Una réplica contundente al discurso de Bush
HABÍAMOS PREVISTO que en su largamente anunciado mensaje a la nación (el octavo desde la invasión del 19 de marzo de 2003 y precedido por las comparecencias del general David Petraues y del embajador Ryan Crocker ante el Cogreso), el presidente Bush habría de anunciar, de hecho, la permanencia de las tropas de ocupación en Irak por un largo período, que algunos estiman en 10 años, y de paso arrojar todo el fardo sobre el próximo presidente, que probablemente no será republicano; y que ese discurso no conformaría ni a la población, ni la oposición demócrata y ni siquiera a parte de los republicanos. Es lo que sucedió, en proporción mucho mayor a lo esperado.
«La declaración de un charlatán»
El New York Times fue lapidario: «La afirmación de Bush sobre que las cosas se desarrollaban tan bien en Irak que podía ‘aceptar’ las recomendaciones de su general para una reducción de las fuerzas desplegadas, es una declaración de charlatán», escribe en su editorial, para agregar: «Su único plan consiste en crear la confusión necesaria entre los estadounidenses e intimidar a suficientes miembros del Congreso para legar a su sucesor esta guerra desastrosa que jamás debería haber empezado. Ninguna nube de humo puede esconder la verdad: Bush no tiene ninguna estrategia para terminar esta guerra desastrosa y contener el caos que provocó».
Es la descripción exacta de la realidad. El presidente ordenó una escalada en enero que comenzó a aplicarse el 1º de febrero con 30 mil hombres más en el terreno, para un total superior a los 160 mil. Ahora, en cuentagotas, va a retirar a 2000 marines y otro reducido contingente (en total 5700 soldados) en diciembre, para llegar, en lo que hemos denominado un largo parto de más de nueve meses, a la misma cantidad de efectivos que antes del envío de los refuerzos. Esto cuando otros países, como Gran Bretaña, se mandan mudar del sur de Irak y cuando el número de bajas del ejército norteamericano supera las 3.700, lo que enciende la cólera y la protesta de la población, evidenciada el sábado en nuevas manifestaciones por el retorno de los soldados.
Petraues y Crocker se concertaron para presentar ante el Congreso algunos módicos avances de la situación en Irak, que en realidad no son tales. De los 18 objetivos que condicionaron el envío de los refuerzos (contra la opinión manifiesta de la ciudadanía), 11 no se cumplieron en absoluto, 3 sí y los 4 restantes a medias. Llamó la atención la extensión desmesurada que adquirió en el discurso de Bush la descripción de la situación en la provincia sunnita de Al Anbar, donde los jefes tribales se colocaron junto a las tropas norteamericanas y presuntamente contra Al Qaeda. En las horas previas al discurso de Bush, uno de los principales jefes de estas tribus, Abdul Sattar Abu Risha, murió víctima de un atentado reivindicado por Al Qaeda, al que siguieron otros diversos ataques en un sangriento inicio del Ramadán.
Un demócrata que habla en español
O sea que no se ha avanzado para nada en la pacificación en el terreno, lo que en buena medida se debe a la acción de las propias fuerzas norteamericanas, como en grado creciente sostienen los propios iraquíes y la opinión pública internacional.
El discurso de Bush, según la práctica, fue objeto de réplica en las cadenas de TV por parte de un representante demócrata (en este caso el diputado Silvestre Reyes, de Texas, que habló en español) cuya contundencia me sorprendió. Se dirá que son solo palabras… Dijo que el discurso era «contraproducente, peligroso e inaceptable» y que corresponde únicamente el retorno de las tropas, porque lo que proporcionó el presidente es «una receta para una guerra que no tiene fin». Afirmó categóricamente que la seguridad de EEUU no aumentó, sino que es más vulnerable; que el terrorismo se extendió y que la situación es más inestable en Irak, así como en Pakistán. El líder demócrata en el Senado, Harry Reid, señaló a su vez que «Bush juega con el tiempo y deja las decisiones difíciles al próximo presidente». Los demócratas se aprestan a hacer votar en el Senado una propuesta para reducir la estadía de los soldados en Irak, pero no llegan a los 60 votos necesarios; y reciben el apoyo de algunos republicanos ansiosos de desmarcarse de Bush antes de las próximas elecciones, pero sin que se alcance el número requerido. El presidente volvió a negarse de plano a esta medida, y en su alocución semanal del sábado insistió en los riesgos que entrañaría una retirada de Irak, al tiempo que deslizó ataques a Irán y a Siria.
Al mismo tiempo, el gobierno de Nuri al-Maliki se debilita cada vez más y está al borde de la desintegración. Acaba de retirarse del mismo el jefe radical chiíta Moqtad al-Sadr. El gobierno verdadero está en el mando de las tropas y en la embajada enclavada en la zona verde.
1/3 del país y 1/3 del Congreso
Una expresión de la toma de conciencia a nivel internacional sobre este tema la tenemos en los siguientes conceptos de un lector de Le Monde: «Los (norte) americanos no combaten en Irak contra Al Qaeda sino contra la población iraquí, cuya fuerte mayoría anhela el fin completo e inmediato de la ocupación de su país, responsable de cientos de miles de muertes».
Por la guerra de Irak y la de Afganistán, que comenzó antes, ha desfilado ya más de un millón de soldados estadounidenses. El representante demócrata David Obey resume así la situación: «Bush gobierna en adelante con un tercio del país y un tercio del Congreso». Pero no proyecta abandonar esa línea hasta el fin de su mandato. *
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