Irak según el general Ricardo Sánchez: "La pesadilla sin fin"
EL GENERAL Ricardo Sánchez, ex comandante de las fuerzas norteamericanas en Irak, conmocionó el ambiente al acusar al gobierno de Bush de aplicar una estrategia en ese país que conduce en línea recta a un «fracaso catastrófico». En declaraciones periodísticas el viernes 12 en Arlington, Virginia, afirmó que la guerra llevada adelante por Washington desde hace cuatro años y medio en Irak constituye «una pesadilla sin final a la vista». Ello motivó una respuesta lamentable de un desconocido portavoz de la Casa Blanca (Trey Bohn) que escurrió el bulto apelando a recientes declaraciones del actual comandante, general David Petraeus, y del embajador en Bagdad Ryan Crocker, ante las Comisiones del Congreso.
Incompetentes, corruptos y negligentes
El general Ricardo Sánchez dirigió las tropas norteamericanas desde junio 2003 a julio 2004. En sus antecedentes constaba el haber servido como comandante de batallón en la primera guerra del Golfo en 1991, con Bush padre como presidente. Su renuncia tres años atrás se produjo en el cuadro del escándalo de las torturas en la prisión de Abu Ghraib, al probarse que éstas se venían cometiendo desde hacía años con pleno conocimiento y autorización de las autoridades militares (y también del Pentágono, por encima de ellas). En 2006 se acogió a la jubilación. No es la primera vez que formula críticas a la estrategia seguida en Irak, pero las últimas son las más virulentas y agregan un argumento de peso al reclamo generalizado de traer a los soldados de vuelta a casa.
En una exposición que carece de antecedentes de parte de un ex responsable militar, el general Sánchez calificó a los máximos dirigentes políticos de su país como «incompetentes, corruptos y negligentes en el cumplimiento de sus deberes», a tal punto que, en su opinión, si hubieran actuado de esa manera siendo militares, deberían haber sido convocados ante una corte marcial. «Nuestros dirigentes han expuesto una incompetencia estratégica patente», fue su categórica expresión.
La crítica se concentró en la estrategia de refuerzos militares del presidente Bush. En sus palabras: «(Norte)América continúa su combate desesperado en Irak», sin ser capaz de elaborar una estrategia adecuada, «ni siquiera en la lucha contra el extremismo». Esta «tentativa desesperada ha sido llevada adelante por una administración que no tomó en cuenta el alcance político y militar de esta guerra. En adelante, lo mejor que podríamos hacer es impedir un derrota. No hay duda de que (Norte)América vive una pesadilla cuyo final no se avizora».
Más muertes como perspectiva
En ausencia de una estrategia, la solución en Irak según el general Sánchez pasa por una reducción de los efectivos, aunque a su juicio las tropas deben seguir durante bastante tiempo ya que una retirada precipitada conduciría a una mayor inestabilidad regional. «Lo que sucede hoy en Washington no me permite abrigar ninguna esperanza», agregó. Y mientras no haya un cambio, la perspectiva es que los militares sigan muriendo en el terreno.
Sus críticas se dirigen no sólo al gobierno de Bush, sino también a la actitud del Congreso y al conjunto de la clase política, en un cuadro en el cual «las querellas partidistas trabaron el esfuerzo de guerra».
La desabrida reacción de la Casa Blanca ante estos juicios lapidarios fue invocar las declaraciones del actual comandante de las tropas general David Petraeus y del embajador en Bagdad Ryan Crocker en su comparecencia ante las comisiones del Congreso, olvidando que ambos fueron vapuleados en su transcurso y no convencieron a nadie, ni en el Congreso ni en el seno de la opinión pública.
Ésta reclama en grado creciente la retirada de las tropas, y tres de cada cuatro ciudadanos estadounidenses reprueban la política del gobierno en Irak. Lo mismo acontece con la opinión pública iraquí. En este sentido los cables nos informaban ayer que un alto responsable chiíta, Ammar Hakim, reclamó la retirada total de las tropas extranjeras, al tiempo que rechazó la instalación de bases militares permanentes por parte de dichas tropas. Este pronunciamiento (que se suma a otros muchos anteriores) tiene relevancia por varias razones: porque lo formula el dirigente máximo del Consejo Supremo Islámico Iraquí (CSII); porque esta fuerza constituye un apoyo indispensable para sostener al gobierno de coalición del primer ministro Nuri al-Maliki, ya debilitado por la salida de otras fuerzas importantes, como las que responden a Moqtad al-Sadr; porque está unido al reclamo de que «Irak recobre su total soberanía» y de que «no haya bases para las tropas extranjeras en Irak»; y porque está unido al reclamo formulado al Parlamento de que vote una ley sobre el petróleo que establezca un nuevo modelo de reparto de las ganancias entre las diversas provincias, tema en discusión con las autoridades norteamericanas.
Las matanzas de civiles
Por último Ammar Hakim (que es hijo y heredero político del líder del movimiento chiíta en Irak, Abdel Aziz Hakim), aludió a las matanzas ocasionadas por las tropas de ocupación entre la población civil. Mencionó concretamente la última de ellas, cuando el 5 de octubre un doble ataque aéreo norteamericano mató a 25 habitantes el poblado chiíta de Al Jayzani. Ésta se sumó a varios atentados anteriores, allanamientos de viviendas y encarcelamiento diario de decenas de personas en las cárceles regenteadas por los ocupantes y que son reconocidos antros de torturas. La ONU informa que hay 44.325 presos en Irak. Particularmente mortíferos son los atentados perpetrados por las bandas de mercenarios a sueldo (como Blackwater y URG), contratados por el Pentágono, responsables de varios asesinatos colectivos, y que operan con un estatuto de impunidad absoluta.
Este pronunciamiento en Irak, sumado a las declaraciones del general Sánchez en EEUU, confluyen en el reclamo que ya tiene alcance universal de poner fin a la invasión a Irak. *
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