Escrito por: NIKO SCHVARZ

ESTOS TEMAS se seguirán debatiendo en una reunión internacional a efectuarse en la isla indonesa de Bali del 3 al 14 de diciembre próximos. El objetivo es tomar allí decisiones que posibiliten un acuerdo global a fines de 2009 para renovar el protocolo de Kyoto, que expira a fines de 2012. La dificultad principal estriba en la actitud de EEUU, reiterada el viernes 28 por Bush en el cónclave de Washington.
Ya comentamos en notas recientes (“Las provocaciones de Bush en la ONU” y “Digna respuesta al delírium trémens del gendarme mundial”) la firmeza de la respuesta de Cuba (Felipe Pérez Roque), Irán (Mahmud Ahmadinejad), Nicaragua (Daniel Ortega), Zimbabwe (Robert Mugabe), al tiempo que el boliviano Evo Morales unió la condena a la política belicista del imperio con la defensa de la madre tierra, la Pachamama, y de la ecología, contra el calentamiento global y los efectos catastróficos del aumento de la temperatura del planeta y del nivel del mar. En el mismo sentido se pronunció el canciller cubano.
No es la primer vez que EEUU recibe una extendida condena en la ONU. Ya ocurrió en las sucesivas votaciones contra el bloqueo a Cuba, en que se queda solo con Israel y alguna isla bajo su fideicomiso. O en las condenas prácticamente unánimes contra las agresiones de Israel a los palestinos, en que EEUU aparece como el casi único sostén de su aliado.
En esta Asamblea, al defender el derecho de las naciones a desarrollar la energía nuclear con fines pacíficos, Pérez Roque señaló que EEUU “amenaza con la guerra y la destrucción a unos países mientras permite al aliado agresivo disponer de cientos de artefactos nucleares y ayuda a modernizarlos continuamente”.
Lo nuevo ha sido, en el caso actual, la difusión internacional del enfrentamiento directo a la política exterior de EEUU, que mostró su aislamiento y su falta de respaldo ante la faz del mundo. Millones de personas pudieron percibirlo a lo extenso del planeta. En nuestras latitudes, Telesur y la propia CNN contribuyeron a la difusión en directo de las posiciones de los gobernantes del Tercer Mundo. Algo está cambiando en la ONU, por lo menos en los debates de su Asamblea General, cuyas prerrogativas deben consolidarse y ampliarse, como sostuvieron varios representantes. Lo nuevo es también, en el mismo sentido, la magnitud de la condena a la guerra de Irak, tanto en EEUU como en el mundo, y esto se palpó en el curso de los debates.
Organizada por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, bajo el título: “El porvenir en nuestras manos: el cambio climático, un desafío para nuestros dirigentes”, la Cumbre del lunes 24 reunió a representantes de 150 países, entre ellos 80 jefes de Estado. La tónica la dio el secretario general al declarar: “El grupo intergubernamental de la ONU sobre el cambio climático afirmó sin equívocos que nuestro sistema climático se recalienta y que ello se debe directamente a las actividades humanas. El tiempo de la duda ha pasado. La respuesta que aportaremos al cambio climático definirá nuestra época y determinará la herencia global que dejaremos a las generaciones futuras”. Bush no asistió y sus emisarios dijeron que cada país debía tomar medidas por su propia voluntad y no debían fijarse reducciones tal cual establece el protocolo de Kyoto. Una posición diametralmente opuesta sostuvo el ex vicepresidente Al Gore, que lleva a cabo una campaña mundial en defensa de los valores de la ecología.
En un plano similar se ubicó el gobernador de California Arnold Schwarzenegger, quien impulsó con apoyo de los demócratas una ley en su estado, vigente desde 2006, que obliga a las empresas a reducir sus emisiones de CO2. Por su parte el presidente Lula, al abrir los debates de la Asamblea General el martes 25, afirmó que el mundo necesita una nueva matriz energética y destacó las virtudes de los biocombustibles en la preservación del medio ambiente, señalando que el uso del etanol en Brasil en los últimos 30 años evitó la emisión a la atmósfera de 644 millones de toneladas de los gases causantes del efecto invernadero. En su opinión, la producción en gran escala de biocombustibles es además plenamente compatible con la seguridad alimentaria, ya que el hambre en el mundo no se debe a la falta de alimentos sino a las inequidades socioeconómicas que afectan a casi mil millones de seres.
El debate se reavivó en la contracumbre organizada por Bush en Washington el jueves y viernes. Condoleezza Rice dijo que “el sistema actual no puede ser duradero y debemos trascenderlo completamente por una revolución en la tecnología de la energía”. El secretario de la Convención de la ONU sobre cambio climático (Unfccc), Yvo de Boer, le respondió que no alcanza con la tecnología, sino que ella “es uno de los cuatro pilares, junto a la reducción de las emisiones, la adaptación a las consecuencias y el financiamiento”. (Sobre la tecnología se registró un incidente jocoso en la sesión de apertura, ya que el proyector utilizado por el consejero de Bush, James Connaughton, para ilustrar su punto de vista, no funcionó). Rice insistió en que cada país debe tomar sus propias decisiones, sin verse constreñido por un tratado internacional como el de Kyoto, vigente desde 2001. El delegado francés Brice Lalonde (recién nombrado “embajador en las negociaciones sobre cambio climático”, con tradición en los temas ecológicos, alcalde de Saint-Briac, en Ille-et-Vilaine, y curiosamente primo de John Kerry, candidato demócrata a la presidencia en 2004) le replicó: “Es necesario que EEUU adopte objetivos de reducción. Es la condición de su credibilidad”.
En su intervención del viernes ante los delegados de los otros 16 países, Bush reiteró su oposición a la aplicación de cuotas obligatorias que limiten las emisiones de gas de efecto invernadero y sostuvo que “cada país debe decidir por sí mismo la correcta combinación de herramientas y tecnología”, sin asumir compromiso alguno. Como se sabe, los grandes empresarios de EEUU se oponen frontalmente a medidas de este tipo, alegando el aumento de costos resultante.
Estos hechos han elevado el desprestigio de EEUU en el mundo y el de Bush en su país, coincidiendo con el rechazo a la guerra de Irak. Crece la indignación, tanto en Irak como en EEUU, por la conducta de los asesinos a sueldo de la empresa Blackwater, contratada por el Pentágono, que masacra a la población civil y se mantiene en el país a pesar del reclamo del gobierno iraquí y de la población de que se vaya. No es la única en practicar ese oficio (están además la DynCorp Intl. y otras). Destacamentos del ejército de EEUU son acusados de nuevas matanzas, operando con helicópteros, en un barrio de Bagdad. Se revelan documentos que muestran cómo Bush manipuló a la ONU, junto con Blair, Aznar y Berlusconi, para invadir Irak. Seguiremos con estos temas. *
OTRAS NOTICIAS EN LARED21