Severo traspié del proyecto de Rigoberta Menchú
La candidata de partido Encuentro por Guatemala (EG, centro-izquierda) está empatada con otro partido en la sexta posición con 3,05% de los votos cuando se llevan escrutados 96,18% de los sufragios, según el Tribunal Supremo Electoral (TSE).
Un descalabro electoral anunciado por las encuestas de opinión, ya que Menchú nunca logró despertar en su país el mismo interés que logró en el extranjero.
Su rechazo a establecer alianzas con otros partidos de izquierda, con peso político en el movimiento social, sindical, campesino y popular, así como con el fuerte y bien estructurado liderazgo indígena, le han pasado factura a la Premio Nobel de la Paz 1992, opina el politólogo mexicano Francisco García.
Muchos analistas opinan que esta ex empleada doméstica de 48 años, que jamás fue a la escuela, se precipitó al aceptar la oferta del pequeño partido pergeñado por la activista social Nineth Montenegro, que no oculta su ambición de concurrir ella misma a la presidencia en la próxima cita de 2011.
La intención de EG, según el politólogo García, con la candidatura de la Premio Nobel de la Paz 1992, era «atraer a la base social y conseguir un capital político, pero los resultados han afectado tanto al partido como a la candidata».
EG, constituido este año, podría conseguir entre 4 y 5 diputados en la próxima legislatura, incluida Montenegro, que encabezaba el listado nacional y prácticamente tenía asegurado su cuarto período consecutivo en el Congreso. El primero lo consiguió en 1995 con un partido de la ex guerrilla.
A la vista de estos resultados, Menchú, que lidera un movimiento indígena de élite, Winaq, «tiene muy pocas posibilidades de que alguien la respalde en las próximas elecciones», explica García, analista político del Instituto Centroamericano de Estudios Políticos (Incep).
Bien es cierto que ni la candidata ni su partido contaron con medios económicos para esta campaña.
Menchú recabó el apoyo de algunos intelectuales de izquierda y de muchas mujeres identificadas con ella más por el hecho de ser mujer y por las ansias de un cambio en el panorama político guatemalteco -controlado por una derecha conservadora- que por su propuesta ideológica.
No obstante, la izquierda tradicional pena a implantarse en una sociedad terriblemente compleja, con buena parte de la población indígena y donde todavía sobreviven resabios del conflicto civil que asoló el país durante 36 años hasta 1996.
La dividida izquierda tradicional obtuvo alrededor de 10,65% -incluyendo a EG- en el nuevo Parlamento, a lo que se suma el 22,88% que obtiene la Unión Nacional de la Esperanza (UNE), de corte socialdemócrata, donde también hay pequeños reductos izquierdistas.
El candidato de la UNE, Alvaro Colom, que ha sido el que más votos ha obtenido en esta primera vuelta, se jugará la presidencia en un balotaje con el aspirante derechista, el general retirado Otto Pérez Molina, el 4 de noviembre.
Las autoridades electas asumirán el 14 de enero.
El ingeniero Alvaro Colom, de centro izquierda, y el general en retiro Otto Pérez Molina, representante de la derecha, se disputarán la presidencia de Guatemala el 4 de noviembre, de acuerdo con los resultados oficiales publicados ayer.
Como lo pronosticaron las encuestas, en los comicios del domingo los candidatos de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) y del Partido Patriota (PP) quedaron en primero y segundo lugar, pero deberán ir a segunda vuelta por no obtener mayoría de votos. *
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