Las elecciones turcas vistas por ojos árabes
El reciente éxito en las urnas del partido islamista de Justicia y Desarrollo en Turquía tuvo importantes ecos en el mundo árabe, ya que replantea en un nuevo contexto, el debatido tema de la compatibilidad de los partidos islamistas y un régimen democrático. En consecuencia, la visión árabe del triunfo del partido del Primer Ministro turco Recep Tayyip Erdogan con el 47% de los votos importa a todo observador preocupado por la problemática del Medio Oriente, por lo que vale la pena analizarla.
En un artículo titulado «Lecciones de Turquía» en «Al Ahram Weekly» de El Cairo, Amira Howeidy señala que Mahdi Akef, guía supremo de la prohibida Hermandad Musulmana, envió un mensaje de felicitación al Primer Ministro turco Erdogan, en el cual describió las elecciones como evidencia de la habilidad de los partidos islámicos de «alcanzar un desarrolllo constitucional, político y económico así como reformas sociales» en un marco democrático y libre.
La periodista recuerda que en las elecciones parlamentarias egipcias de 2005, la Hermandad Musulmana ganó 88 bancas en una elección denunciada por la oposición como carente de validez por fraude, violencia e intervención del aparato de seguridad. Y luego agrega que luego de un anuncio de que la organización pensaba crear su partido político, las fuerzas de seguridad arrestaron a centenares de miembros de la Hermandad Musulmana.
Sin embargo, el semanario oficioso egipcio no vacila en entrevistar a uno de los dirigentes de la Hermandad, Essam El-Erian, quien dijo que no está en absoluto sorprendido de que a los islamistas las haya ido bien en las elecciones. «Las razones son muchas y complejas e incluyen la seriedad, la credibilidad y los servicios ofrecidos al pueblo. El fracaso de los demás también es una lección».
Amira Howeidy entrevista también a Abul Ela Madi, un exmiembro de la Hermandad Musulmana que abandonó el grupo para formar el partido Wassat de orientación centrista, pero que no obtuvo el permiso de actuar legalmente de parte de las autoridades. A su juicio, la victoria de «Justicia y Desarrollo» en Turquía se debe a su moderación. Según su opinión, no es su orientación islámica lo que le dio los votos, sino su sensatez, su confiabilidad, sus logros económicos y su exitosa política internacional. Madi admira el pragmatismo de los islamistas turcos y su capacidad para centrarse en sus objetivos, dejando de lado planteos religiosos.
Howeidy consulta también al profesor de Derecho de la universidad de El Cairo Osma Eissa, quien señala que existe una profunda diferencia entre la situación de Turquía y la de Egipto, y entre Justicia y Desarrollo y la Hermandad Musulmana. Justicia y Desarrollo es más cercana al partido Wassat que no agita el eslogan de HM «El Islam es la solución», que no ofrece una plataforma para los no-islamistas. «Hay que estar con ellos o contra ellos. No se puede guiar a una nación con una filosofía semejante».
Eissa señala que desde años los partidos seculares, nacionalistas o izquierdistas han ido perdiendo influencia, mientras que las únicas fuerzas que parecen ser consecuentes en su rechazo a la hegemonía norteamericana han sido las islamistas. A esto cabe agregar que la mayoría de los regímenes árabes confían en sus fuerzas de seguridad para perpetuarse en el poder y no son capaces de crear partidos viables con apoyo popular. La conclusión de Eissa, claramente compartida por la periodista es que «desde los moderados islamistas turcos a los islamistas extremistas iraquíes, el secularismo en la región está claramente en retirada».
Otro comentarista de «Al Ahram Weekly», Mustafa El Labad, minimiza el éxito del Partido islamista turco y observa que aunque Justicia y Desarrollo aumentó su electorado del 35% al 47%, su representación parlamentaria disminuyó de 367 a 340 (en un Parlamento de 550 escaños). Además Labad considera que este Parlamento estará más fragmentado en grupos diferentes que el anterior y prevé una mayor polarización entre izquierda y derecha. Mientras Howeidy ve con simpatía al partido de Erdogan, la posición de Labad es mucho más crítica. Paral él, «Justicia y Desarrollo es un partido conservador en términos de la sociedad y la política turca. Su propósito es cuidar los intereses de las capas más pudientes de la sociedad turca en un período de estabilidad económica y política sin precedentes. Pero la condición fundamental para hacerlo es que continúe siendo un partido clásico de derecha identificado con las aspiraciones populares, que siempre tienen un tinte religioso islámico».
Por su parte, el periodista Zezin Morkaya Slaats del «Daily Star» de Beirut considera que sería un error ver en el resultado electoral turco un significativo retroceso del secularismo tradicional en Turquía. Slaats termina su artículo titulado significativamente «A pesar de todo el ruido, el secularismo turco no se encuentra en vías de desaparición» con los siguientes conceptos: Si bien la población turca es predominantemente musulmana, el país está muy lejos de elegir un sistema político basado en la ley islámica.
Al margen de la ideología del partido dominante, Turquía ha demostrado cómo un país de mayoría musulmana puede existir como estado secular, y esto no cambiará con las pasadas elecciones. Este aspecto fue claramente señalado por el Primer Ministro Erdogan en su discurso después de las elecciones, cuando señaló que su partido respeta los diferentes puntos de vista en la sociedad turca y reconoce la importancia de los valores seculares que constituyen uno de los principales principios de la república».
Por su parte, Hussein Shobokshi, un columnista regular del moderado «Asharq Alawsat» que se publica en Londres, es categórico en su juicio de que el caso turco es una absoluta excepción en el mundo islámico donde la norma son tiranías despóticas, basadas en la corrupción, la ignorancia y el extremismo. Shobokshi rechaza las pretensiones de islamistas radicales de otros países de considerar como propia la victoria de los islamistas moderados turcos. Otro columnista de «Asharq Alawsat», Sayyed Wild Abah, es más específico: » A su juicio lo que ha sucedido en Turquía ha sido, aunque en forma velada, un boycot al discurso de la Hermandad Musulmana. Para él, el éxito de Justicia y Desarrollo consiste en haber comprendido que el «paraguas» islámico es más amplio que todas las consideraciones políticas y que su valor simbólico le permite adaptarse al pluralismo ideológico, aún cuando éste adopta una forma secular».
Lo que cabría agregar a las reflexiones de todos estos analistas, es que la singularidad de Turquía consiste en la profundidad de la reforma secular de Kamal Atatürk, que no tiene ninguna clase de parangón ni en el mundo árabe, ni en países de religión musulmana en Asia o en Africa. Además no existe ningún país musulmán, donde el ejército se haya autoproclamado guardián de los valores seculares como en Turquía. *
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