Un procedimiento que tiene 213 años de antigüedad
Washington, ANSA
La prolongada pulseada entre Al Gore y George Bush sobre la legitimidad de los resultados del 7 de noviembre corre el riesgo de crear un vacío de poder sin precedentes en la historia norteamericana.
Los expertos están alarmados. «Es una situación muy difícil que tiene el poder de infligir serios daños a nuestro sistema constitucional», afirma Thomas Mann, un politólogo de la Brooking Institution.
En la mira está el sistema electoral, y en particular el recurso al farragoso mecanismo de los Grandes Electores para elegir al presidente. Se trata de un procedimiento de 213 años de antigüedad, ya varias veces cuestionado: más de 700 propuestas de modificación quedaron empantanadas durante años en el Congreso. La extraña situación creada por los resultados electorales desencadenó una ola de nuevas propuestas. Pero mientras tanto es necesario hallar una manera de salir del estancamiento actual con las viejas leyes. La crisis constitucional es una posibilidad concreta. El ex secretario de Estado Warren Christopher, encargado por Al Gore de vigilar la regularidad del recuento de votos en Florida, se escudó de inmediato: «No queremos crear una crisis constitucional de ese tipo».
Pero George Bush echa leña al fuego. «Las amenazas demócratas de acciones legales en Florida –reafirmó hoy Karen Hughes, vocera del gobernador– pueden minar en la base el proceso constitucional de elección del presidente, y provocar consecuencias imprevisibles».
La de la crisis constitucional es una posibilidad temida por el propio presidente Bill Clinton, dividido entre la simpatía personal por Gore y la necesidad institucional de mantenerse por encima de las partes.
«Si ésta debiera convertirse en una crisis constitucional, es importante para el presidente proteger la confianza en el proceso –admitió un funcionario de la Casa Blanca–, haremos todo lo posible para garantizar que la gente siga teniendo fe en el sistema».
Una empresa que no es fácil. Los norteamericanos, convencidos hasta el martes de vivir en la democracia más estable del mundo, se encontraron el miércoles sumergidos en una atmósfera digna de una república bananera.
La ley federal prevé que los Grandes Electores se reúnan el 18 de diciembre próximo para nombrar al nuevo presidente, que el Congreso ratifique la elección el 6 de enero y que el nuevo inquilino de la Casa Blanca entre en funciones el 20 de enero. Un posible escenario constitucional es que los Grandes Electores –si el resultado de Florida está aún bloqueado por recursos legales– se reúnan igualmente el 18 de diciembre. La Constitución norteamericana requiere sólo que el presidente electo «tenga la mayoría de la cantidad de los Grandes Electores nombrados». En este caso, sería Gore quien sea elegido presidente. La regla nació en 1804, en la XII Enmienda constitucional, para evitar que un puñado de estados disidentes pudiera bloquear la elección del presidente simplemente negándose a enviar sus Grandes Electores a Washington.
Como aún está vigente, corre el riesgo de complicar las cosas si la batalla por Florida se prolonga en el tiempo.
«La alternativa es postergar la reunión de los Grandes Electores hasta que se aclare el resultado de Florida –afirma el politólogo Larry Sabato–, pero esto corre el riesgo de crear un peligroso vacío de poder».
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