Cuba recibirá entre 30.000 y 100.000 barriles diarios de crudo

Fidel recibe el apoyo de su amigo venezolano

La cercanía entre el único gobernante comunista del globo, de 74 años, y el mandatario venezolano, de 46, se acrecienta pese a que éste sostiene que el comunismo fracasó en el mundo al igual que el «capitalismo salvaje», y que prefiere una tercera vía con toques de ambos, como la imprimida por la China actual.

Chávez, un teniente coronel del ejército dado de baja por rebelarse en 1992 contra el entonces presidente socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, visitó a Castro en Cuba en diciembre de 1994, después de que estuviera dos años confinado en prisiones militares.

Castro, que mantuvo distancia durante el alzamiento, le recibió con todos los honores en La Habana, desatando desde entonces duros ataques del exilio cubano afincado en Miami al gobernante venezolano, y aprehensiones en la actual oposición política de Venezuela, que consideran «peligroso» un mayor acercamiento entre ambos líderes.

Desde el primer encuentro en La Habana, la amistad entre Castro y Chávez se ha reforzado, al punto que en los últimos cónclaves internacionales el líder cubano, que siempre brilló por su protagonismo, ha dejado abierta la escena a su joven amigo, que gobierna una nación suramericana sensiblemente estratégica para Washington porque es su primera suplidora de petróleo, junto con México y Arabia Saudita.

Cuando el bloqueo ejercido por Washington contra Cuba desde hace 40 años empieza a resquebrajarse ante la postura contraria de países europeos y Canadá, Chávez dará un sensible alivio energético a la isla al acordar, este lunes, el suministro de entre 30.000 y 106.000 barriles de crudos en condiciones ventajosas, que no excluye el trueque incluso de servicios médicos a cambio.

El mandatario venezolano, que se cuidó previamente en acordar el suministro de petróleo con facilidades de pago para paliar los altos precios de los hidrocarburos a otras diez naciones de Centroamérica y el Caribe, inscribe esta decisión a la política exterior venezolana de contribuir a construir un mundo pluripolar.

En aras de esta filosofía, el pasado agosto, Chávez rompió el bloqueo impuesto por Washington a Bagdad, al visitar Irak e invitar al presidente Saddam Hussein a la II cumbre de gobernantes de la OPEP, que se efectuó en Caracas del 28 al 30 de setiembre.

En lo que atañe a Cuba, Venezuela mantuvo desde siempre la postura de abstenerse a condenar a La Habana por violaciones a los derechos humanos.

Después de que el padre de la democracia venezolana, el extinto patriarca socialdemócrata Rómulo Betancourt (1959-64) respaldara el bloqueo a Cuba y se enfrentara a Castro, que respaldó la guerrilla venezolana en la década de los 60, Carlos Andrés Pérez normalizó las relaciones con Cuba en su primer gobierno (1974-79).

Sin embargo, a principio de los 80, hubo un severo distanciamiento cuando un tribunal castrense de Caracas absolvió a los acusados de la voladura de un avión de Cubana de Aviación sobre Barbados y Castro congeló los vínculos con Caracas.

En 1989, al asumir Pérez su segunda presidencia invitó a Castro, y su sucesor, Rafael Caldera, hizo lo propio en 1994.

Chávez, que ganó la presidencia en 1998, también le invitó a su asunción al poder, cuando la amistad entre ambos se estrechó.

El reforzamiento de los vínculos, incluso con la última coincidencia de crear un polo de seguridad latinoamericano caribeña, en el marco de la actual visita de Castro a Venezuela, ejemplifica esta evolución cada vez más ascendente.

Los diputados del partido opositor venezolano Movimiento Primero Justicia anunciaron una colecta simbólica en protesta por la visita a su país del presidente cubano, Fidel Castro.

El movimiento centro-derechista informó que pedirán a los ciudadanos cinco bolívares (0,007 dólares) para pagar un día de salario de los diputados de la oposición, porque éstos no asistirán a la comparecencia de Castro. Luego donarán ese dinero a una institución de atención infantil.

Los parlamentarios de los partidos socialdemócrata Acción Democrática (AD), democristiano Copei y conservadores Proyecto Venezuela y Primero Justicia votaron en contra de permitir el discurso de Castro, aprobado por la mayoría de izquierdas oficialista.

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