Noriega, una herencia indeseada
El general Manuel Antonio Noriega, ex presidente de Panamá, siempre olió a azufre. Hoy más que nunca.
El pasado 9 de setiembre finalizó su condena penal en Estados Unidos después de una estadía de 17 años en una cárcel de Florida, donde fue un preso modelo. Nunca hizo la mínima alusión a los centenares de expedientes explosivos que acumuló durante años sobre temas como narcotráfico internacional y lavado de dinero, actividades de los servicios secretos de numerosos países, vente ilícita y masiva de armas, procesos de desestabilización en Centroamérica y otros.
Ese silencio y su buena conducta le permitieron una reducción de la pena de 40 años de cárcel (que se le dictó en 1992 por narcotráfico y lavado de dinero) a 17.
Ahora la administración Bush quiere deshacerse cuanto antes del agente temible e incómodo que la CIA adestró y utilizó en el contexto de la Guerra Fría durante las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado, igual que utilizó a Osama Bin Laden. Donde se teme el regreso de Noriega como la peste es en Panamá, donde Noriega fue condenado en ausencia por el asesinato de los opositores Hugo Spadafora y Moisés Giroldi, así como por el fusilamiento de ocho militares, entre otros crímenes. Entre tanto, la justicia de Francia insiste en que Noriega sea extraditado a este país.
La prensa francesa no se interesó mucho por el ex presidente panameño, ni siquiera en 1999 cuando fue juzgado en ausencia por el Tribunal de Gran Instancia de París, que lo condenó a 10 años de prisión, pero ahora empieza a preguntarse qué hay tras ese afán de volver a enjuiciar a Noriega por haber lavado dinero del narcotráfico en bancos de Francia entre 1988 y 1989: ¿consideraciones estrictamente judiciales o cálculos políticos y económicos? Los voceros de la presidencia francesa, de los ministerios de Justicia y de Relaciones Exteriores, rehusan comentar el caso.
Philippe Moreau Defarges, destacado investigador del Instituto Francés de Relaciones Exterior (IFRI) y codirector del Rapport Annuel Mondial sur le Système Economique et les Stratégies (Ramses), un informe enciclopédico anual sobre geopolítica mundial, reconoce que si Francia «hereda» el caso Noriega, le hará un enorme favor al gobierno de Estados Unidos.
Explica Moreau: «El presidente Bush tiene suficientes problemas en Irak. No necesita cargar con el peso de un Noriega en detención domiciliaria en Panamá. Prefiere tenerlo encerrado en una cárcel francesa».
Sin embargo, no se pronuncia sobre lo que podría esconderse tras ese favor: «Yo analizo hechos, no elaboro hipótesis. ¿Existen acuerdos económicos o políticos detrás de todo esto? No es inverosímil que los haya pero es absolutamente imposible comprobarlo. Este tipo de arreglos, cuando se dan, son verbales y nunca dejan huellas».
Yves Leberquier, uno de los abogados del expresidente panameño, tampoco hace comentarios al respecto, y en cambio subraya una serie de «irregularidades graves» en el expediente de Noriega.
Por ejemplo, el juicio en ausencia de Manuel Antonio Noriega y de su esposa Felicidad se llevó a cabo en París el 10 de junio de 1999. Duró una tarde; 20 días después, el 1º de julio, se dio a conocer el veredicto.
«Sin embargo comenta el abogado se esperó hasta octubre de 2002 para notificar a Noriega de su condena. Pasaron tres años y medio sin que se hiciera nada. Semejante ‘descuido’ invalida la condena. El código penal francés es muy preciso en lo que concierne a las prescripciones de las acciones del ministerio público. Si nada se hace en un lapso de tres años, hay prescripción».
Agrega Leberquier: «En cuanto se enteró del veredicto, Manuel Antonio Noriega impugnó su condena. La Justicia francesa no tomó en cuenta su recurso. Es asombroso, porque desde 2001 nuevas disposiciones jurídicas permitían que se celebrara un juicio contradictorio en ausencia de Noriega, pero en presencia de sus abogados. Es un segundo vicio de forma.
«Sorpresivamente, en marzo de 2004 el ministerio público emitió una solicitud de extradición contra Noriega, pero después pareció olvidarse de ella durante más de tres años. Fue solamente en junio pasado o quizá en julio –aún no hemos logrado confirmar la fecha exacta– que la fiscalía reactivo esa solicitud de extradición. ¿por qué volvió a dejar pasar más de tres años antes de intervenir, corriendo el riesgo de otra prescripción? No tengo respuesta. Lo que sí es evidente es que disponemos de argumentos de peso para defender a Noriega en caso de que sea extraditado a Francia». El propio abogado Leberquier y otros juristas consultados afirman que es imposible saber si la fiscalía francesa que en última instancia tiene que rendir cuentas ante el Poder Ejecutivo actuó por su cuenta o fue inducida a reactivar su solicitud de extradición. Sin embargo, llama la atención la notoria preferencia que el Departamento de Estado muestra hacia la solicitud de extradición francesa. *
* Tomado en acuerdo con la revista mexicana Proceso.
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