EEUU abrumado por los costos de la guerra en Irak
El costo financiero y humano es astronómico. Desde la invasión de Estados Unidos a Irak en marzo de 2003, más de 3.600 soldados estadounidenses han muerto en la guerra. Un reciente estudio independiente del Congreso cifró en cerca de 12.000 millones de dólares por mes los gastos de Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo.
Pero más allá del costo financiero y humano, es la imagen de Estados Unidos la que se ha visto severamente deteriorada.
La polémica prisión de Guantánamo en Cuba, donde están encerrados los que Washington considera «combatientes enemigos», la revelación de actos de tortura perpetrados por estadounidenses contra los prisioneros, sumadas a las cuestionadas prácticas de los servicios de Inteligencia estadounidenses, han menoscabado la credibilidad de la política exterior de Estados Unidos.
Para muchos europeos, Estados Unidos es incluso una amenaza mayor para la estabilidad mundial que Irán o Corea del Norte, según divulgó una encuesta de Harris, publicada en el periódico Financial Times la semana pasada.
En Estados Unidos, el presidente George W. Bush paga el precio de sus polémicas decisiones: su índice de popularidad no deja de caer, con picos insoslayables, mientras crece la presión de los demócratas e incluso de algunos republicanos para que retire las tropas estadounidenses desplegadas en Irak.
Y en lo que parece una de sus peores pesadillas, las noticias de la violencia en Irak no cesan, lo que evidentemente quedará registrado en un informe que se divulgará el 15 de julio, que debe reflejar la situación de ese país tras el aumento de las tropas en el terreno.
Según extractos de ese informe citados por periódicos estadounidenses, el aumento del número de soldados estadounidenses en Irak no ha cambiado absolutamente nada ni ha logrado disminuir ni un ápice la violencia sectaria en ese país. Y como si fuera poco, los iraquíes tampoco han dado ninguna muestra de que son capaces de contener la violencia.
Harry Reid, líder de la mayoría demócrata en el Senado, declaró que el «aumento de las tropas no ha servido para nada (…), seis meses, 600 muertos, 60.000 millones de dólares».
En enero, Bush anunció el envío de refuerzos a Irak para lograr la pacificación del país.
El martes el mandatario rechazó una vez más los pedidos de los parlamentarios de retirar las tropas e instó a los estadounidenses a tener paciencia hasta la publicación del informe del general David Petraeus, de 54 años, quien dirige la Fuerza Multinacional bajo comando estadounidense en Irak. «Tenemos un plan para asegurarnos la victoria», subrayó.
El estancamiento en Irak es a menudo percibido como la causa de la pérdida de la influencia estadounidense en Afganistán, donde la milicia de los Talibán retomó el control de ciertas zonas, y en Irán, que continúa con su programa de enriquecimiento de uranio y hace oídos sordos a la presión de la comunidad internacional.
«La estrategia estadounidense actual es ideal para Al Qaeda »los estadounidenses están empantanados en el atolladero iraquí, convertido en el perfecto escenario para reclutar personas para Al Qaeda», opinó el Center for American Progress, un centro de pensadores liberales.
El final está lejos de ser feliz: un estudio del Congreso indicó que el costo de la guerra contra el terrorismo podría alcanzar de aquí a 2017, a 1,4 billones de dólares.
A todo esto se suma el hecho de que el Ejército estadounidense enfrenta una severa crisis de efectivos ante una creciente demanda para la guerra en Irak y Afganistán, que parecen no tener fin.
«En momentos en que estamos viviendo una guerra de larga duración, nadie quiere que sus hijos vayan al frente», declaró un responsable de defensa que pidió el anonimato. *
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