OPINION INTERNACIONAL

Arabia Saudita: ¿manejar un auto es un derecho humano?

En un reportaje en la estación de televisión árabe «Al Arabya» en setiembre pasado la activista saudita por los Derechos de la Mujer, Wajiha Al-Huweidar reanudó su vieja lucha por los derechos de las mujeres en su país a manejar automóviles, lo que está estrictamente prohibido de acuerdo a la versión conservadora del Islam prevaleciente en Arabia Saudita.

Huweidar, quien fue arrestada el año pasado por llevar un cartel de reclamo por los derechos de la mujer, se quejó de que más de un 70% de las mujeres sauditas están desempleadas, muchas de ellas porque no tienen padres o hermanos que las lleven al trabajo y no están en condición de costearse los gastos de un chofer.

En febrero del 2005, Huweidar publicó un artículo en la revista liberal árabe «Elaph» con el título «La discriminación contra las mujeres árabes comienza en el útero» en el que escribió entre otros conceptos: «El ciclo de discriminación comienza en el hogar. Desde temprana edad, los varones reciben más atención, más amor, más cuidado que las niñas. Muchas familias costean una educación privada para los chicos pero envían sus hijas a escuelas públicas. Los varones pueden ser ingenieros, médicos, funcionarios, o lo que deseen. Las mujeres deben conformarse con ser esposas, madres y amas de casa… En los países árabes y particularmente en los del Golfo, el ciclo de discriminación comienza cuando aún se encuentran en el vientre de su madre. Continúa desde que abren los ojos hasta su muerte. Este terrible ciclo de discriminación en el que vive la mujer árabe comenzó hace muchos siglos y sigue ahogándola y restringiendo sus movimientos. De este modo, la sociedad desperdicia el talento de la mitad de la sociedad…»

¿A qué se debe que un país, que ha podido comprar una sofisticada tecnología occidental gracias a su riqueza petrolera, siga siendo tan conservador en sus costumbres y sea casi el único país en la tierra que prohíbe que las mujeres manejen automóviles? La explicación es que el reino saudita, guardián de los Santos Lugares de la religión musulmana, basa su legitimidad en una alianza con uno de las sectas más conservadoras del Islam, el wahabismo.

¿Cuáles son las características del wahabismo? El estudioso del Islam, el francés Gilles Keppel, lo explica en su libro «The war for Muslim minds» (La guerra por las mentes musulmanas): «El wahabismo es una serie de doctrinas, pero también de actitudes y conductas, creadas por un reformista religioso particularmente severo que vivió en Arabia Central en el siglo XVII. Muhamad bin Abdul Wahab era un contemporáneo de la Ilustración europea y la Revolución Francesa, pero es imposible imaginar dos posiciones más irreconciliables…»

«Todo pensamiento independiente y toda visión crítica es repudiada por esta escuela de pensamiento, que ve la herejía por todas partes. La reflexión individual es considerada como un acto de rebeldía a los mandamientos de Alá y al deber de todo creyente de obedecerlos.»

La contribución específica de Abdul Wahab a la teología islámica no es muy significativa y sus discípulos rechazan el término «wahabita» que originariamente fue utilizado por sus detractores. Ellos prefieren «salafista» que alude a su esfuerzo por imitar a sus «piadosos antepasados» (salaf) , los compañeros del Profeta que llevaron una vida ejemplar. Abdul Wahab difundió las enseñanzas de juristas medievales entre los cuales el más conocido es Ibn Taymiya (1263-1328). Desde la década del cincuenta, las instituciones religiosas de Arabia Saudita publicaron y difundieron nuevas ediciones de las obras de Ibn Taymiya que difundieron gratuitamente en todo el mundo. Estas obras fueron citadas entre otros por Abd asl-Salam Faraj, el vocero del grupo que asesinó al presidente egipcio Anwar Sadat en 1981, en folletos de los extremistas argelinos en la década del 90 exhortando a la matanza de «infieles» y son citadas hoy en Internet en lugares en los que se exhorta a las mujeres musulmanas en Occidente a utilizar velos como una obligación religiosa.

Es obvio que semejante visión intolerante del mundo es incompatible con los intereses comerciales de Arabia Saudita y la ansiedad del régimen por mantener su rígida estabilidad en un mundo cambiante. Por ello resulta inevitable que la modernidad y la globalización amenacen constantemente a las obsoletas instituciones teocráticas del reino saudita. Un ejemplo típico es el del sistema judicial.

Según informa el último número de la revista británica «The Economist» (13 a 19 de octubre) parece inminente una modificación del arcaico sistema legal del país. En teoría, el Corán es la constitución de Arabia Saudita y la «Sharia» islámica es la única ley. En la práctica, el régimen funciona por medio de decretos de la Corona. Algunos comités ministeriales regulan disputas comerciales pero unos 700 clérigos (todos ellos wahabitas) deciden cómo aplicar la Sharia. Sus sentencias suelen ser duras, como la decapitación por brujería pero tienden a ser tolerantes con crímenes machistas como la violación o las golpizas a mujeres.

Por ello, el anuncio de un cambio del sistema legal ha sido recibido con alivio. Con el nuevo sistema habrá tres instancias, en lugar de las dos actualmente existentes. Un Consejo nombrado por el rey sustituirá a la actual Suprema Corte que era controlada por los clérigos más reaccionarios del régimen. Dos mil millones de dólares, presupuestados por la monarquía, tienden a comprar la buena voluntad de los funcionarios para aplicar los cambios.

Sin embargo, de acuerdo a la experiencia saudita siempre las reformas han tenido enormes frenos a todo nivel. Por ejemplo, muchos abogados exigen una codificación de las leyes, que actualmente no existe.

Esto no es sencillo, porque la Sharia sólo ofrece un número muy limitado de decisiones legales específicas y se basa sobre todo en textos que invocan la conducta ejemplar del profeta Mahoma y sus compañeros. Sin embargo, como sostienen los expertos legales, existe una necesidad básica en una sociedad moderna de dictar normas que hagan previsible la aplicación de la ley. Saleh Lapidan, el presidente de la destituida suprema Corte de Justicia, conocido por sus posiciones archi-conservadoras, rechaza el concepto de codificación porque «va a separar al país de su cultura».

Todo parece indicar que la batalla de las mujeres por manejar automóviles tiene más chances reales de ser ganada que la batalla por un régimen legal moderno que cuestiona la legitimidad del poder teocrático en el reino saudita, que, como es notorio, se sostiene no gracias a su fervor religioso sino gracias a sus inmensas ganancias petroleras. *

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