Cruel política represiva en Irán
El 10 de julio pasado el diario francés «Le Monde» publicó un cable fechado en Teherán según el cual el portavoz del poder judicial iraní, Alireza Jamshidi reconoció que un iraní acusado de adulterio había sido muerto por lapidación en el noroeste del país. Fue la primera ejecución oficial de este tipo después de la aplicada y reconocida oficialmente por las autoridades en julio de 2001 de una mujer condenada por adulterio y asesinato.
Este no es un hecho aislado. Tanto organizaciones de Derechos Humanos al estilo de Human Rights Watch como la prensa extranjera han venido denunciando un brutal endurecimiento de la política represiva del régimen teocrático iraní en el último año.
El 19 de agosto pasado, Robert Tait, corresponsal del «Observer» londinense en Teherán informó: «Irán ha colgado a 30 personas en el mes pasado en el marco de la represión de pretendidos complots norteamericanos para derribar al régimen. Muchas ejecuciones han sido llevadas a cabo en público para crear un clima de intimidación mientras envía señales hostiles a Occidente. Fuentes de la oposición aseguran que por lo menos tres de los muertos eran activistas políticos, contradiciendo la insistencia del gobierno en que los reos eran asesinos y criminales. Las ejecuciones han coincidido con el aplastamiento de las actividades de estudiantes y académicos acusados de tratar de fomentar una «revolución blanda» con apoyo norteamericano»
«Las ejecuciones más notorias fueron las de Majad Kavousifar, de 28 años y su sobrino Hossein Kavousifar, de 24 años, que fueron muertos por el asesinato de un juez de línea dura, Hassan Moghaddas, un hombre notorio por encarcelar a disidentes. Fueron colgados de grúas y expuestos al público en uno de los lugares más concurridos de Teherán».
«El espectáculo, las primeras ejecuciones en Teherán, en cinco años, se realizaron fuera del departamento judicial en el que Moghaddas fue asesinado. Pero la elección del lugar, cerca de muchos edificios de oficinas y de las embajadas de Australia y de Japón, tenían el claro objetivo de que fuera visto por muchos iraníes de clase media que habitualmente no verían actos de esta clase. El día anterior 7 personas fueron ejecutadas en la ciudad de Mashad incluyendo cinco de quienes se dijo que eran culpables de violación, secuestro, robo y actos indecentes. Otros dos fueron colgados por separado por violar y robar a una joven mujer. Las ejecuciones fueron mostradas en vivo por la televisión estatal».
Más adelante escribe Tait : «Organizaciones de defensa de los Derechos Humanos afirman que el creciente número de condenas capitales ha llevado el número de prisioneros ejecutados a 150 en lo que va del año, en comparación con 177 en el año 2006, un dramático incremento en las condenas desde que el presidente radical Mahmud Ahmadinejad asumió la presidencia hace dos años».
«Grupos internacionales de defensa de los homosexuales han señalado que entre los ejecutados había homosexuales. La homosexualidad es un crimen capital en Irán, junto con el adulterio, el espionaje, el asalto a mano armada, el tráfico de drogas y la apostasía. Irán solo está detrás de China como el país que ha implementado en mayor escala la pena de muerte en el mundo. Según grupos de Derechos Humanos tiene el peor récord por ejecuciones a menores de 18 años».
Esta acusación ha sido confirmada por un «blogger» opositor iraní, Amil Imani en un artículo titulado sugestivamente «Genocidio doméstico en Irán» : «La República Islámica de Irán tiene el dudoso honor de ejecutar a más niños, menores de 18 años que cualquier otro país en el mundo».
Según Imani «el régimen parece haber entrado en pánico con sus sospechas paranoicas. Han instalado soplones en escuelas, universidades, fábricas y oficinas en todo el país y urgen a la gente a ser ‘vigilantes’ contra el sabotaje, o sea contra quienes desean libertad y democracia. Muchos inocentes han sido convertidos en víctimas. Pero el régimen argumenta que esto es necesario, ya que es preferible que caigan algunos inocentes siempre que todos los culpables puedan ser detenidos».
Amil Imani no se hace ilusiones respecto a las divisiones en el seno del régimen: «Los mulás que dirigen el país se dividen en grandes facciones como los conservadores, los moderados y los así llamados reformistas. Sin embargo, las diferencias entre estas facciones son tácticas y no estratégicas. Todos comparten el objetivo de derrotar a los ‘cruzados’ y a los ‘sionistas’ por todos los métodos posibles, lo que llevará al fin del mundo, el ‘Armaggedon’, creando así las condiciones necesarias para la aparición del Imán escondido, el Mahdi, para asumir el control del mundo».
Puede haber quien piense que por tratarse de un opositor iraní militante tiende a exagerar. Por ello es conveniente apelar al juicio del muy parsimonioso «The Economist» de Londres, un semanario considerado por muchos periodistas y politólogos como el semanario político más serio e influyente del mundo. En su último número (25 a 31 de agosto) el semanario británico titula: «La República Islámica del miedo» y entre otros conceptos afirma: «En los últimos meses se ha lanzado la mayor represión a las libertades cívicas en Irán desde la década del 80. Las purgas de profesores sospechados de ser liberales han descabezado a las universidades y repetidas clausuras han silenciado a la prensa opositora que en algún momento fue vociferante. La señora Esfandiari, recientemente liberada, era la más conocida de los cuatro eruditos iraní-norteamericanos arrestados hace unos meses por presuntos vínculos con la Inteligencia norteamericana. Sus colegas siguen en prisión. Pero desde la primavera una ola de arrestos ha comprendido desde activistas por los derechos de la mujer a líderes estudiantiles, sindicalistas y periodistas críticos, colmando las prisiones de tal manera que la policía debió recurrir a otros edificios para alojar a los nuevos reclusos».
«Los activistas políticos no son los únicos que están en la mira de las autoridades. Los oficiales de seguridad asimismo libran una campaña contra el «mal hijab» que incluye la advertencia, la multa o la detención a jóvenes que tengan un peinado occidental, amantes del rock and roll, comerciantes que vendan ropa indecente y parejas no casadas».
Un artículo de Robert Tait en «The Guardian» del 24 de agosto brinda más detalles acerca de esta campaña: «La policía de Teherán cerró dos docenas de peluquerías en las últimas dos semanas en la última fase de una campaña ‘moralizadora’ destinada a imponer los códigos de vestimenta islámica entre los jóvenes. Los comercios fueron cerrados porque se consideró que difundían la decadente cultura occidental». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad