"La mafia nos robó la Presidencia"
La editorial Grijalbo distribuyó el libro «La mafia nos robó la Presidencia. Sólo le han quitado una pluma a nuestro gallo», escrito por Andrés Manuel López Obrador, a quien sus seguidores proclaman «presidente legítimo de México».
En su texto, de 301 páginas, el tabasqueño documenta lo que él considera un «despojo» electoral. Escarba en la memoria y puntualiza sobre algunos sucesos que, en su opinión, han marcado hasta ahora su trayectoria como dirigente social y político, primero en el PRI, después en el PRD.
Aborda los mitos que, según él, se han creado sobre su persona: «Actuar con base en mi criterio me ha valido la imagen de terquedad. Me acusan de que soy inflexible, que resuelvo solo, incluso que soy intolerante. Pero no es así. En realidad no soy como me pintan, sé rectificar y no soy autocomplaciente.
«A quienes, incluso de manera simplista, quieren saber si estoy más cerca de Chávez o de Lula, de una vez aprovecho para decirles que me considero de izquierda y pelliceriano, porque este maestro (Carlos Pellicer, un de sus padres políticos) protestó por la injusticia social y escribió poemas en voz alta, siempre llenos de esperanza…».
Dividido en cuatro capítulos y escrito en primera persona, López Obrador ofrece en la segunda parte del libro, aunque no con el rigor ni con la precisión que reclama cada caso, destellos de la presunta participación de actores políticos, empresariales y hasta intelectuales que se aliaron para ponerle piedras en el camino antes, durante y después de las elecciones presidenciales del 2 de julio de 2006. En algunos pasajes, por ejemplo, aporta datos que se conocen poco a sólo a medias, pero que, ya entrelazados cronológicamente, muestran, según el autor, la confabulación de intereses tanto para bloquear su candidatura como para escamotearle el triunfo. Según López Obrador, la embestida del gobierno de Vicente Fox en su contra se desató a mediados de 2003, en las elecciones intermedias, cuando el PRD ganó en el Distrito Federal 13 de las 16 delegaciones y la mayoría en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Cuenta una anécdota. Dice que cuando despachaba en el viejo Ayuntamiento de la ciudad recibió la visita de un empresario –del que se reserva su nombre–, quien le confió que Fox le había dicho que por ningún motivo permitiría que López Obrador fuera presidente de la República. Fox adujo en ese entonces que temía que López Obrador lo metiera a la cárcel en caso de llegar a Los Pinos. López Obrador escribe que de esa animadversión se desprendió «una serie de ataques». Recuerda, por ejemplo, que a finales de 2003 le brincó el asunto del paraje San Juan, por el que un juez pretendía obligarlo a pagar a Fernando Arcipreste del Abrego una indemnización de mil 810 millones de pesos.
El asunto fue resuelto satisfactoriamente, refiere, pero asegura que su relación con el Poder Judicial quedó dañada.
Con días de diferencia, sobrevino después el escándalo de su ayudante de toda la vida, Nicolás Mollinedo, a raíz de la publicación de una nota que revelaba el elevado sueldo que éste cobraba. En este ataque, López Obrador vio la mano de su mayor adversario político, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, quien con ayuda de Fox asegura regresó del exilio a principios de 2003 con la «idea de recuperar sus fueros». Y afirma que Salinas reagrupó a empresarios, políticos y comunicadores con los cuales había establecido, durante su mandato, relaciones de complicidad y que le guardaban obediencia por amistad o miedo.
En vísperas de los comicios, cuando llevaba de tres a cinco puntos porcentuales de ventaja sobre Felipe Calderón, Fox intensificó la embestida contra él, asegura el ex candidato de la coalición Por el Bien de Todos. Y expone que la inmoralidad de Fox llegó a tal punto que, en una reunión en el club de Industriales, el entonces presidente le pidió a Carlos Slim, al cardenal Norberto Rivera, a Olegario Vázquez Raña y a Juan Francisco Ealy Ortiz, entre otros, que ayudaran a Calderón. *
* En acuerdo con la revista mexicana Proceso.
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