Sarkozy, más popular que nunca, imprime su huella
El presidente conservador se ha implicado personalmente en la campaña de las legislativas, en las que pretende conseguir el mayor número posible de diputados y poner en práctica su programa de gobierno y las radicales reformas prometidas.
«Nada está ganado. Pido a todos los responsables de la mayoría que luchen hasta el último minuto, como yo mismo hice, antes de la primera y segunda vuelta de las elecciones», declaró Sarkozy en una entrevista exclusiva con el diario Le Figaro el jueves.
Según un reciente sondeo, un 91% de los franceses considera que Sarkozy, de 52 años, es dinámico y moderno, un 76% piensa que sus primeros pasos en la presidencia son correctos y un 70% cree que su estilo corresponde a las expectativas ciudadanas.
El «hiperpresidente», como lo denominó el diario Le Monde en un reciente editorial, tiene una agenda interminable, una energía incombustible y quiere estar presente en todos los ámbitos, lo cual muestra en ocasiones una cierta dificultad en delegar en su primer ministro, François Fillon, y otros miembros del gobierno.
El secuestro de la franco-colombiana Ingrid Betancourt, el necesario impulso a la paralizada Unión Europea, la cooperación antiterrorista con España o la campaña electoral para las legislativas son algunos ejemplos que muestran su voluntad de actuar rápidamente.
«Estoy luchando por obtener una mayoría que me ayude a aplicar el mandato que me fue confiado», declaró Sarkozy.
A partir de las elecciones de los próximos 10 y 17 de junio, en las que su partido, la UMP, podría conseguir hasta 460 escaños de un total de 577, según los sondeos, el presidente se pondrá realmente manos a la obra.
Su gobierno será abierto a otras tendencias políticas y moderno, dotado de un sistema electoral más proporcional, consciente de la necesidad de controlar el gasto público y de evitar los abusos de algunas grandes empresas y preocupado en aprobar reformas fiscales y laborales que favorezcan a los ciudadanos emprendedores y que desean trabajar más para levantar el país.
Frente a esta Francia que sueña Sarkozy la izquierda parece completamente neutralizada y sus críticas carecen de fuerza, mientras que los suburbios que prometieron rebelarse contra el mandatario conservador permanecen finalmente silenciosos.
El presidente parece gozar de un cierto «estado de gracia». Su imagen es cuidadosamente mimada para marcar las diferencias con la forma de gobernar de su predecesor, Jacques Chirac, de 74 años.
El nuevo presidente multiplica sus actos públicos, hace deporte cada día, tutea a sus homólogos, es consciente de la importancia de la prensa, quiere mostrar una imagen de familia idílica y no dudó en besar a su segunda esposa, Cecilia, en los labios ante las cámaras del mundo entero el día de su investidura.
En su deseo de ser el presidente de todos los franceses y no sólo de los que le eligieron, Sarkozy invade también el terreno en que Chirac era el amo absoluto: el baño de multitudes y se entrena con ahínco en el arte del apretón de manos, la sonrisa y el beso en la mejilla. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad