VIMOS la imagen en directo por la CNN, y la reprodujeron los periódicos de todo el mundo. Una mujer con las dos manos teñidas de rojo increpa a la secretaria de Estado Condoleezza Rice mientras ésta da explicaciones a la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso sobre la actuación de EEUU en el Oriente Medio, y en particular sobre las actividades de las agencias de seguridad contratadas por el Pentágono para proteger al personal superior estadounidense y que han masacrado a civiles iraquíes, gozando de plena impunidad. La leyenda de las fotos recuerda que “al menos 17 personas murieron por disparos de los escoltas de una caravana norteamericana en Bagdad, donde se vio implicada la compañía Blackwater” (y se queda corta).
La secuencia reflejaba la protesta generalizada de la abrumadora mayoría de la opinión pública norteamericana por la política de guerra del gobierno de Bush en Irak y Afganistán, y que ahora se extiende en renovadas amenazas contra Irán. Primero fue el canciller francés Bernard Kouchner quien mencionó directamente la posibilidad de llevar la guerra a Irán, abriendo el camino para que Bush dijera luego que “Irán equipado con armas nucleares evoca la amenaza de una tercera guerra mundial” y para que ahora, reviviendo viejos odios, adopte medidas unilaterales contra Irán, pisoteando en forma inicua la ley internacional como lo hizo en el caso de Irak.
Las disposiciones anunciadas el jueves afectan a unidades del ejército iraní (algo tan inédito como inaudito) y a tres de los principales bancos, vinculados al comercio exterior, y que fueron incluidos en la lista negra.: el Bank Melli, el principal del país, los bancos Mellak y Saderat, calificados sin fundamento alguno como “financiadores del terrorismo”. Éstas son las sanciones más duras impuestas a Irán desde la revolución islámica de 1979 y ellas podrán dificultar el financiamiento del comercio exterior del país, ya que poseen filiales en toda la región del Golfo, en Afganistán e Irak, y además en Moscú, París, Hong Kong, Hamburgo. Invirtiendo los términos, EEUU acusó a Irán de “prolongar el camino de la confrontación” y de constituir “el gran desafío para la seguridad de EEUU”. La medida adoptada implica poner término a cualquier transacción entre dichas instituciones y los ciudadanos y empresas de EEUU; que todos sus activos en territorio USA son congelados y que se advierte a todos los organismos internacionales del “peligro de hacer negocios” con dichos bancos iraníes, amenazando de hecho con medidas de retorsión. Como se hace con Cuba. EEUU sigue actuando como gendarme mundial.
Decíamos que se reavivan viejos odios de la época de la revolución islámica de 1979 con el ayatolá Jomeini, cuando agentes estadounidenses fueron tomados de rehenes en la embajada de su país en Teherán, luego fracasó una expedición punitiva y de rescate emprendida por EEUU y posteriormente se organizó en la capital persa un coloquio internacional sobre los crímenes del imperialismo norteamericano contra Irán.
El primer ministro turco Erdogan (fiel partidario de EEUU y sostenido por Bush) obtuvo la autorización del Parlamento para invadir la región kurda, al norte de Irak. Tras esta virtual declaración de guerra, ya se comenzó a pasar a los hechos. Mientras una delegación del gobierno central iraquí de Nuri al-Maliki negocia en Ankara para evitar la extensión del conflicto, cazabombarderos y helicópteros del ejército turco bombardearon bases del PKK en una zona suroriental del país próxima a la frontera con Irak, y al otro día se verificó una incursión de 300 comandos turcos en el norte de Irak, avanzando 10 kilómetros dentro del territorio para atacar campamentos del PKK, una formación de izquierda que aspira a la formación de un estado kurdo independiente uniendo a los grupos residentes en Turquía e Irak, también en Irán y en Siria. Esta tendencia se enfrenta a los dos partidos que comparten actualmente el gobierno de la región norte de Irak: la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), liderada por Jalal Talabani, que no por casualidad es el actual presidente de Irak, y el Partido Democrático del Kurdistán, del clan Barazani, unidos ambos contra el PKK.
Dos datos de gran interés muestran la injerencia de EEUU en la región. El 2 de marzo 2002, el jefe de la CIA, George Tenet, se reunió en esa región precisamente con Jalal Talabani, y de ahí derivó que en esa zona se montara una red de espionaje muy eficaz que colaboró en el derribamiento de Saddam Hussein. La otra referencia viene de más lejos. En oportunidad The New York Times demostró con pelos y señales cómo EEUU colaboró en la captura del principal líder del PKK, Abdalá Ocalán. El artículo es de Tim Weiner y se titula “EE.UU. ayudó a Turquía a encontrar y capturar al rebelde kurdo”, que no es otro que Ocalán. Condenado a muerte, se desplegó una intensa campaña por su vida, que tuve ocasión de presenciar en Europa, y finalmente se conmutó la pena por cadena perpetua, que cumple en una prisión solitaria en la pequeña isla de Imrali, en el Mar de Mármara.
Después de Irán, el gendarme mundial puso en la agenda a Cuba. Bush renovó las amenazas llamando a crear un fondo para lograr la “transición” en la isla y convocando en su delirio incluso a militares cubanos. Rodeado de “disidentes” y de miembros de la mafia de Miami, congresistas incluidos, anunció además la prolongación del bloqueo. Mejor haría, se dijo, en ocuparse de los daños de los incendios forestales en California, y más aún, de los provocados por el huracán Katrina hace dos años en New Orleans, de los cuales la población pobre y negra está muy lejos de recuperarse. Lo otro no es más que un resuello de buzo ante la paliza que volverá a propinarle la Asamblea General de la ONU el martes 30, por 16ª vez consecutiva. *
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