El popular Felipe Quispe
La Paz, AFP
La popularidad y el carisma de Felipe Quispe, que ha fundado el Movimiento Indígena Pachacuti, le han convertido en el caudillo indiscutido de los campesinos del país más pobre de Sudamérica, esto es, de los pobres entre los pobres.
Más allá de su condición de presidente del sindicato campesino, en el que desde 1997 ejerce un poder casi omnímodo, el liderazgo en las zonas rurales de este indígena aymara –la etnia mayoritaria en Bolivia– es tal que su sola palabra basta para cerrar las rutas del país o abrirlas a su conjuro.
«En la actualidad los llamados despectivamente indios no valemos nada para los cínicos q’aras (blancos sin riqueza) y llunkus (adulón/ladino), pues como a perros nos cazan en nuestras comunidades originarias», afirma Quispe que, ahora, tras encabezar las protestas contra el reparto de la tierra y el agua que en setiembre y octubre pasados dejaron diez labriegos muertos, busca el poder político en Bolivia, país del cual, como representante de los «dueños originarios de la tierra», se siente ajeno.
Autoerigido en contemporáneo ‘cacique’ de su pueblo, el año pasado fue a entrevistarse con su ‘homólogo’ Hugo Banzer y le espetó nada más llegar: «Vengo a hablarle de presidente a presidente».
La anécdota trasluce tanto su indigenismo como su personalismo. «Es un hombre muy autoritario (…), y mesiánico a veces», explica el escritor y periodista boliviano Jaime Iturri, autor del libro «La guerrilla aymara en Bolivia».
Promociona el culto a su figura, señala Iturri, pero tiene «mucho carisma» y es «admirado» por su gente, los humildes campesinos del altiplano.
La defensa de estos indígenas frente a los blancos que los han sometido durante cinco siglos constituye su causa. Por ella no dudó en recurrir a la lucha armada, primero con el Movimiento Indio Túpac Katari Auténtico, que fundó en 1978, y luego con el Ejército Guerrillero Túpac Katari, en 1990.
Cuando fue detenido por segunda vez, en 1992, una famosa periodista boliviana le entrevistó y le inquirió sobre el porqué de las armas. La respuesta que disparó resultó descarnada y demoledora: «Porque no quiero que mi hija sea tu sirvienta».
Quispe propugna el retorno a formas de vida prehispánicas, como el ‘ayllu’ o comunidad india. Eso lo combina, según Iturri, con una mezcla de marxismo, trostkismo, anarquismo o guevarismo. Es devoto del Che desde su estancia en Cuba a principios de los ochenta para recibir entrenamiento guerrillero.
Pero a quien admira Quispe por encima de todo es a Túpac Katari, el cacique aymara descendiente de una dinastía que gobernó la mayor parte de la región andina y que en 1781 se rebeló contra el poder español y sitió la ciudad de Nuestra Señora de La Paz durante tres meses.
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