Sexo, honor y terrorismo

El 8 de setiembre pasado, una joven y exitosa autora teatral anglo-pakistaní, Yasmin Whittaker-Khan publicó una dolorosa confesión en el diario británico «Daily Mail» : su madre fue víctima de un asesinato de honor. Ella tenía 6 años cuando sucedió. No hubo pruebas suficientes contra su padre que fue liberado y volvió a casarse. Yasmin pasó a vivir con la nueva esposa y su hijo de un matrimonio anterior. Fue maltratada por ambos y vivió durante ocho años en una atmósfera de miedo, secretos y mentiras. Ahora, tres décadas después sostiene que alcanzó una «forma de justicia poética» al poder volcar sus experiencias en obras de teatro.

Muchos miles de mujeres no pueden alcanzar esa «forma de justicia poética» y sus dramas no llegan a trascender. El 2 de marzo de 2005 la revista alemana «Der Spiegel» comentó varios casos de asesinatos «por honor» ocurridos en Alemania: «En los pasados cuatro meses, seis mujeres musulmanas que viven en Berlín han sido brutalmente asesinadas por miembros de sus familias. ¿Su crimen? Tratar de librarse de la asfixia del encierro en el hogar y tratar de vivir como se vive en Occidente. En sus comunidades, los asesinos son reverenciados como héroes por preservar la dignidad de sus familias. ¿Cómo es posible que una práctica tan horrible y arcaica siga floreciendo en el corazón de Europa? Las muertes han provocado una indignación momentánea ¿Pero cambiarán la amarga realidad de la vida de las mujeres musulmanas?».

En Europa, de todos modos, los casos de asesinatos por honor no se cuentan por miles ni forman parte de la vida cotidiana como en los países musulmanes donde ni siquiera son noticia.

Un informe de «Amnesty Internacional» sobre la situación de las mujeres en Pakistán es sumamente ilustrativo: «Las mujeres en Pakistán viven en una atmósfera de miedo. Deben morir baleadas, quemadas, o acuchilladas si se considera que traen deshonor a la familia. Son asesinadas por supuestas relaciones «ilícitas», por casarse con maridos elegidos por ellas o por pretender divorciarse de maridos violentos. Incluso son asesinadas si son violadas y por lo tanto se considera que traen deshonor a la familia. Si las sospechas son verdaderas o no, no importa, la mera acusación es suficiente para traer deshonor a la familia y por lo tanto justifica su muerte».

Continúa diciendo el informe de «Amnesty»: «Las vidas de millones de mujeres en Pakistán están regidas por tradiciones que exigen una reclusión total y la sumisión a los hombres. De hecho sus familiares de sexo masculino son sus dueños y suelen castigar toda infracción a su código estricto de dominación de manera violenta. Por su parte, las mujeres soportan el control de los hombres sobre su cuerpo, sobre sus palabras y su conducta con estoicismo, pero el reciente surgimiento de grupos de mujeres que comenzaron a hacer valer sus derechos, han despertado una dura reacción: el número de asesinatos por honor ha crecido de manera paralela a su incipiente lucha por sus derechos».

¿A qué se debe este machismo feroz? El académico canadiense de origen ruso Jaime Glazov da una respuesta sumamente convincente. En un artículo publicado en el «FrontPage Magazine» en Internet el 4 de octubre de 2001 escribe: «En todo el Medio Oriente islámico, se enseña a hombres y mujeres a oponerse a todo placer, particularmente al placer sexual. A los hombres no solo se les enseña a no tocar a las mujeres; ni siquiera deben mirarlas. El sexo antes del matrimonio no es simplemente un pecado, sino una ofensa criminal… Los privilegios sexuales permitidos en las culturas islámicos están reservados a los hombres. La sexualidad femenina y su independencia social representan una amenaza a la supremacía masculina y son cuidadosamente vigiladas. De este modo, como lo revela la feminista Fitna Sabbah en su libro «La mujer en el inconsciente musulmán» existe un inquietante conflicto en el Medio Oriente entre la líbido sexual y la represión. Prevalece una profunda hostilidad a la individualidad que se expresa sobre todo en la misoginia. Segregados socialmente de las mujeres, los hombres árabes sucumben a una conducta homosexual. Pero curiosamente, no existe una palabra para «homosexual» en su cultura en el sentido moderno. Esto se debe a que tener sexo con adolescentes o niños, está considerado como una norma social aceptable. La sexualidad de los hombres se canaliza con la victimización de otros más jóvenes, del mismo modo que ellos mismos debieron sufrirlo. En estas circunstancias, la idea de amor no existe en relación al concepto masculino de la sexualidad. La esencia de la masculinidad árabe se reduce a herir a otros mediante la violencia».

En su libro «The trouble with Islam today» (El problema con el Islam) la periodista canadiense Irshad Manji , una musulmana que pretende reformar el Islam, relaciona claramente la frustración sexual con la violencia. Por su parte, Jamie Glazov analiza concretamente el caso de Mohammed Atta, el líder de los terroristas que atacaron las Torres Gemelas el 11 de setiembre, en un artículo publicado el 12 de octubre de 2001: «Mohamed Atta, el terrorista involucrado en el crimen contra la humanidad del 11 de setiembre, dejó un testamento revelador. El insistió en que no debería haber mujeres en su funeral o en su tumba más tarde. Asimismo dio estrictas instrucciones de que «quien lave mi cuerpo alrededor de los genitales debe usar guantes para no ser tocado allí». Obviamente Atta tenía muchos problemas. Pero lejos de ser un loco suelto, Atta refleja la profunda misoginia del Islam. Y son la misoginia, el autodesprecio y la rabia, los que prepararon sicológicamente a Atta y a sus compañeros para perpetrar su crimen».

«En el Islam se enseña a los varones a controlar su deseo (shahwa). Las mujeres son la encarnación del shahwa, que procede del diablo».

«En el Islam, el sexo solo está permitido en el matrimonio, pero aún en ese caso no es visto como un acto voluntario de dos seres humanos que se quieren. Es algo que solo tiene que ver con la necesidad de eyaculación del hombre. Como se da prioridad a esa necesidad, el hombre puede casarse con cuatro mujeres a la vez. El marido también puede casarse todas las veces que quiera, ya que se le permite disolver el matrimonio unilateralmente, simplemente repudiando a su mujer».

«La tentación islámica de realizar guerras violentas contra no-musulmanes es estimulada con el incentivo sexual de las huríes (las 72 eternas vírgenes en el paraíso que reciben al combatiente musulmán muerto en el campo de batalla). La hurí hace que las mujeres terrenales sean doblemente desechables. Pero la hurí en sí misma no es algo sagrado. Como lo señala Fatna Sabbah «ella no tiene dimensión espiritual; es una cosa que no tiene voluntad ni puede desarrollarse; no tiene intelecto, no piensa». La hurí es la manifestación última de la misoginia. Un hombre no puede despreciar a las mujeres y amarse a sí mismo. El odio a la mujer es un deseo de muerte encubierto».

Por su parte, el ensayista canadiense John R.Saul en su «Diccionario del que duda» expresa un concepto complementario, pero con un toque de lúcida ironía: «Es un poco simplista, pero no del todo errado, decir que los hombres que odian a las mujeres desquitan sus problemas sexuales con el mundo si tienen la oportunidad». *

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