La política exterior, casi ausente en campaña electoral argentina
La campaña está marcada por los temas internos principales, la marcha de la inflación en primer lugar, y después otra de las preocupaciones frecuentes de los argentinos, la seguridad, pero se trata de un día a día que no incluye definiciones teóricas sobre temas que nunca aparecen en las investigaciones sobre asuntos prioritarios para la población.
Así, las referencias son apenas ocasionales y estuvieron dedicadas mayormente a un aspecto, la relación estrecha que Kirchner entabló con Venezuela, criticada en especial por los candidatos que se presentan a la derecha del oficialismo.
Las propuestas programáticas de los candidatos que creen tener oportunidad de pasar a segunda vuelta, como la ex radical Elisa Carrió, y Roberto Lavagna, ex ministro de Economía de Kirchner, no contienen críticas directas a la política exterior actual, y sólo una lectura en detalle permite descubrir matices diferenciados de la orientación vigente, pero nada dicho muy expresamente. En Argentina es elegido presidente quien reúna al menos 45 por ciento más un voto de los emitidos, o quien consiga un mínimo de 40 por ciento con diez puntos de ventaja sobre el segundo.
Cristina Fernández según la mayoría de las encuestas recientes, objetadas por la oposición tiene posibilidades sólidas de ganar en primera vuelta.
Uno de los sondeos últimos le otorgó 47,9 por ciento, contra 16 por ciento de Carrió y 11,1 por ciento de Lavagna. Así, podría «obsequiarle» casi ocho puntos a su adversaria principal y aun así imponerse por más de 10 por ciento de diferencia.
La candidata oficialista no construye su imagen y su campaña, como es de esperar, con ninguna referencia crítica a las políticas aplicadas por su esposo. Sólo hay enunciados generales, a modo de consigna, sobre que sabe «lo que falta hacer» o lo que «hay que afianzar».
También en este plano, en consecuencia, hay que bucear en los matices, y en el caso de la senadora Fernández estuvieron dados en su agenda internacional de viajes, donde hizo esfuerzos ostensibles sin precedentes en la acción de su esposo por lograr un clima amistoso con grandes inversores internacionales, como los españoles, y con Estados Unidos, en este caso al compás de acciones evidentes de condena a Irán, por la vía de responsabilizarlo junto a entidades judías por el atentado contra la Asociación Mutual Israelita de Buenos Aires, que causó 85 muertos en 1994.
Miembros del equipo de campaña de la candidata oficialista rechazan que haya por señalar alguna diferencia entre lo hecho por Néstor Kirchner y lo que se propone hacer Cristina Kirchner. Habrá en todo caso, dijeron ante una consulta de ANSA, una diferencia de «gestualidad», porque «son personas diferentes y tienen gestualidades diferentes, pero el proyecto es el mismo».
Esa «gestualidad» puede verse en las giras internacionales de la candidata, que incluyeron como etapas destacadas a España, Estados Unidos y Brasil. Cristina Fernández no devolvió, en cambio, ninguno de los gestos amistosos del presidente venezolano, Hugo Chávez, quien ya la llama presidenta, y con quien su esposo tejió una relación estrecha, que comprende muchos acuerdos bilaterales económicos, en especial en energía, pero también acciones conjuntas como las que en 2005 emprendieron contra el proyecto estadounidense de Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). *
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