútbol. Vi represas destruidas, puentes destrozados, un asilo de ancianos hecho trizas. Entrevisté brigadas de combatientes, de muchachas que servían a los artilleros (con una fuerza moral que multiplica la fuerza física, me dijeron), todos con la moral en alto. Llegamos hasta la gran ciudad puerto de Haiphong, cerca del paralelo 17º. O sea, la frontera de Vietnam del Sur ocupado por los yankis, con el Frente de Liberación de Vietnam del Sur, dirigido por el abogado Nguyen Huu Tho, reconquistando zonas del territorio, donde los cubanos habían instalado una embajada (creo que a cargo de Raúl Valdés Vivó) en plena selva. Los refugios antiaéreos cubrían todo el territorio, y daba tiempo de llegar hasta ellos desde que sonaba la alarma. Yo conocí varios, en plena noche. Me regalaron un anillo de aluminio, hecho con la carcaza de un avión yanki derribado.

Fue después de este periplo que mantuve la entrevista con Ho Chi Minh. En sus respuestas subrayaba la absoluta seguridad en la victoria de su justa causa y la unidad combatiente de todo el pueblo. Lucharemos diez, veinte años ­decía- pero al final conquistaremos la independencia y la libertad.

 

Ciudad Ho Chi Minh, la república socialista reunificada

Eso fue lo que ocurrió. Pero el «tío Ho» (como lo llamaban cariñosamente, destacando su amor por los niños, con los que reunía frecuentemente) no lo pudo ver. Murió en 1969, a los 79 años.

La lucha prosiguió. Hubo conversaciones para tratar de alcanzar la paz, facilitadas por el gobierno francés, en que incluso participó Henry Kisinger. Yo tuve ocasión de entrevistar a la delegación vietnamita que participaba en las mismas, encabezada por Nguyen Thi Binh, que más tarde fue canciller e incluso visitó Montevideo años después, invitada a un Congreso del PCU. La delegación se alojaba en Verrières-le- Buisson, que se sale del mapa de la periferia de París. EEUU ensayaba unas maniobras diversionistas que no engañaron a los vietnamitas. Estos alcanzaron la victoria en el campo de batalla. A fines de abril 1975 Saigón cayó en manos del ejército de liberación, la embajada norteamericana fue ocupada, los yankis huyeron en helicóptero desde la azotea, agarrándose de los pies de los que se habían ubicado (otra vez la tapa de Time), los aviones de guerra fueron tomados en tierra, y el 1º de Mayo desfilaban las tropas del ejército liberador por las calles de la rebautizada Ciudad Ho Chi Minh.

Volví a Hanoi en noviembre 1979 para una reunión del Comité Ejecutivo de la Organización Internacional de Periodistas, con sede en Praga. Conservo un jarrón que dice: «17è session du Comité Exécutif OIJ, Vietnam XI.79. Ya estaba plenamente reunificada la República Socialista de Vietnam. Volamos a la antigua Saigón, que había dejado de ser el antro de prostitución y drogas de la ocupación norteamericana. Cruzando el Mekong llegamos a Camboya. Pero esa es otra historia. *

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