El oficial podría ser condenado a ocho años y seis meses de cárcel

Coronel se declara inocente por torturas en Abu Ghraib

El coronel Steven Jordan, el único oficial estadounidense procesado por el escándalo de la prisión iraquí de Abu Ghraib, se declaró no culpable ayer lunes en el inicio del proceso en una corte marcial en la base militar de Fort Meade (Maryland, este).

Escrito por: WASHINGTON -  AFP

Martes 21 de agosto de 2007 | 3:37
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Las fotografías que mostraban a prisioneros humillados y maltratados.

El coronel Jordan, de 51 años, ex responsable del centro de interrogatorios donde fueron tomadas las fotografías que mostraban a prisioneros humillados y maltratados, fue procesado por obstaculizar la Justicia, malos tratos y faltar a su deber. Corre el riesgo de ser condenado a ocho años y seis meses de cárcel.

Uno de los principales cargos contra el coronel Jordan fue anulado por vicio de forma. Jordan, de 51 años, ex responsable del centro de interrogatorios donde se tomaron las fotos que mostraban a prisioneros maltratados, estaba acusado de mentir a los investigadores al afirmar que nunca había sido testigo de torturas ni visto detenidos desnudos.

Esta acusación se basaba en gran medida en dos declaraciones recabadas en 2004 por el general George Fay, encargado de una de las investigaciones del Pentágono.

El general afirmó que se dio cuenta de que al tomarle declaración había olvidado decirle al coronel Jordan su derecho a guardar silencio, una norma ineludible para que las declaraciones tengan validez ante un tribunal estadounidense. Por tanto, la acusación solicitó el lunes la anulación del cargo por falso testimonio.

El coronel Jordan está ahora acusado de otros cuatro cargos -incluyendo obligar a prisioneros a desnudarse una noche y amenazarlos con perros de ataque- y es pasible de penas de hasta ocho años y seis meses de prisión, contra los 16 años y seis meses a los que era pasible por el cargo anulado.

El proceso comenzó ayer con la selección del jurado militar, que deberá estar integrado por cinco a 15 oficiales, todos de rango superior al acusado.

Más de tres años después de la publicación de las fotos en las que se veía a los prisioneros humillados por los guardias estadounidenses, sólo un puñado de soldados fue juzgado, y ningún jerarca civil o militar de Defensa fue llevado a juicio. En las fotos, que dieron la vuelta al mundo, se ve a los detenidos desnudos, apilados sobre el suelo de la prisión, atados con hilos eléctricos, amenazados con perros y posando desnudos o con ropa interior femenina ante los guardias estadounidenses.

Las imágenes terminaron definitivamente con la onda de simpatía internacional hacia Estados Unidos que había generado el ataque del 11 de setiembre de 2001.

En 2006 el presidente George W. Bush opinó que el escándalo por las torturas en Abu Graib era “el mayor error” de Estados Unidos en la invasión a Irak.

El secretario de Defensa de entonces, Donald Rumsfeld, afirmó que las torturas se debían a “unas pocas manzanas podridas” en el ejército, y aseguró haber presentado la renuncia dos veces en el peor momento del escándalo.

Hasta ahora 11 soldados fueron condenados a penas que van desde algunas horas de trabajo de interés social hasta 10 años de prisión. La mayoría de ellos aseguraron que simplemente habían cumplido órdenes.

Pero entre los graduados de alto rango, sólo la comandante de las prisiones estadounidenses en Irak en esa época, la general Janis Karpinski, fue sancionada con una degradación, sin pasar por la justicia militar.

Karpinski, que volvió a la vida civil, explicó en un libro publicado a fines de 2005 que las torturas “eran el resultado de órdenes contradictorias y reglas confusas que iban desde los comandantes militares en Irak hasta la cumbre del poder civil en Washington”.

Según distintos informes de investigaciones del ejército respecto al escándalo, el coronel Jordan tuvo parte en estas “reglas confusas”.

Oficialmente responsable del centro de interrogatorios, Jordan se consagró únicamente a mejorar las condiciones de vida de los soldados afectados a la prisión.

Así, no supervisó los interrogatorios, sino que dejó a los soldados -presionados por las jerarquías para obtener resultados- manejar la situación. *

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