El Líbano, pulseada mortal

Como era de prever el Parlamento libanés pospuso la elección de un nuevo presidente para el 23 de octubre. La sesión convocada para el 25 de setiembre terminó en fracaso, porque la mayoría de los parlamentarios de la oposición pro-siria no ingresaron a sala. Los parlamentarios de los dos bloques enfrentados no solo no están de acuerdo en un candidato de consenso para sustituir al presidente pro-sirio Emile Lahoud, cuyo mandato expira el 24 de noviembre, sino que no están de acuerdo siquiera sobre los procedimientos legales de la elección. Mientras la coalición gubernamental del 14 de marzo insiste en que en caso de no llegarse a un acuerdo corresponde elegir al presidente por mayoría simple, la oposición aliada a Hezbolá considera que solo será legítimo un presidente electo por dos tercios de los votos.

Por primera vez en muchos meses parece haber un comienzo de diálogo entre ambos bloques enfrentados. La edición del «New York Times» del 26 de setiembre informa de declaraciones positivas de voceros de las dos partes. Saad Hariri, líder de la coalición gobernante e hijo del primer ministro libanés Rafic Hariri asesinado en febrero de 2005, habló con el presidente del Parlamento, el chiita Nabih Berri, aliado de Hezbolá, y dijo al salir de la reunión que el clima es positivo y que es optimista. Un consejero de Berri, Ali Hamdan, declaró por su parte que «todo el mundo en el país tenía temor de que nos encaminábamos hacia algo peligroso con la elección presidencial, especialmente después del asesinato de Ghanem. Hoy creo que recuperamos el optimismo».

Pero la pulseada por el poder no promete ser fácil en absoluto. La desconfianza mutua, exacerbada por los asesinatos de parlamentarios (de los que nadie duda de que fueron ordenados o ejecutados por la Inteligencia siria), han generado una atmósfera de miedo. Un corresponsal del diario francés «Le Figaro» en Beirut cuenta en la edición del 25 de setiembre que el parlamentario Fouad Assad recluido en el hotel Phoenicia Internacional con otros diputados de su bloque dijo «Ningún lugar es seguro. Si seguimos en el hotel durante varias semanas, ellos ya van a encontrar la forma de liquidar a alguno de nosotros. Hacemos una apuesta insegura por nuestra supervivencia. Estamos debajo de una espada de Damocles». Según Elías Atallah, un diputado de la izquierda democrática: «Es extraño y absurdo que nos lleve semanas elegir un presidente tratando de encontrar una solución a la libanesa mientras estamos jugando a pesar nuestro un partido interminable de ruleta rusa».

El comienzo de diálogo no ha hecho desaparecer el áspero clima de confrontación. Walid Joumblatt, el líder druso antisirio, hizo un discurso que el diario francófilo libanés «L´Orient le Jour» definió como «el ataque más virulento hasta hoy contra Hezbolá». Joumblatt definió a Hezbolá como un partido totalitario y sostuvo que «emplea contra el Estado y contra todos los libaneses todas las formas de terrorismo intelectual y político con el fin de extender su autoridad y dominio sobre el Líbano».

Luego cuestionó el término empleado por Hezbolá para autodefinirse. «Debemos reconsiderar el sentido del nombre «resistencia» y darle una nueva definición para que termine la horrible explotación de este término que se está haciendo actualmente.

La resistencia, basada en regímenes democráticos, que lucha por liberar su territorio, preserva su sistema democrático porque pertenece a él y trata de consolidarlo, protegerlo y reforzarlo. Es por ejemplo el caso de la resistencia francesa, que después de la Liberación, se sometió a la autoridad del estado en el marco del sistema democrático francés. Pero en el caso de este partido totalitario (Hezbolá) la llamada resistencia no es sino una brigada perteneciente a los Guardias de la Revolución iraníes y una fuerza al servicio del régimen de opresión sirio. ¿Cómo podría proteger al sistema democrático en el Líbano?». Pero Joumblatt, al igual que los demás dirigentes del bloque de gobierno apoya las conversaciones con el presidente del Parlamento en la búsqueda de un candidato de consenso.

El Parlamento libanés consta de 128 bancas, de las cuales 68 pertenecen al bloque del gobierno y 59 a la oposición. Con el asesinato de Antoine Ghanem los diputados pro-gubernamentales se reducen a 67.

De acuerdo a la interpretación de la Constitución de la oposición el gobierno debe tener 86 diputados y no 68 para lograr la elección de su candidato. Según la periodista Mouna Naim, corresponsal de «Le Monde» en el Líbano «se trata de una discusión bizantina ya que el quórum necesario para proceder a una elección presidencial no es mencionado en la Constitución».

Por ahora el único candidato de la oposición es el general Michel Aoun, líder de la «Corriente Patriótica Libre» mientras que hay tres candidatos de la mayoría pro-gubernamental: Boutros Harb y Nassib Lahoud, ambos miembros de la coalición del 14 de marzo y el diputado Robert Ghanem que se define como independiente. Obviamente en la última etapa de las votaciones el bloque votará a un solo candidato.

Los diputados más optimistas confían en que finalmente se encontrará un «acuerdo a la libanesa» que permitirá encontrar una salida honorable a la confrontación entre los dos bloques. El problema es que hay demasiados cadáveres en el camino.

Tariq Alhomayed el editor del diario árabe «Asharq Alawsat» de Londres describe la situación del Líbano como una continuación de la película «El padrino».

Cuenta un cuento popular árabe acerca del robo de unas gallinas que termina con una enorme matanza… que no se hubiera producido si se hubiera encontrado y castigado al ladrón de gallinas. Del mismo modo, afirma, si no se hubiera producido el asesinato de Rafic Hariri, la situación del Líbano no habría llegado a los extremos de hoy. La persistencia de las mafias del Líbano en continuar sus crímenes impunemente está en la raíz de los problemas del país. Para Alhomayed «el problema en el Líbano y en el mundo árabe es que nadie paga el precio de la sangre y la destrucción».

Pero si los aliados libaneses de Siria e Irán podrían estar dispuestos en algún momento a una verdadera reunificación del Líbano, no es creíble que Irán y Siria lo permitan. En los ásperos debates entre gobierno y oposición, mientras los primeros acusan a éstos de estar al servicio de sus países vecinos, los segundos retrucan diciendo que el gobierno es vasallo de los Estados Unidos e Israel. Pero este último planteo es visiblemente falso. De imponerse la coalición liderada por los cristianos no habrá ningún ejército libanés paralelo al legal. En cambio, si se impone el bloque liderado por los chiitas, es obvio que primarán los intereses de Hezbolá, que es lo mismo que decir, de los Guardianes de la Revolución iraníes, por sobre los del Estado libanés.

La confrontación verdadera se plantea entre la recuperación de la soberanía, pluralismo y democracia por un lado y sumisión a los intereses expansivos de la revolución islámica iraní en el Medio Oriente por otro. *

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