Niño ruso fue vendido por su abuela en 90 mil dólares
Un niño ruso de cinco años consiguió escapar a un sórdido comercio, salvado a último momento por la policía tras haber sido vendido por 90.000 dólares por la abuela y un tío.
La prensa rusa de ayer da amplio relieve al caso de Andrei: algunos presentan la alarma sobre la compraventa de niños para tráfico de órganos, pero algunos expertos dudan de esa hipótesis, inclinándose más bien por el mercado ilegal de adopciones.
Lo que es seguro es que la transacción, con la mediación de un grupo criminal, debía reportarles 90.000 dólares a los parientes de Andrei, un niño abandonado por sus padres y confiado desde hacía tiempo a su abuela Larissa, poco más que septuagenaria, en la región de Riazan (sur de Rusia).
Al parecer, la abuela llevó al niño a la cita con los compradores prometiéndole un viaje a Disneyland.
La cifra pactada parece muy alta para un país como Rusia, y en general para el «mercado» de los países de la Europa ex comunista, donde en el pasado se descubrieron casos de niños cedidos por pocos cientos de dólares.
Este detalle hizo surgir la sospecha de que Andrei iba a ser asesinado, para sacarle y vender sus órganos. Uno de los detenidos –según el Novyie Izvestia– supuestamente incluso lo admitió.
Sin embargo Valeri Shumakov, un cirujano responsable del más importante centro de coordinación de trasplantes de Rusia, entrevistado por el diario Vremia, se mostró escéptico.
En Rusia –afirmó el médico– «un comercio ilegal de órganos es técnicamente imposible», porque en ausencia de clínicas privadas especializadas ninguna mafia podría completar un procedimiento de ablación y conservación.
«En realidad la policía nunca halló pruebas de un negocio así en Rusia», agregó Shumakov. Alarmas difundidas en ámbito internacional, sin embargo, acreditan la participación de organizaciones criminales rusas en el tráfico de órganos, al menos en el papel de intermediarios.
De todos modos, el mercado clandestino más difundido es el de las adopciones, alimentado por parejas occidentales en busca de un hijo a toda costa, y por oscuras agencias mediadoras.
Un fenómeno favorecido por la pobreza de muchas familias rusas, sólo en parte frenado por una reciente reforma restrictiva de la ley rusa que regula las adopciones internacionales.
La particularidad del caso de Riazan reside, además, en el hecho de que los parientes de Andrei no están en la miseria: el diario Kommersant escribe que la familia se ocupa de un floreciente comercio de carnes, posee varios negocios y hasta un matadero.
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