Severa advertencia al grupo Fatah al Islam

Premier libanés: "Rendirse o habrá solución militar"

«El ejército no negociará con Fatah al Islam, por lo que sólo tiene dos posibilidades: rendirse o el ejército recurrirá a la opción militar», dijo Murr.

«El ejército ha establecido planes militares que no revelaré», añadió, sin mencionar el plazo otorgado a Fatah al Islam para que tome su decisión.

Del domingo al martes violentos combates, los peores desde el fin de la guerra civil en 1990, opusieron al ejército y el grupúsculo islamista en el campo de refugiados de Nahr al Bared, provocando 68 muertos, entre ellos algunos civiles.

Por otra parte, el cadáver de «Bumedián», el número dos del grupo islamista Fatah al Islam, fue descubierto ayermiércoles en la entrada norte del campo de refugiados palestino de Nah al Bared (norte de Líbano), anunció una fuente de los servicios de seguridad.

«La defensa civil, en colaboración con el ejército libanés que rodea el campo, descubrió siete cadáveres de combatientes de Fatah al Islam, uno de los cuales es Bumedián», informó esta fuente bajo anonimato. La fuente no precisó la nacionalidad de «Bumedián» ni dio otros detalles.

Acusado de estar relacionado con Al Qaeda y los servicios de información sirios, Fatah al Islam está dirigido por un palestino, Chaker Abssi, pero cuenta entre sus filas con diversas nacionalidades árabes.

Previamente el ministro libanés de Defensa, Elias Murr, había indicado a la cadena de televisión satelital Al Arabiya que contaba con información sobre «50 a 60 muertos en las filas de Fatah al Islam».

Miles de refugiados palestinos continuaban huyendo el miércoles a pie y en automóvil del sitiado campamento de Nahr Al Bared, por temor a que se reanuden los combates entre el ejército libanés y los combatientes islamistas, que se niegan a rendirse.

Solamente los combatientes armados de Fatah Al Islam circulaban por las calles del campo de refugiados, cuyos habitantes huyeron como pudieron o se refugiaron en sus casas, según pudo comprobar un periodista de la AFP, que vio los cadáveres de dos islamistas muertos.

Numerosos inmuebles se hallaban en ruinas, y los restos de coches calcinados y los cristales rotos aparecían diseminados en las calles, luego de tres días de combates entre islamistas y el ejército, los peores desde el final de la guerra civil en 1990, con un balance de 68 muertos.

«¡No abandonéis el campo, volved a vuestras casas, morid en vuestros hogares, eso es lo que el Islam quiere de vosotros!», gritó un combatiente a los refugiados que intentaban abandonar el lugar.

Por temor a una ruptura de la tregua, hombres, mujeres y niños continuaron abandonando el campamento a pie, o hacinados en automóviles y camionetas, después de haberse visto sometidos a los tiroteos de los beligerantes y a un grave deterioro de las condiciones humanitarias.

Apenas unas horas después de que entrara en vigor el cese del fuego el martes, miles de refugiados habían partido hacia el vecino campamento de Baddaui, la gran ciudad de Trípoli, o las aldeas cercanas.

Hajj Rifaat, uno de los responsables del movimiento palestino Fatah en Badaui, donde los refugiados fueron recibidos en las escuelas o los hogares de los habitantes, calculó que unos 10.000 civiles ya habían escapado.

Un convoy humanitario de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) ya había entrado en acción en Badaui, distribuyendo agua y víveres. Tres ambulancias de la Cruz Roja palestina evacuaban los heridos.

«No podemos más. Todos los civiles abandonarán el campamento, ya que los bombardeos del ejército cayeron en los barrios residenciales y no alcanzaron a los hombres del Fatah Al Islam, que están atrincherados en refugios y fortificados», afirmó Amina, de 24 años, cuyo rostro revelaba su gran nerviosismo. *

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