La huelga general en Francia
La magnitud del paro general del jueves 18 en Francia superó todas las expectativas y los registros de la huelga de los transportes en 1995. La reforma regresiva del régimen de pasividades para algunas profesiones, en el primer choque abierto del gobierno Sarkozy con los trabajadores, fue enfrentado por cientos de miles de huelguistas y 130 manifestaciones en todo el país, movilizando en particular a los sindicatos de los ferroviarios, la SNCF, de los transportes urbanos de París , RATP, de las empresas de energía Electricité de France, EDF, y Gaz de France, GDF, también a los que agrupan a la Comédie Française y a la Opéra de París, acompañados por la solidaridad de los sindicatos de la función pública, los educadores, personales de la salud, los estudiantes, entre otros.
Contra la reforma regresiva de la seguridad social
Lo que se propone Sarkozy es elevar el período de cotizaciones de 37 años y medio como es actualmente a 40 años en 2012. Esto afecta directamente a 1,1 millón de jubilados y 500 mil trabajadores en actividad en los ferrocarriles (cheminots), el transporte urbano de París, las empresas de energía, por lo cual el paro general fue convocado en su conjunto por los ocho sindicatos de los transportes, así como los cinco sindicatos de los metros parisienses y cinco federaciones del sector de la energía. Además de París, donde el éxito del paro fue resonante, la paralización afectó a grandes ciudades como Lyon y Marsella y muchas medianas y pequeñas. En varias líneas de transporte la medida se prolongó durante el viernes. Lo único que funcionó normalmente fueron los aeropuertos de la capital.
L’Humanité dice que la participación en la huelga fue un record y que el gobierno debe escuchar a los asalariados. Agrega que el gobierno quiso curarse en salud anunciando previamente que la movilización sería «muy fuerte», pero fue servido más allá de todos los pronósticos. La gran manifestación en París de la Place de la République a la Place de la Nation ostentaba carteles de las centrales sindicales CGT, FO, CFDT, FSU y los llamados Solidaires, con la leyenda: «Régression sociale: Ça suffit (regresión social: basta ya). Una ancha faja al frente de la manifestación en que marchaban juntos los principales dirigentes de las centrales proclamaba: «Juntos por salarios, empleo, pasividades, protección social, servicios públicos». A las 11 de la mañana, la dirección de la SNCF contabilizaba 73,5% de adherentes a la huelga, mientras que en 1995, en el momento álgido del conflicto, eran el 67%. Ante la potencia de la demostración, el ministro de Trabajo Xavier Bertrand dijo que recibiría a los sindicatos pero recién la semana próxima, y no dejó duda de que el gobierno no cedería en el fondo del tema de la reforma, con el agravante de que la misma está enfilada, no sólo contra los regímenes especiales, sino contra el conjunto del sistema. De ahí la adhesión al movimiento del jueves de los trabajadores de la función pública y de otros sectores del trabajo y la cultura.
Una imagen simbólica y marchas en toda Francia
En lo que califica como una imagen simbólica, Le Monde hace constar que el martes 16, ante el alcalde de Bordeaux, que es el ex primer ministro Alain Juppé, el presidente Sarkozy defendió enfáticamente su proyecto de reforma de los regímenes especiales de jubilaciones. Dijo que esta reforma era emblemática de su voluntad de «ruptura» (ya se va viendo de qué lado). El simbolismo deviene del hecho siguiente: en las elecciones presidenciales de abril 1995, siendo François Mitterrand presidente, Jacques Chirac derrotó al socialista Lionel Jospin y designó primer ministro a Alain Juppé, precisamente. Este se lanzó de lleno a una reforma de la seguridad social del mismo signo que la actual, pero fracasó frente a la amplitud del movimiento sindical y social que le opuso una firme resistencia. Ahora el tema vuelve a primer plano, y el movimiento social hace honor a sus tradiciones de lucha en defensa de las conquistas sociales fruto de su lucha durante décadas, en rigor desde la época del Frente Popular. Recuérdese que durante la campaña electoral Sarkozy enfiló también sus dardos contra la jornada laboral semanal de 36 horas.
Hemos podido seguir el desarrollo de la jornada del jueves 18 como una ola que se iba levantando desde París y adyacencias hacia toda Francia, incorporando una ciudad tras otra a la movilización, como Toulouse, Bordeaux, Marsella, Lyon, Avignon, Montpellier, Tarbes, y Bastia y Ajaccio en la isla de Córcega. Le Pen declaró que la huelga era ilegal. Para François Hollande el movimiento constituyó «un gran éxito» y debería abrir paso a una verdadera negociación entre el gobierno y los sindicatos.
El divorcio de Sarkozy y la Constitución europea trucha
La huelga general opacó la noticia del divorcio de Sarkozy y Cecilia (aunque para muchos medios fue al revés, remedando la historia de los perros de Alcibíades). El hecho es que se consumó la separación anunciada. La señora declaró, en términos lunfardos (argot en el caso) que no soportaba el papel de primera dama. Apenas el Palacio de l’Elysée informó del hecho con un comunicado de 15 palabras, Sarkozy voló a Lisboa, donde se reunían los dirigentes de la Unión Europea para ponerse de acuerdo sobre una Constitución europea simplificada que sustituyera a la que naufragó por el rechazo de la ciudadanía francesa y luego de la holandesa en 2005. Ayer el nuevo engendro fue votado en la capital portuguesa. Es el mismo perro con distinto collar, con la particularidad notable que se pretende ponerlo en vigencia por el voto de los parlamentos exclusivamente, sin someterlo al referéndum popular. El PC francés emitió un duro comunicado el día 17 denunciando la maniobra y reclamando que «a un nuevo tratado, un nuevo referéndum». *
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