Ahora se va Karl Rove

Bush se queda solo

La dimisión de Rove a un año y medio del fin de la presidencia de Bush confirmaría, según analistas, la debilidad en la que se halla el presidente en materia de asuntos internos.

Desde la derrota de los suyos en las elecciones legislativas de noviembre de 2006, Bush sufre una hemorragia de asesores. El secretario de Defensa Donald Rumsfeld fue sacrificado por la impopularidad de la guerra de Irak, factor determinante de lo que Bush llamó «paliza» electoral. El mandatario asistió luego a la partida de otro eminente estratega, Dan Bartlett, de los asesores en seguridad nacional J.D. Crouch y Meghan O’Sullivan, del director encargado del presupuesto, Rob Portman, de la directora política Sara Taylor y de la asesora en asuntos legales Harriet Miers.

Al igual que Rove, la mayoría invocó la voluntad de pasar más tiempo con la familia.

Los analistas subrayan que semejante éxodo es cualquier cosa menos excepcional al final de una presidencia. Pero la renuncia de Rove, quien intervenía en casi todos los asuntos presidenciales, plantea inevitablemente la interrogante de un cambio de política.

Bush bate todos sus récords de impopularidad. Apenas 30% de los estadounidenses aprueba sus iniciativas. Y enfrenta una cohabitación difícil con sus adversarios demócratas, mayoritarios ahora en el Congreso, con quienes mantiene una pulseada sobre la guerra en Irak. *

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