Antisemitismo y fascismo
Por Guillermo Israel
«La orden ha sido cumplida», pudo informar Himmler a su Fürer, Adolfo Hitler, al atardecer del 10 de noviembre: 283 sinagogas consumidas por las llamas, unos 7.000 comercios de ciudadanos judíos saqueados y deshechos, casi un centenar de personas heridas y maltratadas por las hordas nazis, tiradas en las calles, sin atención alguna.
22.000 ciudadanos judíos fueron llevados a los campos de concentración, de los cuales muchos fueron exterminados en las cámaras de gas.
«Muerte a los judíos». Estos gritos terroríficos sonaron en las calles de las ciudades alemanas como anticipo del holocausto, que poco tiempo después, al iniciarse la segunda guerra mundial, llevó a la muerte a millones de judíos y ciudadanos de los países ocupados por los soldados del «Tercer Reich», en su marcha para conquistar el mundo, para sus verdaderos patrones, el gran capital financiero alemán.
Es cierto, el antisemitismo ya existió antes de Hitler, pero nadie antes lo usó con tanta ferocidad y con tanto menosprecio por el género humano como Hitler y sus secuaces.
Augusto Bebel, el destacado dirigente de la socialdemocracia alemana, estigmatizó ya en 1894 en su obra «Socialdemocracia y Antisemitismo» este malón muy arraigado en las clases dominantes alemanas. Más tarde ha sido Rosa Luxemburgo, judía polaca y brillante luchadora contra la xenofobia y el chovinismo, ruso, alemán o donde éste surgiera, la que dijo, para que pueda surgir un pogromo antisemita, tiene que haber un ambiente de infamia, cobardía, reacción y embrutecimiento.
Por cierto, en la Alemania nazi hubo todo eso y el odio y la teoría racial se habían convertido en razón de Estado. Es alarmante que en Alemania actúen hoy grupos y partidos neonazis que no sólo añoren los tiempos de Hitler sino que practican sus métodos xenófobos y antisemitas. Es, por otro lado, preocupante que la gran mayoría de los jóvenes alemanes no sepan lo que es holocausto, señala el prestigioso semanario hamburgués «Die Zeit».
Xenofobia y extremismo se basaron y se basan ayer como hoy en la ignorancia de la gente. Los nazis y su jefe Adolfo Hitler han sido nuestros maestros de la demagogia y del engaño sistemático. No otra cosa ha sido la teoría racial de los nazis, las ignominiosas leyes raciales de Nuremberg, que proclamaban la superioridad de la raza aria y el destino reservado para Alemania y sus ejércitos agresores, llamados a conquistar el mundo.
Dividir a los pueblos por el color de su piel, por la religión que profesan o por las tradiciones que cultivan, ha sido la política oficial del nazismo y quienes hoy predican tales prácticas retrógradas deben ser denunciados y combatidos con energía.
Recordemos al eminente poeta alemán y judío, Heinrich Heine, cuyas obras fueron quemadas en 1933 por hordas nazis junto a las de Carlos Marx, Einstein y tantos otros, en una plaza berlinesa, que dijo mucho antes, que se empieza quemdando libros y se termina quemando seres humanos.
Recordar el 62 aniversario que dio inicio al holocausto impone acentuar la denuncia de las actividades neonazis allí donde éstas aparezcan.
Recordar y no olvidar las atrocidades cometidas contra los judíos en la Noche de los Cristales Rotos, ayuda a cultivar el respeto por el próximo, que es, sin duda, el fundamento en el cual descansa el progreso y el humanismo.
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