A Fujimori se le perdió Montesinos
El presidente peruano, Alberto Fujimori, replegó el jueves por la noche la búsqueda de su ex asesor de Inteligencia, Vladimiro Montesinos, personaje clave de una encarnizada lucha por el poder en este país andino.
Visiblemente cansado y con el cabello revuelto, Fujimori regresó sin su «presa» al caer la tarde a Palacio de Gobierno en el helicóptero en que emprendió la persecución de su ex mano derecha Montesinos, sin dar declaraciones.
Fujimori dirigió los intensos vuelos sobre Lima y los cerros que rodean la capital por cuatro horas bajo una fuerte custodia de comandos y policías armados con ametralladoras automáticas.
Sin embargo, los peruanos se mostraron incrédulos sobre la veracidad de la operación presidencial contra Montesinos y hasta vieron con sorna el despliegue aéreo del mandatario.
«Es una payasada. Seguro que los dos amiguitos están jugando a las escondidas», dijo la profesora Elena Cavero mientras veía la operación por televisión en un restaurante.
Entre tanto, el Congreso postergó por 30 días el plazo para desactivar los servicios secretos de Perú –cuyo cerebro fue Montesinos por una década– y aprobó con 106 votos a favor una ley como parte de reformas al poder judicial.
Como un apestado en América
Aunque oficialmente el paradero de Montesinos seguía siendo un misterio, la hipótesis militar de que el ex asesor podría ir a Venezuela quedó truncada.
«No ha solicitado el asilo y en caso de que lo solicitara nosotros no lo otorgaríamos, no lo concedemos», dijo a Reuters el canciller venezolano, José Vicente Rangel. De pie sobre una camioneta el miércoles por la noche, Fujimori prometió a gritos por un megáfono que sus operaciones seguirían «día y noche» hasta ubicar a su ex asesor de Inteligencia, a quien consideró su mano derecha en 10 años de gobierno. Tras pernoctar en un club en el suburbio de Chosica, unos 35 kilómetros al norte de Lima, Fujimori abordó un helicóptero que sobrevoló la zona de la operación y retornó al palacio presidencial, aterrizando en la parte posterior. «No hay orden de detenerlo, sólo de ubicarlo», aclaró Fujimori, sellando así su poder sobre las fuerzas armadas tras haber ordenado el confinamiento militar en los cuarteles. Para Washington, la operación contra Montesinos fortalece la postura del mandatario. «Creemos que el presidente Fujimori tiene el respaldo del alto mando militar peruano y se está moviendo de manera decisiva para reducir las tensiones y resolver la crisis política en Perú», dijo el portavoz del Departamento de Estado.
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