Perú: puede pasar cualquier cosa
Lima, ANSA
Consultado en un foro de empresarios en Chile, el ministro de Economía Carlos Boloña dijo que «un caso es que Fujimori siga hasta el 28 de julio, pero cada vez las probabilidades se achican. Otro caso es un gobierno de transición que probablemente haga poco y más bien busque las elecciones cuanto antes».
En Perú «puede pasar cualquier cosa. Lamentablemente así son las cosas y la situación en el campo político», agregó Boloña.
Ministros muy allegados a Fujimori como Federico Salas y José Chlimper se mostraron sorprendidos por las declaraciones de Boloña –de dura línea neoliberal– al punto que uno de ellos las calificó como «poco felices».
Pero la posibilidad de una renuncia de Fujimori empieza a cubrir el espectro político nacional, donde se afirma con mayor insistencia que el mandatario se ha convertido en un verdadero»obstáculo» y en «factor de desestabilización» para el proceso hacia nuevas elecciones generales el 8 de abril de 2001.
Fujimori, que se encuentra en Brunei para participar en el Foro Económico de Asia Pacífico, guarda silencio en torno a los cuestionamientos en su contra y también sobre su futuro político.
El mandatario enfrenta la peor crisis de su régimen en medio de graves acusaciones de corrupción, financiamiento ilegal de su campaña electoral, y hasta de despropósitos gubernamentales que han afectado la marcha de la democracia en Perú.
A estas denuncias se suma el mayor escándalo político de los últimos tiempos y que involucra directamente al ex asesor de Fujimori, Vladimiro Montesinos, quien llegó a dominar la estructura de poder en los últimos diez años.
Montesinos se encuentra prófugo de la Justicia y nadie puede dar detalles sobre su paradero, aunque el presidente del Consejo de Ministros, Federico Salas, aseguró que este ex funcionario se encuentra en Perú.
En las próximas horas se realizaría, según versiones judiciales oficiosas, un operativo especial para verificar si Montesinos se encuentra en una estratégica instalación militar, en particular la residencia habitual de quienes ocupan la Comandancia General del Ejército, en el distrito de Chorrillos.
La inestabilidad política peruana también pasa por el análisis de los temperamentos castrenses, en particular de aquellos altos oficiales que han tomado distancia de los mandos leales a Montesinos, quien durante los últimos años formó una cúpula castrense afín a sus estrategias políticas y personales.
A raíz de la caída de Montesinos se han destapado una serie de graves denuncias sobre corrupción y enriquecimiento al más alto nivel del poder político.
Pero los cargos más graves contra Montesinos están referidos a lavado de dinero, narcotráfico, extorsión, chantaje, asesinatos, violación a los derechos humanos, interceptación telefónica, peculado y evasión tributaria.
En una supuesta entrevista a un medio de prensa de México, Montesinos dijo que el presidente Fujimori debe responder por los 48 millones de dólares en tres cuentas de bancos en Suiza que están a nombre del propio Montesinos.
Pero Fujimori se ha convertido en el más implacable perseguidor de su otrora hombre de mayor confianza en todas sus decisiones.
Debido a su viaje a Brunei, Fujimori suspendió sus propios operativos en cualquier hora del día en busca de Montesinos, quien también habría amenazado con hacer revelaciones que comprometerían seriamente al mandatario.
Los principales grupos políticos de oposición han exigido el apresamiento «con vida» de Montesinos para que revele todos los entretelones de cómo él y Fujimori administraron el país durante estos últimos diez años.
Se especula que de Fujimori y Montesinos se conozcan hechos que podrían incriminarlos y llevarlos juntos a los tribunales, pero el mandatario parece cuidar este aspecto en medio de una intensa y aparente preocupación para llegar primero a los archivos «comprometedores» que posee Montesinos.
Una posible renuncia de Fujimori dejaría en el poder a uno de sus dos vicepresidentes (Alejandro Tudela y Ricardo Márquez), pero Tudela ha renunciado al cargo y a las filas del oficialismo.
Por lo pronto, en el Congreso de la República se elegirá en las próximas horas a un nuevo presidente luego de la censura que provocó la salida de la oficialista Martha Hildebrandt.
El congresista Valentín Paniagua, del partido Acción Popular, que lidera el dos veces ex presidente constitucional Fernando Belaunde Terry, se erige como el favorito para asumir la presidencia del Poder Legislativo.
En el caso hipotético de una renuncia de Fujimori y la imposibilidad que el cargo lo asuma uno de sus vicepresidentes, entonces el titular del Congreso tomaría la responsabilidad de gobernar y convocar de inmediato a elecciones generales.
Pero estas elecciones ya fueron convocadas por Fujimori para el 8 de abril de 2001, lo que haría más viable un gobierno de transición con el jefe del Congreso como mandatario de corto plazo.
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