La izquierda, el dilema…
Pese a que se observan diferencias y aun enfrentamientos, como en el caso de la propuesta de reforma hacendaria del gobierno de Calderón, representantes del FAP insisten en que sus integrantes no mantienen divisiones o escisiones respecto del movimiento social encabezado por Andrés Manuel López Obrador. Si las hubiese, dicen, podría traducirse en retrocesos electorales en 2009 y 2012.
Coincidentes en su visión de la izquierda, pero divergentes sobre el papel del «gobierno legítimo» y el FAP, los representantes de este órgano partidista hablan con Proceso sobre los problemas que tiene que superar la izquierda para lograr el poder.
Así lo hacen el coordinador del FAP, Jesús Ortega; el presidente del Consejo Consultivo, Agustín Basave; el coordinador de la Reforma Electoral, Eduardo Huchim; el coordinador de Combate a la Corrupción, Jesús González Schmal, y el ex jefe de gobierno capitalino, Alejandro Encinas.
La izquierda, afirman Ortega y Basave en entrevistas por separado, debe cambiar su mentalidad y empezar a pesar en términos electorales.
Se tiene que dejar atrás el discurso del fraude y lanzar propuestas para atraer a la gente, indica Huchim.
Además, es necesario que el FAP coordine sus carteras en los estados, apunta González Schmal.
Para ello es fundamental que la izquierda se abra a nuevos espectros, destaca Alejandro Encinas, quien asumió el gobierno capitalino cuando López Obrador dejó el cargo para convertirse en el candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos.
Concuerdan en que los dirigentes deben actuar como piensa la gente; ir más allá de los espacios de partido; visualizar qué sigue después de una manifestación de protesta de la izquierda, porque plazas llenas no son urnas llenas.
Asimismo, ante la percepción de que la izquierda se halla desarticulada, algunos opinan que es preciso reencauzar ideologías y terminar con prácticas dañinas, como el clientelismo y el corporativismo, para no dilapidar el capital político ganado en las urnas el 2 de julio de 2006.
A su juicio, el llamado gobierno «legítimo» y el FAP deben coordinarse e impulsar el Proyecto Alternativo de Nación impulsado por López Obrador, para aterrizar los proyectos económico, político y social en alternativas legislativas que transformen al país.
Y puntualizan: La izquierda no puede dejar de lado su papel contestatario, de protesta y manifestación, pero debe combinarlo con propuestas bien articuladas; de otro modo, seguirá cumpliendo un papel secundario…
Lógicas distintas
Con apenas unos meses de creación el FAP surgió en febrero pasado y el «gobierno legítimo» se integró en noviembre de 2006, los llamados brazos «político» y «social» de la izquierda de hoy no han podido articularse porque trabajan bajo «lógicas distintas».
Lo que pasa es que «las formas de ambos son diferentes, pero así lo acordamos. Una de las cosas que no hay que perder de vista es que estamos siendo congruentes», justifica Ortega, aunque subraya la necesidad de solucionar los problemas internos de la izquierda porque de otro modo se pondría en riesgo su condición de alternativa frente a la derecha.
Integrado por los partidos de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT) y Convergencia, así como por diputados y senadores e intelectuales de izquierda, el objetivo del FAP es buscar por la vía política e institucional el acceso al poder. A su vez, el llamado «gobierno legítimo» y la Convención Nacional Democrática (CND) le apuestan a la movilización y a la protesta ante las políticas del gobierno «espurio».
Para el presidente del Consejo Consultivo, Agustín Basave, no está mal que haya dos lógicas diversas pues el FAP trabaja con los partidos y sus legisladores, mientras otros apuestan a la protesta y la movilización social, pero es preciso buscar la unión de ambos proyectos «porque hay veces que la racionalidad social no se traduce en racionalidad política, y viceversa».
Tras manifestar que no hay ninguna garantía de conseguir tal confluencia, Basave refiere que un debate cotidiano entre el FAP y el «gobierno legítimo» se da sobre la conveniencia de que las fracciones parlamentarias de izquierda negocien las reformas del Estado, fiscal y otras, con el Partido Acción nacional (PAN) o con el gobierno de Calderón.
