OPINION INTERNACIONAL

Después de la visita del Papa

Escrito por: NIKO SCHVARZ

Jueves 31 de mayo de 2007 | 5:20
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EL GOBIERNO brasileño acaba de resolver la distribución a muy bajo precio de píldoras anticonceptivas, en lo que se considera que integra una respuesta a los planteos del Papa Benedicto XVI en su reciente visita. Máxime porque se suma a la decisión adoptada a principios de mes por la cual Brasil quebró la patente del medicamento antisida Efavirenz, dejó de adquirirlo al laboratorio norteamericano Merck, Sharp &Dohme a 1,59 dólar por comprimido y consigue el medicamento genérico a laboratorios indios certificados por la OMS a 0,45 dólar para ofrecerlo gratuitamente a los pacientes en la red pública.

 

La digna posición del gobierno brasileño

El hecho suscitó la protesta del gobierno estadounidense, pero desde Brasilia se respondió que de ser necesario el procedimiento se aplicaría a otros fármacos.

Ambas decisiones se vinculan a los debates sobre la visita papal, que prosiguen en los medios brasileños. Ya mencionamos que frente a planteos iniciales del Papa tendientes a criminalizar el aborto, se le respondió con altura que esa decisión compete al pueblo brasileño y a sus órganos representativos. El presidente Lula declaró que más allá de su opinión personal se atendría a la decisión legislativa, en tanto el ministro de Salud Pública José Gomes Temporâo se declaró partidario de un plebiscito al respecto.

Se agregaron nuevos temas. Una fuente informó que el propósito del Papa era lograr la firma de un concordato con Brasil que incluyera además de la prohibición del aborto y de la investigación con células madres provenientes de embriones, la obligatoriedad de la enseñanza religiosa en las escuelas, la no legalización de las uniones homosexuales, la crítica de los métodos anticonceptivos y la censura a las campañas contra el sida. El presidente declaró que “Brasil va a preservar y consolidar el Estado laico” y no suscribió ningún acuerdo. Un comentarista anota que Folha de Sâo Paulo, en editorial del domingo 13 de mayo, “fustigó con dureza al Papa y defendió ­algo inusual en ese medio- al presidente Lula”, recordando al Vaticano que muchos católicos brasileños no siguen sus criterios en materia sexual. En su comentario final sobre la conducta del gobierno, el periódico señala que “es su obligación repudiar, como hizo diplomáticamente, los pleitos que lastiman la separación entre Estado e Iglesia en Brasil”.

 

Iglesia y colonización

También continúan las remezones respecto a las declaraciones de Benedicto XVI al inaugurar en Aparecida la V Asamblea de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), en particular su afirmación de que “el anuncio de Jesús y de su evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas ni fue una imposición de un cultura extraña. Cristo era el salvador que los indígenas de América anhelaban silenciosamente”.

Hay que reconocer que nunca se había llegado tan lejos. La razón y la lógica más elemental se rebelan contra este concepto totalmente infundado, destinado a justificar la colonización, las masacres de las poblaciones aborígenes y el saqueo de las inmensas riquezas del nuevo mundo, particularmente el oro y la plata. Todo este proceso, en sus detalles, puede seguirse en el magnífico libro del chileno Volodia Teitelboim “El amanecer del capitalismo y la conquista de América”, objeto de una preciosa reedición ilustrada en Cuba en 1979. Allí se trae a escena al propio Cristóbal Colón, quien junto a su loca embriaguez por el oro plantea como un hecho natural la eliminación de los indios o su venta como esclavos (especificando que en Castilla, Aragón, Portugal o Sicilia, un hombre mediano se vendía a ocho mil maravedíes). “El oro ­le confiesa a la reina Isabel- es excelentísimo; del oro se hace tesoro; y con él, quien lo tiene, hace cuanto quiere en el mundo y llega su poder a echar las ánimas al paraíso”. Sobre la eliminación de los indios, baste decir que en La Española a la fecha del descubrimiento había tres millones y medio de habitantes que diez años después quedaron reducidos a 34 mil, pero eso podía hacerse sin remordimiento, según el navegante, “porque los indios no tenían alma cristiana”.

 

La protesta de fray Bartolomé

Allí se consigna también el texto íntegro del “Requerimiento”, un documento en latín que se leía a los indígenas, tras lo cual quedaba legitimado su sometimiento forzado al Rey de España como soberano y al Papa como representante de Dios. Se señala asimismo que la colonización trajo a América la tuberculosis, el cólera, la peste bubónica (que había diezmado las poblaciones europeas en tiempos anteriores), el sarampión, la malaria, y que al importar negros esclavos africanos introdujeron de contrabando la enfermedad del sueño, la elefantiasis y otras.

Pero no deja de registrarse la protesta frente a esta obra destructora de nobles figuras eclesiásticas como el dominico español fray Bartolomé de las Casas, tanto en su sacrificada labor en Chiapas, México, como en su libro de sugestivo título: Brevísima relación de la destrucción de las Indias. *

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