Dos rasgos de las elecciones argentinas
AQUIETADAS las aguas, disipadas las protestas por irregularidades varias (desaparición masiva de boletas, manejo desequilibrado de la información de los resultados, inconvenientes derivados de los métodos arcaicos del conteo de votos), quisiera destacar dos aspectos de las elecciones argentinas a las que no se les dio el destaque que a mi juicio merecen. La primera es la derrota categórica de la derecha, confirmando una clara tendencia que va abarcando uno tras otro los países de América Latina. La segunda refiere al balotaje, y voy a proyectarla a nuestro país.
La derrota de la derecha
Tiene el rostro adusto de Ricardo López Murphy (apodado el bulldog). En la elección anterior del año 2003, también como candidato presidencial, había obtenido 3 millones de votos, un 16,3%. Ahora entró en séptimo lugar, con un escuálido 1,4%, o sea por debajo de la décima parte del porcentaje anterior. Se desmoronó. Pero esto también golpea frontalmente al proyecto derechista de Mauricio Macri, el líder del PRO en cuyo nombre López Murphy concurrió a la elección. En las elecciones para el gobierno de Buenos Aires, la capital federal, efectuadas en el mes de junio, el empresario millonario y dirigente de Boca Juniors había arrasado con 60% de los votos. Ahora estaba hibernando a la espera de comenzar a desempeñar el cargo en diciembre, con la expectativa de lanzarse como candidato de recambio de la derecha pura y dura para las presidenciales de 2011. La candidatura de López Murphy en nombre del PRO era una típica expresión de los sectores ultraconservadores más rancios y de las políticas neoliberales. Pero cuando resultó evidente que esa candidatura marchaba en línea recta y acelerada al precipicio, Macri lo abandonó, lo dejó en soledad, para intentar despegarse de esa imagen de derrota ominosa, que fue patente en todo el país, y particularmente en la capital federal, que Macri consideraba su feudo. Allí fue desbancado por Lilita Carrió, que al frente de su Coalición Cívica, en alianza con el socialismo presidido por Roberto Giustiniani, conquistó el primer lugar, con 37,6% de los votos, seguida por la coalición de la presidenta electa Cristina Fernández de Kirchner, que cosechó el 23,6%. En ese distrito fundamental, también por su carácter de símbolo, Carrió obtuvo dos senadores y el tercero fue para el kirchnerismo
El otro candidato que resultó golpeado fue Roberto Lavagna, ex ministro de Economía de Kirchner. Además, cometió una pifia descomunal.
En la noche del domingo se estaban proporcionando despaciosamente y en forma muy sesgada los datos oficiales del escrutinio, ya que se relegaban los correspondientes a Buenos Aires y grandes centros urbanos. En estas condiciones, Lavagna consideró llegada la hora de presentarse ante todas las pantallas proclamándose segunda fuerza política. Ocurrió lo que en su hora predijo el viejo Herrera: el que se precipita, se precipita. Un rato después emergió la verdad de las cifras, desplazándolo al tercer lugar con 16,8% de los votos, con el único consuelo de haber ganado en Córdoba, sin duda por el aporte de los votos radicales, uno de cuyos sectores lo ungió como su candidato.
Las variedades del balotaje
El papel de segunda fuerza política le correspondió a la Coalición Cívica que encabeza Lilita Carrió, en una alianza con el socialismo que acentúa su perfil de centroizquierda. Obtuvo más de 4 millones de votos, la segunda representación parlamentaria (en un Congreso en el cual el sector oficialista del Frente por la Victoria tendrá mayoría absoluta y quórum propio en ambas Cámaras), y una fuerza mayoritaria en los grandes centros poblados: Buenos Aires, Mar del Plata, Rosario, capital de la provincia de Santa Fe, en este último caso posiblemente por gravitación de las fuerzas socialistas del gobernador electo Hermes Binner. Logró también una buena votación, colocando a Margarita Stolbizer en segundo lugar, en la provincia de Buenos Aires, donde el candidato oficialista a la gobernación, el vicepresidente Daniel Scioli, sobrepasó la mayoría absoluta y aportó la mayor suma de votos para Cristina Fernández de Kirchner.
Ésta no alcanzó, sin embargo, el 45% de los votos, el primero de los requisitos para evitar la segunda vuelta. Estuvo cerca (44,8%), pero no llegó. Si ya fue consagrada como presidenta electa, se debe a que superó con creces la segunda posibilidad abierta en ese sentido: alcanzar el 40% y sobrepasar al segundo en 10% como mínimo. Estas son las condiciones del balotaje argentino, y nos hacen pensar una vez más que las condiciones del balotaje uruguayo son las más antidemocráticas y exigentes del mundo. Esto no es una imagen, sino la cruda realidad. En ninguna parte se exige como aquí, por obra del engendro amañado por blancos y colorados, el 50% más uno de todos los votos emitidos, o sea: de la suma de los votos de todos los partidos, más todos los votos observados, nulos y en blanco, más todos los que se emitieron fraudulentamente. Eso nos desafía a un gran esfuerzo de acumulación de fuerzas para renovar el mandato del gobierno del Frente Amplio, tema que abordaremos en otro momento y en otro lugar.
De sur a norte
El mismo domingo 28 se efectuaron las elecciones regionales en Colombia, respecto a las cuales ya destacamos la significación de la victoria del Polo Democrático, auténtica alternativa de izquierda, principalmente en Bogotá, el centro neurálgico del país, y también en la gobernación del departamento de Nariño. Son ejemplos de las nuevas opciones que se abren paso en América Latina desde el inicio del nuevo siglo y milenio, en rechazo a las perimidas políticas de una derecha que está agotando su ciclo. *
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