La explosión, que dejó un muerto, evidenció la fragilidad de New York

La explosión de un tubo de vapor en New York, que causó pánico, un muerto y unos veinte heridos el miércoles, puso una vez más en evidencia las carencias de infraestructura de una ciudad que desde el 11 de setiembre de 2001 convive con el temor de un nuevo ataque terrorista.

El accidente ocurrió a la hora pico en que los neoyorquinos regresan a sus casas tras la jornada de trabajo, y según numerosos testimonios la poderosa explosión les hizo revivir brevemente el caos y pánico de los atentados.

Unos 350 bomberos, 250 policías y tres helicópteros respondieron a la emergencia y declararon la situación bajo control tres horas después.

«No hay nada que nos permita pensar que ésto se debió a otra cosa que a una falla de nuestra infraestructura», dijo el alcalde Michael Bloomberg, quien descartó inmediatamente un acto terrorista pero reconoció que su ciudad sigue padeciendo la vulnerabilidad de instalaciones a menudo vetustas.

A veces alcanza con una simple lluvia. El mes pasado, una tormenta de verano provocó un corte de electricidad de una hora en el sector noreste de Manhattan, donde también hubo caos, embotellamientos y se paralizó el subterráneo.

En 2006, el suburbio de Queens estuvo una semana sin suministro eléctrico porque la red quedó superada tras el consumo elevado de aire acondicionado: siete días de infierno y caos en plena canícula para los residentes.

El caño subterráneo de 60 centímetros de diámetro que estalló el miércoles matando a una persona e hiriendo por lo menos a veinte, se debió probablemente también a un chaparrón que cayó horas antes sobre la ciudad.

Bloomberg explicó tras la tragedia que el tubo pudo estallar «porque le cayó agua fría». El director ejecutivo de la compañía ConEdison, Kevin Burke, validó esa hipótesis debido a la súbita condensación de vapor en el caño.

Para los neoyorquinos, la explosión de tuberías de vapor, a veces espectaculares, formaban parte de la idiosincrasia de una ciudad donde los turistas a menudo se sorprenden al ver chimeneas improvisadas en medio de la calle echando vapor, mientras los obreros de ConEdison reparan la pérdida.

A pesar de que los accidentes se han vuelto menos frecuentes en las últimas décadas, por lo menos una docena sucedieron en los últimos veinte años. El último más grave se produjo en 1989 en Gramercy Park y mató a tres personas.

El vapor distribuido por ConEdison a 1.800 clientes es distribuido a través de 170 kilómetros de tuberías a toda la ciudad, donde es utilizado para calefacción y refrigeración por los grandes rascacielos, que a principios del siglo XX impulsaban incluso sus elevadores mediante ese recurso.

Muchos tubos son vetustos. Bloomberg, reelecto en 2005 y cuyo caballo de batalla es resolver pragmáticamente los enormes problemas de la urbe, no ocultó su exasperación al revelar que la tubería averiada databa de 1924.

En esa época se utilizaba amianto como aislante y cada vez que estalla un conducto antiguo existe el riesgo de que la sustancia cancerígena se libere en la atmósfera. Las autoridades realizaron pruebas y si bien detectaron presencia de amianto alrededor del siniestro, no evidenciaron rastros de esa sustancia en el aire. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje