El drama en la mente de los niños

Domingo 19 de agosto de 2007 | 3:41
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Benita Almeyda cree que no fue el terremoto sino su amigo imaginario quien la dejó huérfana: para esta niña de cinco años, Tambo, su amigo gigante, salió de su escondite subterráneo y fue a buscarla, pero furioso al no hallarla, destrozó su casa sin percatarse de que allí estaban sus padres.

La niña, ahora en la casa de su tía, dice con convicción que Tambo dejó de ser su amiga aunque ocasionalmente ella le hace saber que está cerca.

Doña Isidora, la tía de Benita, admite que contribuyó a la existencia del amigo imaginario de la niña y dice que no tiene una mejor manera de explicarle por ahora por qué perdió a sus dos padres.

A pocos kilómetros de allí, en la población de Chincha, otro niño, Martín Magallanes, narra el momento que le cambió su corta existencia de siete años.

“Sentí que el techo se iba a caer y que la tierra se levantaba. Sentí mucho miedo porque en un temblor las casas se caen, la tierra se raja y las paredes también”, dice sobre el terremoto que el miércoles pasado azotó al Perú y dejó más de 500 muertos.

En un sitio acondicionado para refugiados, Martín dice con pesar que “se murieron mis dos mascotas”.

“A mi perra Pelusa, que está en el cielo, le digo que se cuide mucho, y a mi gato Michel que cuide a sus gaticos”, añade el menor.

Entre otros rostros infantiles de la tragedia conmueve también la historia de Jean-Pierre Lhi, un adolescente que revela más de los 14 años que tiene.

El y su familia viven en la población costera de Tambo de Mora, en un sector pobre habitado por 200 familias y que el viernes fue desalojado ante el riesgo de que un nuevo temblor eche abajo todo lo que quedó en pie.

La abuela de Jean-Pierre, Delia Rodríguez, fue una de las cuatro personas que murieron en el sector.

Entre sollozos y el dolor de no poder siquiera ir al sepelio de su abuela por la necesidad de ayudar con el traslado de los muebles hacia un lugar más retirado de la playa, el muchacho se resigna: “ella falleció porque la pared le cayó encima pero no murió por maldad ni porque la hayan querido matar sino por mandato del Señor”.

“Ella ha sido la única madre que he tenido, la que me ha dado todo lo que tengo”, dice el muchacho que a pesar de ser menor de edad trabaja en una empresa empacadora donde selecciona espárragos, un vegetal del cual Perú es un gran exportador. *

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