Combatientes de Fatah al Islam
Los refugiados, instalados en el campo vecino de Baddaui para evitar los combates, aseguran que estos militantes islámicos son secretos y sombríos y que, pese a no trabajar, están dotados de medios financieros fuera de lo común en semejante entorno de pobreza.
Ahmad Yasin, un padre de familia de 45 años alojado en una escuela, al igual que cientos de refugiados, asegura que los islamistas «estaban siempre en su rincón, en el borde norte del campo. Hablaban poco, leían el Corán. Nosotros dudábamos en hablarles».
Según él, a partir de fines de 2006 los militantes compraron, pagando hasta el último centavo, varios apartamentos, casas y terrenos en un barrio alejado, cerca de la playa.
«No instalaron barreras, pero patrullaban a pie. Llevaban armas nuevas, fuera de lo común (…). Fusiles Kalashnikov y M16, fusiles belgas muy caros y lanzacohetes», señaló Yasin.
Los testimonios recogidos el viernes por la AFP en Baddaui, en lugares y momentos distintos, coinciden en describir a hombres vestidos de túnicas largas, a la moda paquistaní, de barba y pelo largos, y a menudo encapuchados.
Ahmad Abdala, de 31 años, cuenta que «sus mujeres están totalmente cubiertas por velos, y llevan guantes negros. Incluso ponen mantas en las ventanas para que no puedan verlas jamás. Los niños no van a la escuela».
Según él, los servicios de inteligencia del ejército libanés, que controlan de cerca los campos de refugiados palestinos, «sabían muy bien quiénes son y dónde estaban. Durante meses han entrado y salido sin problemas. Pero a partir de febrero supimos que las cosas iban a acabar mal porque el ejército recibió refuerzos, mientras que los militantes de Fatah al Islam apenas salían de su barrio y construían fortificaciones».
Alí Jatib, de 45 años, cuenta que «aunque no trabajan, tienen mucho dinero y compran sin regatear: 20 kilos de carne, pollos y vehículos 4×4″.
Jatib añade que las cosas empezaron a tomar un cariz preocupante cuando los islamistas comenzaron a amonestar a los consumidores de cerveza o a las chicas que, según ellos, no estaban suficientemente cubiertas por sus velos.
Según estos testimonios, Fatah al Islam se ha instalado en los suburbios de Nahr al Bared para evitar un enfrentamiento con otras milicias palestinas.
«En el centro del campo, el Fatah de (Yasser Arafat) o Hamas no se lo habrían permitido», asegura Shawki al Hajj, de 40 años.
«Aunque son pocos, aterrorizan a todo el mundo. Hay palestinos, pero también muchos extranjeros: sauditas, yemenitas, etc. Gente que ha luchado contra los estadounidenses en Irak», añade Shawki al Hajj. *
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