La prensa busca a los culpables
Nueva York, ANSA
Dan Rather, el decano de los animadores de la televisión, escribió el epitafio sobre el clamoroso desastre protagonizado por las cadenas de televisión en la Noche de la Elección:
«Rompimos la esfera de cristal. Comimos vidrio y ahora estamos al final de nuestra vida».
Otro autorizado mea culpa llegó de parte de la ABC: en un e-mail al público de su telenoticioso el animador Peter Jennings admitió que la televisión «se equivocó» y que «el proceso en el que durante años se basaron las estimaciones del voto y la protección de los resultados es imperfecto».
Pero los dos animadores, con su pública autocrítica, se lavaron las manos del fracaso de Florida.
Desde 1990, los canales de televisión trabajan en conjunto con el Voters News Service, una agencia poco conocida pero infinitamente poderosa, formada por redes de televisión y por la Associated Press que en la primera velada, con comicios aún abiertos en la costa oeste, dio Florida a Al Gore, luego la pasó a George W. Bush y finalmente se la quitó a ambos.
El VNS hizo sus predicciones a partir de los resultados en boca de urna: en todo el país se eligieron 1.500 circunscripciones en las que se realizaron entrevistas a la salida del comicio.
Los entrevistadores tienen en la mano módulos en los que piden opiniones sociológicas a los electores además de la preferencia sobre los candidatos.
La muestra fue elegida con atención para que sea lo más representativa posible.
Los datos obtenidos son confrontados con una muestra de resultados efectivos.
«Esta vez sin embargo los modelos utilizados en el pasado no funcionaron», admitió el VNS en un comunicado.
En cuanto a las causas por las que el sistema se hizo pedazos lo decidirá una investigación abierta por el propio Voters News Service. Pero los especialistas de medios se apuraron a apuntar a la fama de las cadenas para obtener la primicia.
«Los noticiarios se construyen diariamente en base a criterios que tienen poco que ver con las noticias», protestó Marvin Kalb del Center for People and the Press. Mientras un ejecutivo de la televisión atribuyó la excepcional dificultad generada este año a razones financieras.
Tom Woltzen, ex productor de la NBC, dijo que la decisión de formar el Voters News Service fue un acto de miopía.
«Ahora sabemos qué sucede cuando se cede a los recortes de presupuestos y se termina con una sola fuente que no permite confrontar datos».
El Colegio Electoral terminó finalmente en el banquillo de los acusados pues el mecanismo del voto indirecto para elegir presidente en Estados Unidos está recibiendo toda clase de críticas y ataques.
«Es un resabio del pasado», sostienen los detractores del sistema; «tutela el sistema federal», afirman sus defensores.
Mientras tanto los diarios se interrogan y el New Yorker lo juzga «dañoso» y el sitio de la CNN recibió un artículo del politólogo Bill Press donde sostiene «debemos desembarazarnos de él».
Esta vez, la tormenta es violenta. La alimentó la posibilidad de que George W. Bush, el candidato republicano, sea presidente a pesar de haber obtenido menos votos populares que su rival, Al Gore, el candidato demócrata.
Había ocurrido ya antes: para ser más precisos en tres oportunidades, en 1824 –sacó ventaja del sistema John Quincy Adams, hasta ahora el único hijo de un presidente que regresó a la Casa Blanca con ese mismo cargo–, en 1876, y también en 1888.
Pero eran otros tiempos: no existía el sufragio universal, la democracia estaba menos arraigada y los Estados eran menos de cincuenta.
Los dos partidos hasta ahora han evitado plantear el problema y, así, los demócratas, víctimas de turno del mecanismo, dijeron que no querían generar una crisis institucional. Pero William Daley, el jefe de la campaña de Gore, hoy afirmó que «para que la voluntad del pueblo prevalezca Gore debería recibir el reconocimiento de la victoria».
El diputado de Illinois, Ray LaHood, libra desde hace tiempo una batalla, hasta ahora solitaria, en contra del Colegio Electoral: LaHood, republicano, hizo alianza con un demócrata, el senador Dick Durbin, para llevar adelante la idea de una enmienda constitucional para elecciones directas.
Una empresa a menudo intentada pero nunca lograda. En la historia norteamericana, se hicieron más de 7.800 intentos de abolir el Colegio pero nadie tuvo éxito y, finalmente, el martes 7, la idea era poco discutida y poco popular.
El resultado incierto del voto 2000 parece hecho especialmente para relanzar la batalla de LaHood, que acaba de ser reelecto en su distrito con el 68 por ciento de los votos.
Esta vez, es probable que encuentre más apoyos.
En contra de la revisión del Colegio están los pequeños estados, que pesan más con los Grandes Electores que con los votos populares: un Estado como Wyoming, con menos de medio millón de habitantes, es decir, el 0,001 por mil de la población norteamericana, tiene 3 Grandes Electores, es decir, el 0,5 por ciento del total.
En efecto, los Grandes Electores constituyen un anclaje federal; el Colegio garantiza que un candidato muy popular en una región, pero impopular en otras o escasamente conocido, sea presidente. Para reunir la mayoría, se necesita conquistar estados de regiones distintas.
Pero quien no tolera el hiato entre voto popular y Grandes Electores recuerda que los Padres de la Constitución replantearon las garantías del federalismo sobre todo en el Senado: dos senadores por cada Estado, pequeño o grande.
Wyoming tiene allí el 2 por ciento, cuatro veces más que en las elecciones del presidente, 2.000 veces más que su población.
Además, en la época en que nació Estados Unidos había más atención por el Congreso, es decir, por el Parlamento que por el presidente.
Y luego está siempre la posibilidad de que un Gran Elector traicione el propio mandato, en general, son leales al partido que los ha propuesto para el Colegio. Pero al menos nueve veces en el pasado, un Gran Elector votó de manera distinta: puede hacerlo, sin incurrir en sanciones.
La última vez ocurrió en 1988, cuando los Grandes Electores demócratas tenían que votar por el candidato a la presidencia Michael Dukakis, largamente combatido.
Una delegada de West Virginia, Margarette Leach, votó por el «vice» de Dukakis, Lloyd Bentsen, como presidente: «Quería dar una señal en contra del Colegio», explicó.
Otros casos singulares recientes se verificaron en 1976 y en 1972, todos sin impacto en el resultado de las elecciones.
Si Bush reúne 271 Grandes Electores, con Florida, bastarían dos delegados que decidan respetar la voluntad popular para que Bush no alcance el mínimo de los 270 electores.
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