El mandatario cubano fustigó la política "guerrerista" estadounidense

Castro: "No soy el primero que Bush ordenó matar"

En su editorial Castro subrayó: «No soy el primero ni sería el último que Bush ordenó privar de la vida».

Bajo el título «Las ideas no se matan» el gobernante cubano fustigó la política «guerrerista» de Estados Unidos, contraponiéndola a la formación de médicos.

Amante de los cálculos minuciosos, Castro aseguró que con los 100.000 millones de dólares que «en un solo año» destina la Casa Blanca a la guerra en Irak se podrían graduar 999.990 médicos para atender a 2.000 millones de personas.

Como lo ha hecho en anteriores editoriales, acusó a Bush de propiciar la hambruna con su plan de fabricar biocombustibles a partir de los alimentos, y de pretender, con sus aliados, institucionalizar una «tiranía mundial». «Es una persona apocalíptica», dijo en otro artículo.

«Tal vez estas realidades, si se meditan, ayuden a una mayor comprensión de la tragedia. Súmese el hambre que padecen cientos de millones de seres humanos, añádasele la idea de convertir los alimentos en combustibles, búsquesele un símbolo y la respuesta será George W. Bush», sentenció Castro y agregó: «No soy el primero ni sería el último que Bush ordenó privar de la vida, o de los que se propone seguir matando de forma individual o masiva».

Célebre por sus extensos discursos, el presidente cubano inauguró el 29 de marzo su faceta de comentarista habitual de prensa bajo el cintillo «Reflexiones del Comandante en Jefe», publicadas en primeras planas de los diarios locales y leídas de cabo a rabo en la radio y la televisión. Alejado del poder ­que cedió a su hermano Raúl luego de ser sometido a la primera de una serie de operaciones inicialmente sin éxito­ desde el 31 de julio, el líder cubano mantiene así una presencia mediática, sin haber sido visto en público en los últimos diez meses.

No parece por ahora estar pensando en reapariciones públicas en el corto plazo. «Para filmes y fotos que requieren recortarme constantemente el cabello, la barba, el bigote, y acicalarme todos los días, no tengo ahora tiempo», afirmó el jueves en un artículo.

Ese día rompió el silencio sobre su salud, declarada secreto de Estado, al revelar que sufrió varias operaciones infructuosas, que dependió por «muchos meses de venas tomadas y catéteres», pero que por ahora ha mejorado y tiene un peso estable de 80 kilos.

Sigue, no obstante, sin revelar el origen de su enfermedad intestinal ni si regresará en pleno a las tareas de gobierno, aunque los funcionarios afirman que está pendiente de los asuntos más importantes del país.

La noche del lunes el presidente del Parlamento de Cuba, Ricardo Alarcón, afirmó que Castro se recupera y sigue un régimen de rehabilitación física, tras haber pasado por una cirugía delicada y un «período muy riesgoso».

Ante un eventual regreso de Castro al ejercicio del poder, Alarcón afirmó que «no le aconsejaría que vuelva a tener jornadas en las que haga tres o cuatro discursos y recorra centenares de kilómetros».

«Seguirá teniendo grandes responsabilidades», dijo al señalar que lo necesario «es asegurar que esté el mayor tiempo cumpliendo responsabilidades muy importantes, no sólo para Cuba sino para el mundo».

Analistas consultados por la AFP estiman que Fidel Castro aumentará su influencia sobre el gobierno a medida que mejore su salud, aunque sin recuperar totalmente el poder.

«Mientras Fidel Castro esté vivo y tenga acceso a un teléfono, va a estar influyendo de alguna manera. Le den ese mandato o no se lo den, él se lo toma», afirmó Ana Faya, experta de la Fundación Canadiense para las Américas (Focal).

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