«Del lado del movimiento social hay voces que se niegan a esto porque sería legitimar al gobierno de Calderón. Pero del lado del FAP creen que si tienen legisladores y éstos tomaron posesión de sus curules, es para algo, para trabajar, para legislar. Son dos visiones diferentes que no siempre coinciden», reconoce. Pero, al igual que el resto de los entrevistados, dice que no hay división, sino diferencias internas.
«Cada vez que surge un debate, se hace filigrana política. Se logra que se concilien los puntos de vista contrastantes, pero es un reto diario, cotidiano, un desafío que hay que estar constantemente enfrentando. Ese es el asunto del FAP y del movimiento social de López Obrador».
No aterriza
En cuanto al papel que ha jugado la CND desde el pasado 20 de noviembre, cuando López Obrador fue declarado «presidente legítimo», Eduardo Huchim estima que «le ha faltado presencia», ya que «sólo existe para los seguidores fervientes del tabasqueño».
Más aún, «no ha sabido proyectarse e insertarse en la sociedad. Es algo muy etéreo. Este gobierno que se dice legítimo no está dando de sí. ¿Dónde están sus productos?».
Los «secretarios», entre comillas, de ese gobierno no están haciendo su trabajo, «salvo el de Hacienda Mario Di Costanzo, que algo ha tenido que decir sobre la propuesta fiscal de Calderón», sostiene Huchim.
Y es que los legisladores del FAP y López Obrador entraron en un diferendo sobre el tema. Mientras los primeros hablaban de analizar la propuesta de reforma, el tabasqueño adelantó que los diputados perredistas, petistas y de Convergencia la rechazarían. Luego se reunieron con los gobernadores, encuentro al que no asistió el mandatario de Chiapas, Juan Sabines. Al final dijeron «no» a la propuesta del gobierno y decidieron lanzar una nueva, que presentarán el próximo 7 de julio.
Sin embargo, desde marzo los legisladores del FAP tuvieron en sus manos una iniciativa de decreto que «reforma, adiciona y deroga diversas disposiciones de la Ley del Impuesto Sobre la Renta», propuesta por el «gobierno legítimo» y que no obtuvo respuesta.
Esto sucede porque el «gobierno legítimo» se ha centrado demasiado en el trabajo de afiliación para la CND y ha descuidado temas importantes, observa Huchim.
«No todo puede ser afiliación ni sólo concentraciones; debe haber trabajo de equipo, de gabinete, de reflexión, de estudio, que conduzca a propuestas legislativas. Ahí es donde no ha habido ese flujo de trabajo del ‘gobierno legítimo’, de la CND o como quiera llamarse; es decir, del núcleo de López Obrador hacia su brazo legislativo, que es el FAP».
En su opinión, el panorama no es de división de la izquierda; lo que ocurre, dice, es que «no todos jalan la carreta con el mismo entusiasmo». En consecuencia, «el discurso de la izquierda debiera superar ya el tema del fraude, para ofrecerle cosas nuevas a la sociedad».
En este contexto, Basave plantea que la izquierda debe «cambiar de mentalidad y pensar en términos electorales. Que pase sus dichos y sus hechos por el tamiz de la rentabilidad electoral, para quitarse de encima el espejismo de que plazas llenas son urnas llenas».
Priista durante muchos años, Basave aclara que no rechaza las movilizaciones, pero agrega que no sirven de nada si no se traducen en votos.
En pocas palabras, conciliar los intereses de los tres partidos que forman el FAP y el movimiento social de López Obrador, así como el desempeño de los legisladores, no es nada fácil, pero debe lograrse porque, sentencia, «el costo de no hacerlo es altísimo».
Sin pleito
Estos puntos de vista
no los comparte el secretario técnico coordinador de Combate a la Corrupción, González Schmal, para quien el proyecto de izquierda planteado por AMLO ha cobrado mayor autoridad moral, y no de sus avances más importantes es precisamente el diseño del FAP.
