La Casa Blanca minimizó las diferencias entre Washington y Moscú después de que el presidente Vladimir Putin arremetiera contra el “imperialismo” de Estados Unidos a menos de una semana de la reunión del G8 y poco más de un mes de su visita a George W. Bush.
“Si bien tenemos diferencias, no son más que asuntos solucionables a través del diálogo continuado cara a cara que tenemos”, aseguró el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional.
Pero la Casa Blanca evitó referirse a sus declaraciones y destacó que ambos países mantienen un buen diálogo.
“Estados Unidos y Rusia cooperan en un abanico de temas que van desde el contraterrorismo a las soluciones energéticas globales”, dijo el portavoz.
Bush recibirá el 1º de julio a Putin para discutir la cooperación sobre Irán y el polémico proyecto que incluye la instalación de diez misiles interceptores en Polonia y un radar ultraperfeccionado en República Checa.
Para Washington, se trata de instalaciones defensivas destinadas a hacer frente a eventuales ataques misilísticos lanzados desde Medio Oriente y que, en cualquier caso, no constituyen una amenaza para su histórico enemigo de la Guerra Fría.
Putin sostiene: “No somos nosotros los iniciadores de una nueva espiral en la carrera del armamento”, según la agencia rusa Itar-Tass. Estados Unidos pretende dotarse de un escudo antimisiles en Europa. Esta fue la segunda oportunidad, en las últimas semanas, en la que el presidente ruso critica la política de la Casa Blanca. Anteriormente, las relaciones se tensaron al hablarse de una nueva Guerra Fría entre las dos potencias.
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