Gobierno peruano criticó el ALBA y gobierno regional lo defendió

La presencia de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) al sur de Perú tensionó las relaciones entre Lima y Caracas tras fuertes entredichos entre funcionarios de ambos países, mientras el gobierno regional peruano de Puno, fronterizo con Bolivia, declaró su inclinación por el presidente venezolano Hugo Chávez.

La ministra de Comercio Exterior peruana, Mercedes Aráoz, se sumó ayer a la postura del primer ministro Jorge del Castillo afirmando que «todo el mundo tiene la libertad de pensar como quiera, pero otro gobierno no puede intervenir dentro de un país, eso sí nos preocupa, es un tema de soberanía».

El jefe del gabinete ministerial denunció el jueves que «hay una injerencia extranjera en Perú que pretende desestabilizar el país y que proviene del movimiento chavista», mientras que el canciller José García Belaunde calificó al ALBA como «una entelequia, un papel membretado».

Esas afirmaciones generaron la respuesta del canciller venezolano Nicolás Maduro, quien en Caracas exigió el jueves «que cese desde el gobierno de Perú el ataque al ALBA», un proyecto regional que impulsa Venezuela en la región y que integran Cuba, Bolivia y Nicaragua.

Sin embargo, el primer ministro peruano minimizó la demanda de Maduro y dijo en tono mordaz que su comentario «es inmaduro».

Del Castillo ha expresado hasta en tres ocasiones su malestar por la presencia de una oficina del ALBA en Puno (sudeste), señalando que esa es una «intromisión inaceptable».

La Defensora del Pueblo, Beatriz Merino, anunció ayer que investigará las circunstancias en las que se instaló la oficina del ALBA, supuestamente financiada por el gobierno venezolano. *

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