OPINION INTERNACIONAL

La tortura sistemática como método

BASTARON 48 HORAS para que el decreto firmado por Bush el viernes pasado, que en las palabras prohibía las torturas contra presuntos terroristas que se encontraban detenidos o bajo interrogatorio de la CIA, se desvaneciera como una pompa de jabón. Las declaraciones del director nacional de Inteligencia, Mike McConnell, dejaron claro sus verdaderos alcances, a saber: se seguirán aplicando los mismos métodos inhumanos y degradantes (que antes se negaban y ahora se reconocen) pero bajo otro nombre. En lo sucesivo se denominarán «técnicas interrogativas mejoradas». Nos hacen recordar las que aplicaban los «paras» de Massu en la guerra de Argelia.

 

Elogio de la tortura

Son las mismas que practicaban en Abu Ghraib, en Guantánamo y en las cárceles secretas de la CIA en Europa y que enseñaban en sus escuelas de contrainsurgencia y por medio de sus instructores desparramados por el mundo, a menudo al servicio de las dictaduras militares en América Latina.

McConnell dijo que «esas técnicas funcionan y han salvado incontables vidas». En otro lugar alega que las mismas «han cosechado dividendos para sonsacarles a los detenidos información que puede salvar vidas». Las técnicas incluyen el conocido «submarino» (en inglés waterboarding), privación de sueño por un período dilatado, cautiverio prolongado en posiciones estresantes y humillación sexual. En suma, todo lo que vimos hasta la saciedad en las imágenes repulsivas de Abu Ghraib y Guantánamo, que mantuvieron ocultas durante años y que finalmente salieron a luz contra la voluntad de la CIA y del Pentágono, y que alegaron desconocer mintiendo descaradamente ante el Congreso. Ahora McConnell dijo que estuvo «francamente bastante horrorizado» ante las imágenes en la prisión de Abu Ghraib, lo cual hizo que EEUU corriera el riesgo de «perder en el terreno moral», pero que no era obra de los muchachos de la CIA. Fueron otros. Por las dudas lo ocultaron y lo negaron cuando estallaron las denuncias. Los cables mencionan «los alguna vez secretos programas de detenciones e interrogatorios de la CIA», que recién fueron admitidos, de Bush y Rumsfeld para abajo, en setiembre de 2006. Cuando le preguntan al director de Inteligencia si el waterboarding (submarino) está incluido en las prohibiciones del decreto de Bush, no contesta. Los cables agregan que «la orden no especifica qué prácticas o castigos afecta. Tampoco brinda detalles sobre la red de prisiones secretas de la CIA que provocaron la furia de los países europeos».

Pero al fin de cuentas, razona McConnell, no hay por qué armar tanto escándalo ya que «menos de cien personas han sido objeto de interrogatorios mejorados». Con el agregado de que «fueron realizados bajo supervisión médica y no abusados de ninguna manera». Qué delicadeza.

 

El salario del miedo

Human Rights Watch concluye que el decreto de Bush «reafirma las detenciones secretas de la CIA» y permite que «el sistema de detención incomunicada continúe con la bendición del presidente».

Para completar el cuadro, al mismo tiempo se confirmó que la empresa norteamericana Dyn Corp International recluta mercenarios en el punto fronterizo de El Paso, Texas (y no sólo allí) para situarlos en las fronteras de Irak. La convocatoria fue presentada en medios publicitarios de esa zona fronteriza de México con Estados Unidos en el norteño estado de Chihuahua. La empresa norteamericana ofrece sueldos de hasta 11.250 dólares mensuales (135 mil dólares al año), además de seguro de vida (o de muerte), bonos adicionales por 25 mil dólares y otras prestaciones civiles. Esta empresa (que por otra parte no es la única en estas condiciones, pero quizá sí la más importante) está respaldada en el reclutamiento por un contrato firmado con el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, y ya ha enviado 6 mil mercenarios a combatir a Afganistán, Bosnia e Irak, entre otros países.

Como en la vieja película, cobran el salario del miedo. Van a matar por la paga, sin muchos miramientos. Son los mercenarios del siglo XXI, en última instancia al servicio del Pentágono, que recluta la resaca de las fuerzas represivas de diversos países, varios de ellos de América Latina, que quedó desocupada.

 

El veto de Bush contra los niños

El 22 de julio se anunció que el Pentágono estaba pidiendo 1.200 millones de dólares más para la guerra de Irak, por sobre la millonada de recursos suplementarios que el Congreso le concedió a cambio de determinadas condiciones en el país ocupado que en lo esencial no se cumplieron.

El mismo día The New York Times informó que millones de niños en EEUU quedarán sin garantía de salud si Bush veta, como lo anunció, un proyecto que les garantiza ciertos beneficios. «Millares de niños quedarán sin seguro de salud, cuando los costos de asistencia están por el cielo», dice el rotativo, y añade que de esa manera el presidente echa por tierra un proyecto debatido la semana anterior por el Comité de Finanzas del Senado, que prorroga un programa estatal de seguro médico para los niños. Este fue aprobado bajo la administración Clinton para 6.600.000 niños cuyas familias no califican en el sistema de Medicard ni disponen de recursos financieros para pagarle una póliza a las compañías privadas. Ahora quedarán desamparados. *

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