Etanol: el mercado puede saturarse antes de lo previsto
El auge del etanol, que pretende particularmente aumentar la independencia energética de Estados Unidos, podría transformarse incluso en una burbuja financiera como la de Internet a principios de los años 2000.
Es en todo caso «el fin de la luna de miel», previno Antoine Halff, analista de la casa de corretaje Fimat.
La demanda no ha dejado de aumentar desde hace un año y las inversiones fluyen sobre un mercado sumamente atractivo por sus amplios márgenes de ganancia.
Cambios en las normas medioambientales sobre la composición de la gasolina obligaron a los refinadores a favorecer también la añadidura de un componente «limpio» -como el etanol- en el curso de los últimos meses, en lugar del MTBE (éter de metilo y de butilo terciario) considerado demasiado contaminante.
«En comparación con las refinerías petroleras clásicas, el coste y la duración de construcción de las fábricas de etanol es más bien bajo, mientras que se revelan extremadamente rentables, lo que facilita su financiamiento», añadió Halff.
La producción de etanol es impulsada además por la concesión de subvenciones estatales, actualmente del orden de 51 centavos por galón (3,78 litros).
Según la Asociación de los carburantes renovables (RFA), 120 fábricas de etanol tienen actualmente la capacidad de producir cerca de 6.200 millones de galones al año. Y hay cerca de otras 80 fábricas en construcción, lo que debería duplicar esta capacidad para 2009.
Pero frente a una oferta que se mira pletórica, y a pesar de una demanda creciente, «el mercado estadounidense tiene capacidades todavía muy limitadas de absorción», explicó Halff.
El volumen actual de etanol equivale a un 5% del total de gasolina distribuido en Estados Unidos.
«La rebaja que presentan desde mediados de abril los precios del etanol con relación a los de gasolina y la persistencia de las subvenciones estatales podrían animar su desarrollo, pero para encontrarle salidas, va a haber que proceder a inversiones considerables», prosiguió el analista.
Entre los problemas que se han presentado, los expertos citan particularmente los efectos secundarios por el uso de este carburante.
El etanol ataca en efecto el metal de los oleoductos, por lo que debe ser agregado a la gasolina en las terminales y no en la refinería.
Entonces «las infraestructuras no sirven por el momento», observó Halff. «El número de camiones, los trenes y otros para transportar etanol es insuficiente y las capacidades de almacenamiento también son insuficientes», agregó.
Además, los principales puntos de producción de etanol, fabricado en Estados Unidos a partir del maíz, están concentrados en el medio-oeste (centro del país), mientras que los «principales mercados de la gasolina» se encuentren sobre las costas, lo que complica su transporte. *
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