Hiz Ut-Tahrir: radicalismo islámico "moderado"
Hizb ut-Tahrir, que en árabe significa Partido de la Liberación, es una de las organizaciones islamistas internacionales más activas y poderosas a nivel mundial. Fue fundada por un erudito del Islam y juez llamado Taquddin al-Nabhani en Jerusalén en 1953. Su objetivo es unir a todos los musulmanes en un estado islámico único o califato regido por la ley islámica con un jefe de gobierno musulmán electo. Hiz ut-Tahrir, que actúa en unos 40 países y tiene más de un millón de miembros, no oculta su objetivo de islamizar el mundo ni su propósito de «desmantelar a la entidad ilegal de Israel». Curiosamente, por su posición extremista ha sido prohibido en varios países árabes y del Asia Central pero es legal y sumamente activo en Occidente, particularmente en Gran Bretaña.
Precisamente en Londres tuvo lugar recientemente una gran conferencia de la organización dedicada al tema del renacimiento del Califato, la forma de organización del Islam los primeros siglos después de Mahoma.
El «New York Times», que reseñó el encuentro en su edición del 6 de agosto, comenta que según algunos analistas el grupo está integrado por «jihadistas moderados» pero que otros consideran que su moderación no es tal. Para Ed Hussain, un ex miembro de Hizb ut Tharir que rompió con el grupo y escribió un libro titulado «El islamista»: «La única diferencia entre islamistas de Hizb ut Tharir y los jihadistas es que mientras los primeros esperan a tener su estado y el califato para la lanzar su guerra santa, los segundos creen que el tiempo para la jihad es ahora».
El diario neoyorquino informa también acerca de un debate en el Parlamento británico en el que el flamante líder laborista y Primer Ministro Gordon Brown debió responder a un reclamo del líder conservador David Cameron que preguntó porqué «Hizb ut Tharir» no había sido prohibido. Cameron dijo que el grupo envenena la mente de muchos jóvenes y considera que es necesario matar a los judíos en cualquier lugar en que se encuentren». Brown replicó que habría de estudiar el tema pero un ex ministro del Interior John Reid intervino en el debate y dijo que no existían suficientes evidencias de acuerdo a la ley británica para prohibir a la organización».
La intensa actividad de Hizb ut Tharir en Gran Bretaña no es una novedad. En agosto de 2003 en un programa de la BBC, un influyente musulmán británico, que por miedo insistió en mantener su anonimato, sostuvo que si no se toman medidas contra esa organización extremista pronto habría ataques terroristas en Gran Bretaña como en Bagdad o en Jerusalén.
Pero Hizb ut Tahrir también actúa en otras partes del globo. El 12 de agosto pasado el diario «Los Angeles Times» informó acerca de un encuentro en Yakarta, Indonesia, donde 90.000 partidarios llenaron un estadio, haciendo un llamado para la creación de un estado islámico.
Según Zakki Hakim, un corresponsal de Associated Press, los discursos formularon un llamado para el regreso al califato, o el establecimiento de un estado islámico en todo el mundo musulmán. El público, dividido en sectores separados para hombres y mujeres, aclamó los llamados a la unidad del Islam. Hassan Ko Nakata de la Asociación Musulmana japonesa dijo que «la libertad de expresión que los musulmanes gozan en Indonesia es un lujo en comparación con la mayoría de los países.» Sin embargo, Hakim indica que dos dirigentes de la organización, Imran Wahid de Gran Bretaña y el jeque Ismail al Wahwah, de Australia, fueron deportados a su llegada a Indonesia por razones que no fueron explicitadas, lo que motivó protestas de los organizadores de la conferencia. El periodista de AP trae el testimonio de una militante, Erni Tri, que hizo un viaje de dos horas con su esposo y tres hijos para participar en la conferencia. Tri elogió el hecho de que «Hizb ut Tahrir es firme y no está dispuesta a ningún compromiso con culturas no islámicas. Su motivación es el amor por Alá y no tiene nada que ocultar para obtener votos».
Un testimonio insólito y poco común sobre la organización fue presentado por un musulmán originario del sudeste de Asia radicado en Gran Bretaña que integró la organización y rompió con ella, en un artículo publicado en el «Sunday Times» de Londres el 12 de agosto. El testimonio es típico de los disidentes que se atreven a romper con una organización cerrada, fanática y unida por un fuerte sentimiento de solidaridad.
Vale la pena citar algunos fragmentos salientes del artículo cuyo autor, Shiraz Maher, no teme firmar. «Hizb era una gran familia en muchos sentidos, un grupo que ofrece apoyo social, camaradería, un propósito en la vida y la valoración de cada integrante. A los 21 años, fue como la realización de un sueño para mí. Abracé mi nueva identidad islámica con entusiasmo. El islamismo va más allá de las normas culturales, por lo que no sólo me indujo a rechazar mi identidad británica sino también mi origen étnico del Sur de Asia. Yo no era ni oriental ni occidental : era musulmán, parte de una umma (nación) global, cuya identidad es definida por la fraternidad de la fe.
«Los islamistas insisten en que esta identidad no es racista porque el Islam acepta gente de todos los colores, etnias y orígenes. Esto es cierto, pero nuestra visión del mundo era horriblemente bipolar. No hacíamos distinciones en base al color, pero sí en base a la fe. El mundo simplemente estaba dividido entre fieles e infieles. Esto me empezó a torturar el mes pasado cuando me enteré que Bilal Abdullah y Kafil Ahmed, los dos hombres ligados a los ataques de Londres y de Glasgow, estaban entre mis amigos más cercanos cuando estudié en la universidad de Cambridge.»
Shiraz Maher narra más tarde que al estudiar para su doctorado sobre el pensamiento político musulmán en la India colonial, descubrió a Abul Kalam Azad, un teólogo que interpretaba el Corán de manera diametralmente distinta a la Hiz ut Tharir. Postulaba un Islam tolerante, abierto al diálogo fraterno con otras religiones e ideas y contrario a gobiernos teocráticos.
Hacia 2005 ya había dejado de ser islamista pero no se decidía a abandonar el marco protector de la organización. Pero finalmente el ataque islámico del 7 de julio de 2005 que costó la vida a 52 inocentes lo decidió. Su renuncia le costó la absoluta soledad y a los 24 años debió reconstruir su vida. Pero finalmente encontró un grupo de ex islamistas que al igual que él combaten las ideas que antes defendieron. Su testimonio termina con una nota de esperanza. A su juicio el panorama en la comunidad musulmana está cambiando y cada vez son más los que se alejan de las ideas del Islam radical que divide el mundo en blanco y negro, en fieles e infieles. *
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