La reducción del hambre y la pobreza en Brasil

Veíamos en nota anterior los resultados tangibles de las políticas sociales de los gobiernos de Lula en materia de reducción de la pobreza e indigencia, creación de millones de puestos de trabajo, aumento de salarios, del salario mínimo, del microcrédito y del crédito popular, mejoras del sistema de seguridad social, asentamiento de cientos de miles de familias por la reforma agraria, incentivos a la economía solidaria y al cooperativismo, la revolución educativa y la creación de nuevos derechos. Importan estas referencias cuando en Uruguay (en otras dimensiones, pero con rasgos comunes) se hace un balance de los resultados del PANES.

 

Un concepto de Celso Furtado

Un reportaje a Patrus Ananias, ministro de Desarrollo Social y Combate al Hambre, incluido en la revista Teoría e Debate que estamos comentando (ver nuestra nota del miércoles 14 «Brasil: la expansión de los derechos sociales»), destaca que desde 2004 a 2006, en cada año 6 millones de personas salieron de la línea de pobreza. Según él, la generación que despertó a la vida pública en los años 60 y 70, enfrentando a la dictadura y afirmando los valores de la democracia en una perspectiva de transformación social, podrá alcanzar la superación del hambre y la pobreza en Brasil.

En los años de los gobiernos Lula se han dado pasos importantes hacia la universalización de los sistemas de salud, cuyo presupuesto pasó de 28,3 a 49,7 mil millones de reales en 2007 (1,75 reales equivalen a 1 dólar). La cobertura de salud bucal, que alcanzaba en 2002 al 26,2% de la población, llega hoy al 77,6% de los brasileños e incorpora además atención especializada. La cobertura del programa de Salud Familiar subió de 54,9% en 2002 a 87,9% en 2007. El Servicio de atención móvil de urgencia, creado en 2002, al principio del gobierno, ya atiende 789 municipios con una población de 85 millones de personas. La tasa de mortalidad infantil cayó de 26,6 a 13 (por cada mil nacidos vivos) en 2006.

Como afirmara Celso Furtado, la superación del subdesarrollo es un proceso histórico que exige la movilización de una voluntad política y social equivalente a la reconstrucción de un país devastado por la guerra. Es lo que demuestra el análisis de varios programas vinculados al Ministerio de Desarrollo Social, que transfiere recursos a cerca de 40 millones de personas y cuyo presupuesto para 2008 se ampliará hasta alcanzar 28 mil millones de reales. En conjunto, durante los años del gobierno Lula se cuadruplicaron las transferencias de recursos para los más pobres. Dice el ya citado Juarez Guimarâes: «Por primera vez en la historia del país, el hambre se volvió una condición excepcional en la vida de los brasileños». Luego señala los resultados de la aplicación de un conjunto de planes sociales.

 

Más resultados concretos

Hasta fines de 2008 el programa Luz para Todos habrá universalizado el acceso a la energía eléctrica para todos los habitantes. En el medio rural, cerca de 10 millones de personas con ingresos inferiores a tres salarios mínimos estaban desprovistos de este beneficio elemental de civilización.

Este año se lanzó el mayor programa de Derechos Humanos y de seguridad (Pronasci) de la historia del país, volcado hacia 11 zonas metropolitanas evaluadas como las de mayor violencia. El programa prevé formar núcleos de justicia comunitaria, crear la infraestructura necesaria a la plena vigencia de una ley que castiga con mayor fuerza la violencia contra las mujeres, incentiva la formación de operadores en DDHH y asistencia a los presos. Prisiones especiales para jóvenes, volcadas a su calificación profesional, serán construidas para separarlos de las bandas de delincuentes.

Al identificar al 14,5% de la población como portadores de deficiencias físicas, la Secretaría de DDHH lanzó en setiembre un programa especial a su respecto, con inversiones en las áreas de la salud, educación, transporte y accesibilidad

Con el Ministerio de Desarrollo Agrario como principal promotor, se lanzó el programa Territorios de la Ciudadanía, identificando a las 120 zonas más pauperizadas del país, que suman 1.848 municipios. El programa concede beneficios sociales a 1,8 millones de pequeños agricultores, 500 mil asentados, 507 comunidades quilombolas y 350 territorios indígenas.

El Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC) prevé entre las inversiones en infraestructura social, 106 mil millones de reales en vivienda, lo que beneficiará a 4 millones de familias (el déficit habitacional es de 7,9 millones de viviendas, el 96% de las cuales en una franja de hasta 5 salarios mínimos). Está programada además una inversión de 40 mil millones de reales en saneamiento (agua, saneamiento y destino de la basura), lo que favorecerá a 22,5 millones de domicilios.

 

«Sin desterrados en su propia tierra»

La conclusión del trabajo, y del reportaje al ministro Ananias que lo sustenta, es la siguiente: «El Brasil continúa siendo uno de los países más desiguales del mundo, aún mantiene decenas de millones de personas viviendo en situaciones infrahumanas, pero con la profundización de la dinámica de inclusión social y de creación de nuevos derechos del segundo mandato de Lula ya es posible vislumbrar una línea histórica del horizonte en que no habrá más ‘desterrados en su propia tierra'».

El último párrafo concreta esta previsión: con una tasa de crecimiento de la economía de 5%, una política de elevación del salario mínimo y la ampliación de las políticas sociales, es posible prever que se mantenga una disminución anual continuada del 3% en los índices de pobreza en relación al total de la población, como sucedió en los años de 2004 a 2006. En ocho años, al final del mandato de quien sucederá a Lula, podrá ocurrir, si se mantienen estas políticas, que los índices de la pobreza queden reducidos a una expresión mínima, o muy pequeña. *

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