Atentado sangriento en un barrio chiita

Unas 24 personas mueren en un mercado de Bagdad

Un camión bomba estalló ayer martes por la mañana en un mercado del barrio de Amil, de mayoría chiita, en el suroeste de la capital iraquí.

«Veinticuatro personas han muerto en la explosión, entre ellas tres niños y cuatro mujeres. También tenemos seis fragmentos de cuerpos no identificados. El atentado ha dejado 39 heridos», precisó una fuente del hospital de Yarmuk. Tras el atentado, los lugareños hurgaban frenéticamente entre los escombros, con herramientas rudimentarias o incluso con las manos, para buscar sobrevivientes, mientras otros acusaban al gobierno y a las fuerzas estadounidenses, incapaces de poner fin a los ataques.

«¿Por qué somos nosotros, los chiitas, las víctimas de todos los ataques?», se preguntaba un superviviente. «Los estadounidenses nos detienen por la noche, y por el día nos matan las bombas», denunció.

Los atentados en los mercados son generalmente obra de grupos extremistas sunitas, vinculados a la rama iraquí de Al-Qaeda, contra civiles chiitas, a los que consideran como herejes y aliados de los estadounidenses.

Estos atentados se producen a pesar del nuevo plan de seguridad en Bagdad, lanzado a mediados de febrero, en el marco del cual unos 85.000 hombres, soldados norteamericanos y miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes están desplegados para luchar contra las violencias confesionales en la capital. Asimismo, 33 cadáveres de personas asesinadas fueron hallados en Bagdad, indicaron los servicios de seguridad iraquíes. Al menos otras doce personas murieron este martes en diversos episodios violentos en Irak, entre ellas seis civiles, cuatro de ellos niños, fusilados cuando viajaban en su vehículo en la provincia de Diyala, al norte de Bagdad. A nivel político, el primer ministro iraquí Nuri al Maliki hizo el martes en la cadena de televisión Iraqia el balance de su acción, un año después de su llegada a la cabeza del gobierno, y aprovechó para advertir contra toda injerencia extranjera.

«Nuestro éxito, que nos ha llevado a superar la guerra entre confesiones y al final de la dictadura, no se ha hecho sin grandes sufrimientos; hemos pagado el precio de la sangre y de las lágrimas, y seguimos pagándolo actualmente por culpa del terrorismo», declaró Maliki.

«Algunas fuerzas políticas han hecho llamamientos a países extranjeros, lo que ha complicado la situación. Quienes creen que pueden mantener su poder gracias al extranjero cometen un craso error, que provocará un conflicto grave a nivel regional e internacional. Sólo los iraquíes pueden proteger su país», añadió.

Sin embargo, desde la nominación de Maliki en mayo de 2006, la violencia entre confesiones se ha incrementado y numerosos debates políticos de primer orden, como la liquidación de la herencia del Baas -el partido de Saddam Hussein-, el reparto de los beneficios del petróleo o la revisión de la Constitución no han sido zanjados. Por otro lado, una delegación de la coalición tribal «El despertar de Anbar», que lucha contra Al Qaeda junto a las fuerzas iraquíes en esta provincia del oeste iraquí, acudió al feudo chiita de Sadr City, en Bagdad, para reunirse con personas cercanas al clérigo radical Moqtada Sadr, en el marco de la política de reconciliación nacional, indicaron ambas partes. *

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