El desacarta que haya divisiones o pleitos en la izquierda, aunque sí existe la seducción de la dispersión. «No hay pugna: es un ejercicio dialéctico. Si algo han estado cumpliendo a cabalidad el ‘gobierno legítimo’ y López Obrador, junto con la CND y el FAP, es fungir como contrapeso a una política de derecha».
No obstante, menciona algunas deficiencias del FAP en materia electoral, ya que no ha podido reunir a los tres partidos en una candidatura común. El caso más ilustrativo fue el proceso de selección del candidato a la gubernatura de Yucatán, en enero pasado, cuando al final se deshizo la coalición PRD, PT y Convergencia por la intención perredista de impulsar a la ex panista Ana Rosa Payán.
«Es el talón de Aquiles de este esfuerzo, porque las pugnas están vinculadas al impulso de ganar elecciones en perjuicio de los proyectos de largo plazo. Es un pasivo muy fuerte. Si no se resuelve, va a ser el fin del proyecto», acepta González Schmal.
Por lo pronto, seguirán construyendo los capítulos del FAP en los estados y la meta es conseguir una cohesión nacional para setiembre próximo. «Puede ser un intento infructuoso», advierte.
El futuro
Optimista, Alejandro Encinas, prominente perredista, ex jefe de gobierno capitalino, asegura que éste «es el momento de redefiniciones y reposicionamientos de la izquierda mexicana».
Profesor de economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Encinas subraya la necesidad de que la izquierda se abra a un «espectro más amplio» e impulse un movimiento que vaya «más allá de las filas del partido» porque, asevera, la derecha quiere borrar a la izquierda del panorama político.
Aunque, en los hechos, esto último sería imposible «porque somos un factor de gobernabilidad en el país; una fuerza real y vigente que tiene apoyo social y posiciones de gobierno, así como las condiciones para avanzar en un nivel de organización mayor».
Por lo pronto, sigue en marcha el plan de trabajo de la Comisión Operativa de la CND, que culminará con la Tercera Asamblea en el Zócalo del Distrito Federal el 20 de noviembre.
Basado en los resolutivos de la Segunda Convención Nacional Democrática de marzo pasado, el plan detalla las acciones que debieron comenzar el 25 de abril, así como las actividades realizadas en mayo y junio para reorganizar las fuerzas.
Plantea «la jornada nacional de protesta contra la imposición del gobierno usurpador» que se está realizando este 1º de julio; señala que en agosto próximo se dará a conocer la convocatoria a la tercera Asamblea de la CND, y que el 1º de setiembre se efectuará una jornada nacional de protesta contra el «espurio», en el marco del primer informe de gobierno de Felipe Calderón.
A partir de esa última fecha, y hasta noviembre, se realizarán foros preparatorios para la Tercera Asamblea.
Su financiamiento, según el plan de trabajo, dependerá de los donativos de la gente que participe.
Dichos planes indican que la CND avanza en su organización territorial con la conformación de comités estatales y municipales y con al credencialización, que «ya supera los 2 millones de mexicanos» la meta es de 5 millones para 2009, mientras que López Obrador ha recorrido más de 500 municipios.
De acuerdo con datos del «gobierno legítimo», del 4 de enero al 24 de junio el tabasqueño ha hecho 24 giras por 10 estados y 506 municipios. Las entidades recorridas han sido Aguascalientes, Chiapas, Chihuahua, Durango, Oaxaca, Veracruz, Yucatán, Zacatecas, Michoacán y Sinaloa.
«El movimiento social está vigente, está en la etapa de reconstrucción y fortalecimiento», expresa Encinas, y explica que, en este marco, se encuentran impulsando «la lucha contra la desigualdad, por la democracia, por la defensa del patrimonio nacional, contra la corrupción e impunidad y por la austeridad en el ejercicio legítimo de los recursos» *
* Tomado de la revista mexicana Proceso
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